06/10/2013
Eliseo Altunaga, decano de guión de la mítica Escuela de Cine y TV de San Antonio de los Baños de Cuba, dio una clase magistral durante el Festival Internacional Unasur Cine, en San Juan. Y habló de cine y literatura desde una perspectiva polémica: Si hay una nueva literatura, tiene que ver con el nuevo mundo editorial, que es más industria
.
En América latina hay muchos directores guionistas, y una de las luchas aquí es intentar separar en el trabajo práctico de la construcción del guión lo que es consustancial del relato y de la narración: las películas no se escriben
. Así, contundente, comenzó su clase magistral "La dimensión del relato" Eliseo Altunaga, decano de guión de la mítica Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños (E.I.C.TV) de Cuba. Invitado especial del Festival Internacional Unasur Cine, Altunaga llegó esa tarde con la comitiva de cubanos al museo Franklin Rawson de San Juan y un grupo importante de realizadores, académicos e interesados esperaba que su experiencia y su mote de maestro iluminaran discretamente algún proyecto en mente o a medio ejecutar. Un rato después, Alejandra Guzzo (realizadora y curadora del homenaje al cine cubano en el festival) lo presentó como el guionista de Violeta se fue a los cielos, una biografía ficcional de Violeta Parra que se estrenó en la Argentina. Pero también –como comentó él mismo durante su conferencia de algo más de una hora– trabaja como asesor de guión de los chilenos Andrés Wood y Pablo Larraín, exponentes del exitoso nuevo cine chileno.
Si ninguna película se puede escribir, tampoco ninguna historia se puede abarcar por completo, agregó hacia el final, después de desplegar una auténtica clase que a muchos les recordó sus días en la universidad, en la que citó a Borges y a Buda (dentro de la flor está el secreto de la flor
) para ilustrar cómo el material y el autor comportan una forma de realizar la obra. Proyectó el comienzo de El Padrino (como ejemplo del modelo clásico de la estructura paradigmática del filme), el de Hiroshima mon amour de Resnais en francés (como ejemplo del modelo poético-ensayístico) y la escena de Kill Bill donde está ella con el chino
(como el híbrido de los anteriores), deteniendo y avanzando las películas con instrucciones del tipo "ruédalo" y "quítalo", expresiones que le conferían un carácter entre imperativo y cómico. Al final conversó con los jóvenes realizadores que buscaban consejo de hacia dónde llevar sus guioes. Después de todo eso, ya en su hotel, respondió algunas preguntas.
-¿A qué debe su fama la escuela San Antonio de los Baños?
-La escuela es muy famosa porque es un lugar de confluencias, primero de dos genios: Gabriel García Márquez y Fidel Castro idearon la escuela, y esa cosa que ellos pensaron, lo que ellos le dieron fue el sustrato de magia que tiene. Y, por otra parte, nosotros invitamos 150 profesores al año con distintas miradas, distintos puntos de vista, perspectiva, y eso crea una relación muy maleable, de confluencia y a veces de divergencia cultural también que los alumnos respiran, a veces ni se dan cuenta. Por otra parte, de la escuela no se sale: está a 40 kilómetros de la ciudad y se está el día entero hablando de cine, viendo películas, por las noches hay actividades lúdicas. Digamos que la escuela tiene un montón de magias, de misterios, al margen de que el sistema pedagógico es muy ecléctico, porque allí las cosas se encadenan pero no se continúan, más bien por yuxtaposición se dan, y los profesores tienen que devolver a los alumnos lo que ellos creen de las clases, y los alumnos a los profesores. Hay siempre discusiones sobre los talleres, sobre las clases, sobre los trabajos prácticos.
-La escuela vivió lo que llaman la revolución tecnológica, ¿en qué la afecto?
-Eso fue una larga discusión porque hasta hace muy poco la escuela trabajaba con todos los formatos, incluso cuando al 35 mm había que ir a editarlo, a hacer los laboratorios en México. El renunciar que las tesis fueran en 35 mm fue algo doloroso para la tradición de la escuela. Pero sí ganó que ahora puede tener una audición mayor. Los alumnos pueden explorar en otras áreas y también pueden hacer trabajos individuales, que no están en la currícula.
-Usted es profesor de guión, ¿verdad?
-Yo soy decano de guión y durante muchos años he trabajado en la Escuela, y doy clases de guión para editores, guión para productores, guión para directores. Digamos no es lo mismo cómo lo ve cada uno.
-¿Y cómo se da cuenta cuando es bueno el guión?
-El guión yo pienso que es como una crisálida del que sale una mariposa. El guión siempre es mucho más feo que la película. Es decir, el guión más bello para la película no siempre es el mejor escrito, y por eso en el guión hay que huirle a la poesía. Siempre hay algo que te atrapa, algo que de alguna manera sientes una vibración en la historia. Pero también hay una certeza que tengo yo: si tengo dudas ante un guión, digo que lo haga, que se escriba, porque es mejor equivocarte con un genio que malograr un genio. Entonces, házlo y vamos a ver qué ocurre. En el arte siempre hay una duda, pero si un guión tiene encanto se puede hacer sobre eso algo interesante.
Por Marcela Mazzei (Revista Ñ)
Etiquetas: Eliseo Altunaga, San Antonio de los Baños, museo Franklin Rawson, guionistas, Violeta se fue a los cielos, Violeta Parra, Hiroshima mon amour, Kill Bill, Resnais, Gabriel García Márquez, Fidel Castro, guion

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