05/09/2013
La poesía tiene un origen sagrado y, por ende, el poeta, en su sentido más profundo, es un profeta. Cuando la palabra asumió la forma de la comunicación humana y de sus relaciones culturales, entonces eso que incitaba a la congregación de la especie, a la unificación del ritmo de la sangre, a la significación de los primeros símbolos, aunque éstos fueron esencialmente primitivos, dio como resultado la necesidad de convertirlos en signos: habían surgido el mito y la metáfora. Y en esa necesidad intrínseca de explicar el mundo a través de los mitos estaba el canto. El canto, en sí mismo, era la naturaleza de la vida y la metáfora era la justificación de los acontecimientos cotidianos con signos, de tal forma que se convirtió en sustitución de lo que podía ser explicado y de lo que no podía ser explicado.
Cada organismo tiene dentro de su estructura las respuestas y las herramientas necesarias para su supervivencia. A lo largo de la vida tenemos oportunidad de conocer a personas que están involucradas con el arte, en sus distintas modalidades. Podemos escuchar, por ejemplo, a un cantante de una manera desconocida, en el sentido de que por primera vez veremos y oiremos cómo el zoo humano hace uso de su naturaleza: resulta un prodigio descubrir lo que un animal, un organismo, un mamífero, puede hacer con su voz: dulce, sereno, capaz de transmitir los sentimientos y las emociones más variadas y profundas: en él habrá vida e inteligencia. Ese simple acto de cantar quizá para muchos sea algo común, pero la realidad es que para que llegara a ese punto tuvieron que haber pasado miles de años de refinamiento.
En una entrevista el poeta chiapaneco Efraín Bartolomé hacía mención de que si un libro de poemas no era capaz de conmocionarlo o de darle una nueva significación de la vida, no tenía caso seguir leyendo poesía. También hacía referencia a los poetas que publicaban libros para acumular puntos que les permitiera tener un mayor ingreso económico en su tabulación de sueldos. Y finalmente resaltaba el hecho de que los actuales jóvenes poetas evadían cualquier compromiso con la realidad, pues en la mayoría de sus poemas se adivinaba una total ausencia de emociones y de riesgos con la vida; Efraín Bartolomé fue más allá y afirmó que no sólo evadían el compromiso consigo mismos, sino que no se comprometían con sus emociones ni con sus sentimientos, pues estaban, a su parecer, vacíos de vida o llenos de muerte.
La lectura general es que los poemas están carentes de profundidad, de significación, de una sintaxis poética elemental. Leemos en los libros un complejo mundo lingüístico, de metáforas e imágenes semánticamente imposibles, que no dicen nada y que más bien aportan sólo un cúmulo de palabras a nuestra deteriorada manera de ver el mundo.
El verso libre es una forma gastada que está en decadencia y es a la que más se recurre. Quienes inauguraron esa forma de nombrar la poesía lo hicieron con el firme propósito de alterar su realidad y de dar nuevos bríos al canto. Sin embargo, pareciera que hoy no se entiende eso. Cualquiera puede escribir un libro o escribir poesía. Hacen poesía como si se tratara de hacer una lista de cosas. Sus poemas son un compendio interminable de frases incongruentes e inconexas, que delatan una retórica torpe y un desconocimiento absoluto de lo que la poesía podría hacer por y contra ellos; en general, no tienen una propuesta poética.
Por Ramón Cuéllar Márquez (OctavoDía)
Etiquetas: poeta, Poesía, metáfora, Efraín Bartolomé, mundo lingüístico, escribir poesía

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