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El club de los escritores suicidas - México México

04/11/2013

Los escritores se enfrentan a una vorágine de pasiones y experiencias, las cuales se convierten en los temas principales de sus obras literarias. Algunos de los escritores más famosos de la historia han encontrado en la soledad, la tristeza, la agonía y la muerte, el punto de partida para desbordar en instrumentos literarios esas inquietudes.

La oscuridad y la fuerza de estos temas rondó a figuras como Paul Celan, Sylvia Plath, Ernest Hemingway, Horacio Quiroga, Alejandra Pizarnik, Jorge Cuesta y Malclom Lowry, quienes además de compartir la pasión temática también vivieron una dura vida de depresión y trastornos psiquiátricos. Decía Shakespeare en Hamlet que ser o no ser, es la cuestión, para esos escritores dejar de ser fue el mejor camino.

Paul Celan: luchar contra la tristeza

"Veo vivir mi oscuridad.
La veo hasta el fondo:
aún allí es mía y vive"

El poeta alemán se pasó la mayor parte de la vida luchando contracorriente. Primero contra las preferencias ideológicas de su familia, cuando se transformó del sionismo al socialismo judío y luego contra su mayor enemiga: la tristeza.

Su primer encuentro con la muerte fue durante la época en que era estudiante de letras, momento en que sus padres fueron llevados a campos de concentración. Más adelante, el poeta se casó con la pintora Gisele Celan-Lestrange, con quien enfrentó la muerte de su primer hijo. Estos encuentros comenzaron a agravar la vida de Celan, quien ya para 1962 comenzó a enfrentar problemas psiquiátricos fuertes y episodios de delirios.

Celan vivió en una institución psiquiátrica para controlar sus episodios, al tiempo que enfrentó las acusaciones de plagio. Luego de una vida con altas y bajas emocionales, el poeta se mudo al departamento en el número 6 de la Avenue Émile Zola, donde vivió año y medio solo, separado de su esposa e hijo.

Un 20 de abril de 1970 el escritor saltó al río Sena, hecho que se reveló hasta el 1 de mayo, cuando su cuerpo fue encontrado río abajo por un pescador. Así se quedó en el Sena el poeta, quien finalmente dejó de luchar con la tristeza y se dejó arrastrar por el río hacia la muerte.

Alejandra Pizarnik: sucumbir hacia el fondo

"No quiero ir nada más que hasta el fondo"

La poetisa argentina Alejandra Pizarnik fue una de las prodigiosas literatas de ese país. Fue hija de inmigrantes y estudió Literatura en la Universidad de Buenos Aires. La literata retomó las figuras de las vanguardias francesas como el poeta Mallarmé. Su obra tiene una fuerte carga simbólica, legado de su influencia con la poesía francesa, y giró en torno a temas profundos y sensibles como la soledad y la muerte.

La poeta se hizo ávida consumidora de anfetaminas, según lo relata la poetisa Elizabeth Delgado Nazario, en un primer momento debido al interés de Pizarnik por acabar con el complejo de gordura y, después, por el efecto de lucidez que le provocaba la ingesta de otros psicofármacos y barbitúricos.

A los 20 años, la poetisa escribió su segundo libro, La última inocencia (1956) con dedicatoria a Oscar Ostrov, quien fue su psicoterapeuta. Luego de una prominente carrera que fue desde una carrera en la Universidad Sorbona de París hasta ganadora de la beca Guggeinheim, la poetisa comenzó a caer en cuadros depresivos.

Con dos intentos de suicido previos y hospitalizaciones en el psiquiátrico de Buenos Aires, Alejandra sucumbió ante la muerte después de haber ingerido cincuenta pastillas de Seconal sódico. Delgado explica que en el edificio de Buenos Aires donde vivía Pizarnik, un 25 de septiembre de 1972 se encontró a un lado del cuerpo de la poetiza una nota escrita que decía: No quiero ir nada más que hasta el fondo.

Jorge Cuesta: el sonetista oscuro

"Soy el que ocultamente se retrasa
y se substrae a lo que se devora"

El poeta mexicano fue un innovador al revivir el soneto como bandera literaria, luego de que esta modalidad fue desdeñada por sus antecesores, los Modernistas. Cuesta, que nació en Veracruz y estudió ahí ciencias químicas, llegó a la Ciudad de México a los 25 años para cambiar radicalmente el sentido de su vida.

Tres años después, se unió al grupo de los Contemporáneos, quienes adoptaron ese nombre por la revista que comenzó a publicarse en 1928 y que buscaba exponer algunas de las más actuales pero formales corrientes literarias, principalmente de la influencia europea.

Jorge Cuesta viajó a Europa y tuvo contacto con André Bretón, Díaz Mirón, André Gide, Agustín Lazo y Carlos Pellicer, con quienes descubrió nuevas corrientes literarias. A su regreso comenzó con los Contemporáneos, pero pronto su innovadora forma de retomar el soneto dotándolo de la crudeza de temas como la vida, el suicidio, la locura, la vejez, la ansiedad y... la muerte.

Aunque siempre latente, la oscuridad y la innata provocación en torno a la muerte que oscurecía la reinvención barroca del soneto de Cuestra fue apropiándose del poeta, de la persona. Sus episodios de locura comenzaron a incrementarse, de laceraciones a recaídas, el poeta comenzó a perder la fuerza para controlarse y emprendió un viaje breve pero intenso en hospitales.

Finalmente, el literato fue recluido en el sanatorio privado del doctor Rafael Lavista, uno de los pocos instalados desde finales del siglo XIX en México, cuando un 13 de agosto de 1942, a la edad de 38 años, el poeta aprovechó un descuido de los enfermeros para suicidarse asfixiado con sus propias sábanas. Así murió Jorge Cuesta, asfixiado por la vorágine que era su eterna oscuridad, su mano de poeta.

Ernest Hemingway: el retratista de la literatura

"Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado"

De periodista a novelista, el estadounidense Ernest Hemingway retomó para su obra la abstracción de la vida en las causas de los humanos; en la guerra, el (des)amor y la soledad. El escritor nació en Ilinois en el último año del siglo XIX. A diferencia de otros escritores, Hemingway utilizó la literatura para retratar en este medio las experiencias de su vida como periodista.

Por Alejandra Arteaga/Milenio

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Etiquetas: Paul Celan, Sylvia Plath, Ernest Hemingway, Horacio Quiroga, Alejandra Pizarnik, Jorge Cuesta, Malclom Lowry, Gisele Celan-Lestrange, Elizabeth Delgado Nazario, La última inocencia, soledad, Modernistas, suicidio, ansiedad, locura, poeta

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