12/11/2013
Historiadores y biógrafos encuentran un sinfín de trabas para desarrollar su trabajo en España Es muy difícil acceder a los archivos y las ayudas son escasas: no hay escuela ni casi mercado
Como se publican tantas memorias de políticos (Felipe González, José María Aznar, Rodríguez Zapatero, Pedro Solbes, Alfonso Guerra, José Bono...) parece que el género biográfico o autobiográfico prospera. Los editores y los libreros saben que ahora de casi todo se vende la mitad, o menos. Antes de esta nueva zafra, Aznar, Guerra y Bono vendieron menos de 30.000 ejemplares de cada una de sus obras, por las que hubo anticipos que obligaban a vender el triple...
Esos libros son ocasionales. Los que los firman no son historiadores, ni por supuesto biógrafos. Los investigadores de la historia y los biógrafos profesionales lo tienen muy crudo, pues ni las instituciones ni las editoriales están dispuestas a desembolsar lo que cuesta un trabajo de la densidad de los que ellos acometen. Ian Gibson, uno de los grandes biógrafos (desde Lorca a Buñuel) cuenta que recibió, de la editorial Aguilar, 80.000 euros de anticipo para escribir su obra sobre el cineasta, pero estuvo cuatro años buscando material y escribiendo.
Paul Preston, historiador anglosajón, estuvo años escribiendo El holocausto español, acerca del odio en la guerra civil. Y, como todos sus libros, lo sufragó con su propio bolsillo y con "anticipos editoriales". Las editoriales no se arriesgan a grandes anticipos. Anna Caballé, biógrafa, creadora de la Unidad de Estudios Biográficos, explica que todas estas circunstancias han provocado una dejación biográfica preocupante, sin la cual no se explicaría
, dice ella, que los personajes de más relieve y trascendencia —desde Felipe II a Franco, pasando por Lorca o Dalí o santa Teresa o Unamuno o Machado— hayan quedado en manos del hispanismo internacional
. No siempre: Unamuno tiene una biografía de Jon Juaristi, José Carlos Mainer ha publicado ahora una de Pío Baroja (ambas en Taurus, que cuenta con la ayuda de la Fundación March)... En todo caso, Anna Caballé, ¿por qué ocurre esta dejación?: Porque la falta de consenso político y moral de nuestro país sobre cualquier aspecto de la cultura hace que se confíe más en la objetividad que puede aportar un extranjero que en la mirada propia
.
Lo cierto, según apunta Caballé, es que falta en España una escuela biográfica capaz de afrontar los retos del género, que ha evolucionado mucho en pocos años y ha generado una metodología de trabajo sólida y eficaz. Cuando se proyectó el Diccionario Biográfico ¿no hubiera sido conveniente reunir a quienes ya estábamos trabajando en la teoría de la biografía y aprovechar el proyecto para estimular las posibilidades intelectuales que ofrecía?
.
En Inglaterra van más adelantados. Y no solo en el ámbito de las biografías sino en el de las memorias de políticos. Aquí, en España, esas memorias son masajes del ego propio, generalmente. Preston observa que en su país hay más tradición de memorias más honestas, quizá en parte porque hay también una tradición de crítica literaria más feroz. Si unas memorias falsifican demasiado, hay críticos para señalarlo. En España eso no pasa tanto
. Evidentemente
, añade Preston, hay memorias importantes y relativamente honestas, desde Azaña a López Rodó, pero también las hay que ocultan más que lo que dicen, como por ejemplo las de Carrillo y de Fraga
.
En Inglaterra hay demanda popular de las biografías
, y los editores las encargan o las reciben. Es una cuestión comercial
, explica Preston. En España, "el comercio" no está por la labor. Las biografías o las memorias reportan negocio en algunos casos, y en otras no lo son...
, dice Miguel Aguilar, que es el director de Debate. La biografía de Steve Jobs fue un éxito de más de 150.000 ejemplares, y a otra escala la de Isabel II de Burdiel o las extraordinarias memorias de Castilla del Pino, también... En cuanto a biografías de encargo, ahora Taurus ha lanzado una colección muy interesante, pero sin duda tanto las universidades como las editoriales tenemos menos recursos que nuestros colegas británicos o estadounidenses para financiar largas investigaciones. Gerald Martin, por ejemplo, pasó 17 años investigando la vida de Gabriel García Márquez
.
Gonzalo Pontón, entre los pioneros de la edición de libros de historia (entre ellos, los diarios de Azaña, hace 35 años), ahora al frente del sello Pasado y Presente, tiene clara la repercusión editorial de la historia. Entre todas las ciencias sociales
, cuenta, la historia es la que tiene mayor atractivo para un público general, aunque a veces pueda partir del error que ya señaló Pierre Vilar (‘me gustan las batallas’ o ‘quiero conocer la historia de mi país’). No importa: con la profundización en la lectura de libros de historia se despierta el interés por la economía, la política o las confrontaciones y alianzas sociales...
. Evocan algunos la posibilidad de que instituciones apoyen la publicación de historia o biografía. De ninguna manera
, se opone Pontón. La historia en manos de los Gobiernos se convierte en instrumento de dominación y control. Las peores pesadillas causadas por los nacionalismos han partido siempre de una revisión histórica, es decir, de la construcción de identidades falsas basadas en mitos y en la identificación y denuncia de los enemigos de la patria, que es, como sabemos, el último reducto de los canallas
.
Ramón Perelló, director de Península, del grupo Planeta, habla de la edición literaria a la que se someten los libros de memorias, acusados muchas veces de no ser escritos por quienes los firman: Como cualquier libro que contenga hechos, datos, fechas, nombres, nos exigen un trabajo de edición intenso y riguroso, porque además la memoria personal suele ser muy traicionera. Y no está bien fundada esa adjudicación generalizada de ghostwriters a todos los políticos que escriben sus memorias. Es más, yo no conozco ninguno que, con o sin ayuda, por ejemplo, de documentalistas, no haya revisado hasta la última coma de su libro antes de entrar en imprenta
. ¿Y son negocio las memorias de políticos? Son un servicio que un grupo editorial con vocación de atender demandas mayoritarias debe atender, y, por supuesto, debe hacerlo
. Él no cree que se deba recurrir a la subvención, salvo en casos de mutuo interés; recuerda que su grupo ya publicaba memorias de esta clase en la transición y posteriormente hemos seguido haciéndolo siempre que hemos estimado sólida y de interés la propuesta
. Un detalle: algunos autores requeridos para que escriban esas memorias no acaban de asumir que un buen libro de memorias debe dejar descontentos sobre todo entre correligionarios o amigos
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Por Juan Cruz/ElPaís
Etiquetas: historiadores, biógrafos, Felipe González, José María Aznar, Rodríguez Zapatero, Pedro Solbes, Alfonso Guerra, José Bono, biográfico, autobiográfico, Ian Gibson, Paul Preston, El holocausto español, José Carlos Mainer, Gerald Martin, Gabriel García Márquez, Gonzalo Pontón

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