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Actualidad > Artículos

Cinco poetas de la Generación X - Ecuador Ecuador

27/08/2013

Quito

Aleyda Quevedo

Hace falta una sensibilidad andrógina para leer la realidad

¿Por qué escribir poesía? La poesía es como la Cenicienta de la literatura. Es un género que no es mimado por el mercado ni por los lectores ni por las editoriales. Es un género al que la gente no apuesta para la publicación. Es, por decirlo de alguna manera, el patito feo.

Escribo poesía porque es un arte que te permite fusionar la capacidad de síntesis, de música, de silencio y me parece que es lo más cercano a la filosofía. Es una forma de conocimiento. Un verso puede tocarte de una manera muy potente, puede tener un pensamiento que te convoque, te emocione o te turbe. Eso es lo que engancha. En estos tiempos convulsionados e inmediatos, la poesía es un oasis. Junta un nicho de belleza con uno de pensamiento. Es una ventana hacia muchos temas. No me gustan las etiquetas que la incipiente crítica literaria suele poner a la poesía. No creo que haya que hablar de una poesía erótica, de una poesía oscura o de la muerte. Tampoco creo en la poesía escrita por un hombre o una mujer. La poesía es un género que está compuesto de muchos ingredientes que, como decía Virgina Wolf, tiene que ser una especie de género andrógino. Se escribe desde una sabiduría que tiene mucho de lo femenino y lo masculino. Mi primer libro explora las máscaras con respecto a cómo una mujer contemporánea en el <cite>Ecuador mira la sexualidad</cite>. Me parecía importante porque creo que somos una sociedad muy pacata y quería hablar desde esa irreverencia que te permite tocar los temas del cuerpo, de la relación de pareja, del amor, de la sexualidad... Temas muy importantes que, además, pasan por otros filtros como el poder, la política y la economía. Soy mi cuerpo es muy duro porque trata acerca de la enfermedad, la resurreción y la muerte a través del amor. Es un libro dedicado a mi hermano muerto y toda la experimentación de cuando la muerte te toca en carne propia. Anterior a ese hay un libro que se llama Espacio Vacío. Ese habla del no amor y la soledad. De la ruptura del amor de pareja. Para mí, el amor es un elemento que cruza todo y tiene varias maneras. Puede ser la muerte, el erotismo, la sexualidad plena. A partir de las poetas griegas descubrí la masturbación femenina. Ese tema me apasiona. Es increíble cómo en esta sociedad quiteña eso es algo totalmente tabú y cómo directamente no se entiende. Una mujer puede tener su vibrador en el escritorio y no le hace faltar salir una noche e irse con un tipo que le va a pasar hablando puras estupideces. Es otra forma de mirar. Hace falta mucha apertura mental para indagar en estos temas.  El cuerpo es ese territorio desde el que puedes crearte una plataforma. Un escritor tiene que ser un poco de hombre y un poco de mujer. Hace falta esa sensibilidad andrógina para leer la realidad.

Guayaquil

Siomara España

Las zonas por donde deambula mi poesía son las de la cotidianeidad

Quizás seguimos con la necedad-necesidad de la poesía porque no nos rendimos ante las imposibilidades de un mundo fragmentado caótico deshumanizante, y seguimos ahí como necios inclaudicables queriendo cambiar el mundo con palabras. Las zonas por donde deambula mi poesía son las de la cotidianidad, confabulada entre razón y subconsciente, y desde ahí el sentir  se enfrenta a todos esos avatares diarios, donde hombres y mujeres sucumben ante la turbulencia de las grandes urbes. Orientar mi brújula a lo cotidiano no es fortuito, ya he dicho en reiteradas ocasiones que creo más en las causalidades que en las casualidades, así como en la poesía vívida y vivida, no la que nace entre la fragua aquilatada de palabras, sino aquella que emerge desde el sentir honesto y el trabajo consciente. La poesía es un don, por eso creo que la escritura es un bien irreversible, por lo tanto connota un fin. El género de denuncia ya estuvo harto trillado desde la generación del 30 hasta los 60s, sin embargo, cuando planteo desde mi poética temas como el  de las mujeres, lo que pretendo es mostrar, evidenciar, sacudir desde esa comodidad de lectores pasivos hacia la reflexión de diversas situaciones contemporáneas que van desde los problemas de género, hasta las visiones machistas que superviven ridículamente en pleno siglo XXI.

El tema amatorio está presente, como exploración del territorio corporal, de  las sensaciones y pasiones de lo vivido y recreado, la constante búsqueda de respuestas a la vida y a la muerte especialmente de esta última y su intrínseca relación con la poesía.

Me toca la poesía que va más allá de la fe, que no se escribe para lucir su perfección o riqueza léxica. Me oriento ante aquella que evidencia el trabajo concienzudo de un oficio que se ha ido depurando y que va dejando un surco abierto de luminiscencias.

Cuenca

Cristóbal Zapata

Escribo poesía como una respuesta a los estímulos físicos

He escrito poemas, relatos y sobre todo ensayos sobre arte y literatura. Pero si se mira bien, los tres géneros se interpenetran: en mis poemarios hay a veces unos pequeños acueductos ensayísticos que abastecen los poemas, y éstos tienen con frecuencia un cierto componente narrativo, como en mis ensayos y relatos existe una apertura poética evidente. En los tres géneros creo que hay una voluntad formal, diría –si no suena presuntuoso– una actitud creativa ante el lenguaje. Escribo poesía como una respuesta a los estímulos físicos del mundo; esos estímulos pueden ser meramente sensoriales (la fascinación ante la presencia del cuerpo femenino por ejemplo, prodigio siempre recomenzado); afectivos (el amor, la muerte, la esposa, los hijos, etc.), o artísticos (una pintura, una película, otro poema). Es decir, ante aquello que impresiona mis sentidos y me atañe personalmente. Soy como el perro de Pávlov, respondo a la ley del reflejo condicional. Con la diferencia de que estas incitaciones luego son procesadas para transformarlas en una experiencia lingüística y estética, y hasta donde alcanza el talento, trascendente. Cuando el metrónomo llama mi atención, el cuerpo se abre a la escritura, secreto deseo, secreto sentido. El cuerpo es el lugar desde el que recepto, descifro y emito los signos, signos que son primordialmente eróticos, la única manera de relacionarse plenamente con los otros. En un mundo moral y emocionalmente depauperado, que parece diseñado por un consorcio de narcos, especuladores y productores de televisión –pues es el dominio del crimen, de la usura, del infantilismo y del mal gusto–, cabe repensar en las posibilidades del encantamiento erótico. Vuelvo a la escritura: en 1969, Roland Barthes publicó un artículo titulado "Diez razones para escribir", donde señala –entre otros motivos – que escribe por una necesidad de placer, para poner en práctica un "don" y para producir una diferencia. Suscribo estos móviles. Sobrentendido el placer textual, en mi caso escribo para hacerme cargo de mi vocación (jamás para hacer carrera literaria), y para inscribir mi diferencia, mi disidencia de toda forma de adocenamiento (sea poético o político).

Por Hoy.com.ec

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Etiquetas: Aleyda Quevedo, Poesía, literatura, Ecuador, sexualidad, Cristóbal Zapata, Siomara España, Ana Minga, Luis Carlos Mussó

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