10/09/2013
Suele pensarse que si no se está con el partido, se está contra el partido. Vulgar broma, vulgar verdad, que se vuelve decreto en ejercicio constante, costumbre por la que va la vida de muchos, sobre todo en las aguas negras de los gobiernos y los partidos.
Nunca he pertenecido a ningún partido político, ni habré de hacerlo el resto de mi vida. Hace mucho muchos años (finales de los ochenta), quise afiliarme a uno, pero me expulsaron por incitar a los compañeros a beber ron después de las reuniones "oficiales". Me sentí heresiarca entre los acólitos de la izquierda. Y desde entonces entendí que esos gremios, no eran para los solitarios que dedicamos la vida a pensar y a imaginar el mundo en las historias que debemos contar y cantar.
Era el tiempo en que comprendí que la literatura debía abandonar los temas "revolucionarios" si se pretendía revolucionar la literatura desde su esencia. Era el fin de aquellos desafíos en que la poesía, debía tratar temas políticos, sociales y "revolucionarios" para poder estar en los estantes de las lecturas predilectas de aquellos lectores de mirada incorruptible, y estaban esperando dar el salto a las redenciones políticas, sociales y hasta filosóficas. Eran los últimos tiempos en que la literatura latinoamericana, era sinónimo de "compromiso" con los que tenían la razón desde las ideologías de izquierda.
Por aquellos días (quizás inicio de los noventa), leí una entrevista de mi amado Eugene Ionesco en una de sus pocas visitas a este país, en las que aseguraba, lo que mi intuición me estaba haciendo sospechar. El dijo con categórica afirmación, que desde toda su vida activa de escritor, se le había "tachado" de comunista primero, luego "acusado" de un derechista, y quizás mas tarde "tildado" de anarquista, y la verdad -afirmaba desde un tono desencantado y desesperanzado- que él nunca había sido de ningún partido, de ninguna ideología partidista y de ninguna religión, porque finalmente, él a lo largo de su vida, había sido un hombre que escribió, un pensador solitario. Y yo me pregunto, ¿Qué ha ocurrido con los escritores que pasaron la vida defendiendo con su obra, ideologías, partidos, causas sociales, religiosas? ¿De qué sirvieron aquellos libros de poemas, aquellas novelas, cuentos y obras de teatro, ante la vulgaridad de las dictaduras, ante los trenes imparables de las ambiciones de poder que derivaron en la putrefacción de los sistemas, sin importar de qué tintes ideológicos vinieron? Y no estoy exponiendo nada nuevo a estas alturas de la historia, donde el comercio ha vencido, y donde es evidente el fracaso de muchas causas por las que los hombres del siglo XX, apostaron. La literatura y los autores, también han sido blanco del comercio, y las garras del fastuoso éxito triunfal del mercado que ya no dejó nada, fuera de sus territorios. Pero vuelvo a esa idea partidaria, que hoy se ve también en el deporte, en las aficiones, las religiones y en todos los ámbitos de las sociedades contemporáneas. Hoy creo que los sistemas partidistas, no le sirven al escritor, ni el escritor les ha de ser útil. Los partidos y sus fórmulas indiscriminadamente traicionadas, no promueven la diferencia, la tolerancia y el respeto por quienes no votan por ellos…
Por Neftalí Coria/Sexenio.com.mx
Etiquetas: literatura, partidos, temas políticos, temas sociales, ideologías, causas sociales, poemas, escritor, tolerancia

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