04/11/2013
Escribir implica la enorme capacidad para hilar fino sobre un sinfín de circunstancias, barajar múltiples posibilidades, además del aspecto lingüístico que tiene que ver con la estética y con la comunicación. En este sentido, Georges Perec experimenta otras variables y variaciones en su producción, todas estas producto de una importante destreza para la observación.
En efecto, este escritor francés se ha destacado por algunas "rarezas" que involucra en su escritura. Tal el caso de Lo infraordinario, un conjunto de artículos que apareció después de su muerte.
Este libro dibuja de una manera increíblemente extraña sucesos que sólo él puede advertir pues su mirada es mucho más que una simple mirada: es casi como una lente de alta potencia óptica y de gran velocidad.
Georges Perec anota -casi lo estoy viendo escribiendo en un cuadernillo pequeño- detalles mínimos, infinitesimales, microscópicos como pueden ser las alteraciones en un sitio de un día para el otro; invisible al ojo humano. Así, el libro nos instala inmediatamente comienza en La rue Vilin -calle donde Georges pasó su infancia- 27 de febrero de 1969, cerca de las 16 horas -fecha en que vuelve para escudriñar sus cambios-
; y desde ese momento parte en un extenso peregrinaje en busca de lo ordinario de lo común, esto es lo infraordinario.
Por Mónica Maud/LaGaceta
Etiquetas: infraordinario, observar, detalles mínimos, Lo Infraordinario, Eterna Cadencia, Georges Perec

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