17/09/2013
¿Hasta qué punto influyen los blogs en la promoción (y por consiguiente, en las ventas) de libros? Suelo quejarme de la excesiva insistencia de algunos autores que autopublican (o publican con pequeñas editoriales) al pedir a los blogueros que reseñemos su obra. En ocasiones su desespero llega al extremo de redactar ellos mismos esas opiniones y disfrazarlas de impresiones de otros lectores en páginas como Amazon. Mi propósito no es desmenuzar esas prácticas de dudoso gusto, sino reflexionar sobre si realmente merece la pena que los escritores se esfuercen tanto para que se hable de ellos en la red. Esto no pretende ser ningún estudio empírico; me limitaré a argumentar mi opinión a partir de lo que he vivido con mi blog y lo que he observado en otros espacios durante los casi cuatro años que llevo aquí. Intentaré ser lo más justa posible —no ensalzaré el papel de los blogs por el simple hecho de tener uno— y, como siempre, os animo a compartir vuestras impresiones en los comentarios.
El primer punto en el que quiero centrarme es en los motivos por los que el lector elige una lectura. Como comentaba al principio, algunos autores dan mucha importancia a las reseñas, pero hay aspectos mucho más influyentes. Además, también se debe pensar en atraer a esos potenciales reseñadores, sin dar por sentado que aceptarán leer cualquier libro (los blogueros no trabajamos para nadie, así que escogemos lecturas que nos llaman la atención). En este sentido, el título, la cubierta y la sinopsis son muy importantes, y aquí muchas autopublicaciones fallan: títulos sosos, cubiertas de aficionados, sinopsis mal redactadas y/o poco atrayentes. El lector busca buenos contenidos presentados en un envoltorio atractivo. Por ridículo que parezca, me he encontrado con personas que han rechazado leer libros que recomendé vivamente porque no les gustaba la cubierta; y a la inversa, en algunos casos mi comentario fue negativo y aun así hubo gente empeñada en leerlo porque le encantaba el diseño. Lo ideal sería contratar a un diseñador gráfico que haga una buena portada y contar con la opinión de alguien que conozca el sector editorial para elegir título y redactar la contra. El acabado profesional —por dentro y por fuera— es fundamental para que alguien se decante por un libro.
Una vez el libro está listo, se buscan las vías para darlo a conocer al público. La blogosfera es una, pero no la única. Hoy en día, las recomendaciones de los libreros tienen mucha más efectividad para mover una novela que los comentarios entusiastas de la red (hay muchos artículos que hablan de este fenómeno: la revalorización de las librerías como fuente de recomendaciones, en contraste con la pérdida de peso de la crítica tradicional), de modo que, puestos a insistir para que alguien lea un libro, yo insistiría antes a un librero —que al fin y al cabo es quien tiene la sartén por el mango a la hora de vender— que a un bloguero. Organizar una presentación en una librería cercana e ir ampliando el círculo de contactos poco a poco puede ser una buena forma de empezar. En segundo lugar, las redes sociales: un autor activo en Facebook y Twitter tiene más herramientas para contactar con los lectores que uno que ignora estas opciones.
Entro en el punto que nos interesa. Empiezo con un hecho real: no existe ningún libro (autopublicado o publicado por una editorial pequeña) que se haya convertido en un éxito de ventas gracias exclusivamente a las reseñas de los blogs, ni siquiera cuando en estas reseñas había unanimidad al elogiarlo. Recordemos la saga Laila Winter, de Bárbara G. Rivero, que tuvo una excelente acogida en la red y no obstante eso no se tradujo en una mayor repercusión. Esto me permite sacar dos conclusiones: por un lado, que conseguir muchas opiniones entusiastas de los blogueros no asegura que el libro se venda más; y por el otro, que hay factores mucho más influyentes que la blogosfera —además de los comentados en los puntos 1 y 2, las grandes editoriales que invierten mucho en promoción siguen teniendo un papel decisivo en las listas de ventas, y también el hecho de aprovechar el momento (modas).
Sin embargo, tampoco se puede decir que los blogueros no hagamos nada: sé que hay lectores que han comprado libros por mi recomendación porque ellos mismos me lo han dicho, y yo también he buscado algunos títulos porque me gustó lo que contaban otros blogueros. Ahora bien, ¿cuántos ejemplares se venden por nuestras reseñas? Imposible saberlo, pero desde luego nuestro número de visitantes es inferior al de los oyentes de un programa de radio regional, y nuestro poder de convicción es inferior al de un librero que habla de tú a tú con alguien dispuesto a adquirir un libro en ese momento. Mi blog recibe más de mil visitas diarias, pero hay que tener cuidado con este dato: solo una parte visita la página principal (es decir, lo último que he publicado); el resto se reparte entre todos los contenidos publicados a lo largo de estos años (lógicamente, las reseñas de libros conocidos y las de mi lista de mejores lecturas son las más visitadas). Además, no todo el mundo que entra en el blog lee lo que he escrito (todos visitamos páginas en las que solo echamos un vistazo rápido y nos vamos) o quizá lo lee porque ya ha leído el libro del que hablo. En definitiva, puedo recibir mil visitas, pero no influyo en la decisión de compra de mil personas todos los días.
Asimismo, la influencia de una reseña es variable. Esto depende, en primer lugar, del blog en el que aparece: cuando empecé no tenía el mismo número de visitas y seguidores que ahora, ni la misma presencia en las redes; hay blogs que actualizan varias veces al día y los contenidos caen en el olvido antes, etc. También es muy importante pensar en el perfil de los lectores potenciales y encontrar el medio adecuado para que se reseñe un determinado libro: una novela de fantasía interesará más a los lectores de un blog dedicado al género que a los del mío, por ejemplo (de hecho, he comprobado que cuando reseño un libro que se sale de lo que leo habitualmente el número de visitas y comentarios disminuye). Es de sentido común, pero aun así la gran mayoría de peticiones que recibo son de novelas de géneros que no toco.
En segundo lugar, dentro de un mismo blog no todas las reseñas interesan por igual, y no solo por lo positivas/negativas que sean, sino que dependen de factores como la popularidad previa del libro y hasta del día de la semana en el que se publican. En mi caso, sé que las que aparecen en mi lista de mejores lecturas de la barra lateral (o al menos algunas de ellas) son las que más lectores acaban comprando. Con las que son positivas pero no están incluidas ahí pueden pasar dos cosas: que llamen la atención en el momento de su publicación porque tienen una cubierta bonita y/o ya son un poco conocidas, o que caigan en el olvido. Triste, pero sucede así. Yo sé que cuando un libro me gusta mucho haré todo lo que esté en mi mano para que la gente lo conozca (colocar la cubierta en el lateral, enlazar la reseña a menudo en las redes sociales, etc.), pero el escritor que busca ser reseñado aún no sabe si su libro gustará hasta ese extremo, así que no puede confiar a ciegas en los blogs. Las reseñas pueden ser un complemento; nunca los canales de difusión principales.
Por Rusta/Paperblog
Etiquetas: blog, literatura, ventas de libros, promoción, Facebook, Twitter, Amazon, redes sociales, Laila Winter, Bárbara G. Rivero

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