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Cuando los escritores cocinan: 35 recetas literarias - España España

24/09/2013

La mazamorra de maíz de García Márquez en El Coronel no tiene quien le escriba; los perritos calientes de Kennedy Toole en La conjura de los necios; los riñones hervidos de Carlos Fuentes en Aura, Las Magdalenas de Proust o el curry de Marías en Mañana en la batalla piensa en mí. Bocados literarios, hechos al fuego lento de la sazón narrativa.

Comida y literatura no son incompatibles. Muchos personajes se construyen por lo que comen: el perrito caliente de Ignatius Reilly en La conjura de los necios (1980), la azucarada limonada que bebe el periodista creado por Antonio Tabucchi en las páginas de Sostiene Pereira o la sopa de tortuga y los pasteles de perdiz de Tolsti en Guerra y paz. Entrando en las rendijas que quedan abiertas entre las historias y quienes la escriben, encontramos verdaderos manjares, también amargos bocados. Puede que no exista papilla más agria que la mazamorra de maíz –granos de la mazorca hervidos con agua, aliñados con bicarbonato y leche- que empuja entre cucharada y cucharada el veterano de la Guerra de los Mil Días en El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez.

Existen menús más elaborados. Pero eso tiene su explicación, así como Roberto Bolaño se contentaba alimentando a Ulises Lima y Arturo Belano –desaforados detectives- con copiosas copas de mezcal Los Suicidas, un escritor como Alejandro Dumas, nieto de un maître del duque de Orlèans, no se podía permitir cualquier alimento en sus novelas. Dumas sentía pasión por la buena mesa, no en vano escribió su Diccionario de la gastronomía, editado en España por Gadir. La comida está presente en todas las novelas del francés, especialmente, en Los tres mosqueteros. Portos, uno de sus héroes, de muy buen comer, relata al lector su menú preferido, constituido por una sopa de mejillones a base de caldo de ave, triturado de tomate y ajo, y un suculento trozo de carne.

Hay platos más contundentes, sin duda. Si hablásemos tan solo de los que describe Pepe Carvalho, el detective creado por Manuel Vázquez Montalbán, tendríamos para un libro. De hecho, hay uno: Las recetas de Pepe Carvalho (Planeta), además de una ruta gastronómica por la Barcelona del detective y que incluye sitios como Casa Leopoldo, Can Majó o Casa Solé. Menos elaborada que las crepes de cerdo con alioli del catalán, está la sopa Chowder de Moby Dick, típica en los Estados Unidos. Se trata de una versión enriquecida de cualquier sopa cotidiana. Se le añade sal y algo de tocino y, para que cuaje, harina o galletas. Justo esa sopa es la que comen los marinos de la isla de Nantucket en las páginas de la novela de Herman Melville. Se trata de una comida contundente, hecha para cazadores de ballenas. Sobre la sopa chowder dijo el escritor Joseph H. Lincoln: Es un plato para la guerra. Creo que la batalla de Bunker Hill se ganó gracias al aporte calórico de esta sopa. En el apartado caldos no se puede dejar por fuera la sopa de carne y verdura que prepara J.M Coetzee en Juventud.

Algo más frugal son las verduras de Kim de la India, un libro de Rudyard Kipling que ha deslumbrado a varias generaciones de lectores desde que fue escrita en 1901. Según su autor, hay tres cosas en las que el pequeño Kimball O’Hara, Kim, su protagonista, es un maestro: insultar, mendigar y cocinar. Huérfano, hijo de un sargento británico y una mujer india, Kim sobrevive en la India colonial haciendo de espía para un traficante afgano de caballos. A la sazón, se convierte en guía de un anciano lama que va en busca de un río sagrado. Kim se ocupa de alimentarle y lo hace preparándole un curry de verduras cuyos ingredientes (boniato, berenjena, leche de coco, aceite) roba a los campesinos. Y si de comida asiática se trata, no hay que olvidar el curry de la Bombay Brasserie que Javier Marías describe en Mañana en la batalla piensa en mí.

Las recetas de la esposa de Jules Maigret

Hay un personaje culinario de la literatura inolvidable: es Madame Maigret, esposa de Jules Maigret, el comisario de la policía judicial francesa creado por Georges Simenon. La señora Maigret –Louise- es una constante en las 78 novelas en las que el inspector degusta, en el comedor de su casa parisina del Boulevard Richard Lenoir, unas caballas al horno, gallina hecha en una cazuela, brandadas de bacalao o el famosísimo pollo al horno que ha hecho a esta mujer un personaje ineludible de la novela negra europea. Tal fue la importancia de su sazón, que sus recetas fueron recogidas por el periodista gastronómico francés Robert.J Courtine en el libro Las recetas de Madame Maigret, publicado en España por Ediciones B en 1988

Por Karina Sainz Borgo / Marabílias-VozPópuli

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Etiquetas: comida, literatura, Kennedy Toole, La conjura de los necios, Carlos Fuentes, Aura, Mañana en la batalla piensa en mí, Antonio Tabucchi, Gabriel García Márquez, Los Suicidas, Alejandro Dumas, Los tres mosqueteros, Las recetas de Pepe Carvalho, Moby Dick, Joseph H. Lincoln, J.M Coetzee, Rudyard Kipling, Kim de la India, Las recetas de Madame Maigret

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