30/08/2013
Esa frase, apócrifamente atribuida a Hemingway, se ha convertido en un mantra para muchos. No se trata -ni mucho menos- de un binomio del todo feliz, o al menos no en todos los casos historias como las Scott Fitzgerald o Hunter S. Thompson lo confirman.
De los siete premios Nobel norteamericanos, cinco eran alcohólicos: Sinclair Lewis, Eugene O’neill, William Faulkner, Ernest Hemingway y John Steinbeck. Soy alcohólico, un drogadicto, un homosexual y un genio
, llegó a decir Truman Capote, y Hunter S. Thompson afirmó que sus mejores libros los había escrito borracho. A ver….
Ni apología ni moralismo. Lo que sí da qué pensar es esa rara y turbulenta relación entre alcohol y creación, un binomio tan antiguo como complejo y al que se han dedicado páginas y páginas, desde títulos celebratorios como Mezclados y agitados hasta otros más ejemplarizantes o falsamente sentimentales, compilaciones de miserias ajenas que sólo la estupidez podría deducir como enaltecedoras.
Una cosa sí es cierta: la página en blanco debe de asustar, y mucho, para que sea mejor enfrentarla borracho que sobrio. El tema no es nuevo. Drogas y alcohol han sido ingredientes indispensables de magníficas obras, también el sumidero por el que se han ido muchas otras. La frase Write drunk, edit sober
, atribuida a Ernest Hemingway, revela algunos dobleces de una relación tan compleja como antigua.
Lope de Vega y Quevedo eran -los dos- muy "aficionados" –por usar una palabra ñoña- al vino. Edgar Allan Poe, Baudelaire, Swinburne, Verlaine, Thomas de Quincey , Dostoyevski… eran serios y potentes bebedores –también ‘comedores de opio’, pero lo que nos ocupa, que es el alcohol: lo consumían-. Alejandro Dumas dilapidó su fortuna en elcohol. El irlandés James Joyce era adicto al whisky y Samuel Beckett, quien fue su secretario, heredó su gusto por este. Como Jim Wormold, Graham Greene, no escribía sin su dauiquiri y Malcolm Lowry (1909-1957) retrató las miserias y desdichas del alcoholismo en Bajo el Volcán (1947).
Jack London, F. S. Fitzgerald, Hart Crane, Thomas Wolfe, Dashiell Hammett, Djuna Barnes, Tennessee Williams, Carson McCullers, John Cheever, Raymond Carver o Robert Lowell, eran también alcohólicos. La llamada Generación Perdida (The Lost Generation, 1909-1921), llegó a conocerse incluso como la "Generación Mojada" (The Wet Generation). La tristeza universal de sus páginas y sus borracheras parece haber nacido de un tiempo que, para sobrellevar, había que campanear en un vaso con hielo.
Por Karina Sainz Borgo (Marabílias-VozPópuli)
Etiquetas: borracho, alcohol, escritores, Hemingway, Scott Fitzgerald, Hunter S. Thompson, Sinclair Lewis, Eugene O’neill, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Truman Capote, Mezclados y agitados, Edgar Allan Poe, Baudelaire, Swinburne, Verlaine, Thomas de Quincey, Dostoyevski, Jim Wormold, Graham Greene, Jack London, F. S. Fitzgerald, Hart Crane, Thomas Wolfe, Dashiell Hammett, Djuna Barnes, Tennessee Williams, Carson McCullers, John Cheever, Raymond Carver, Robert Lowell, Generación Perdida, The Lost Generation

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