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¿Es la novela una mentira? - Internet

08/08/2013

En la introducción de su libro La verdad de las mentiras —una colección de comentarios a treinta y cinco novelas de autores distintos—, Mario Vargas Llosa afirma rotundamente que las novelas mienten —no pueden hacer otra cosa—, Porque jugar a las mentiras, como juegan el autor de una ficción y su lector, a las mentiras que ellos mismos fabrican bajo el imperio de sus demonios personales, es una manera de afirmar la soberanía individual y de defenderla cuando está amenazada.

A pesar de la aparente osadía de la tesis, ella no es original. Antes ya la había proferido el novelista francés Jean Lartéguy en el epígrafe de su novela Los reyes mendigos, aunque sin tomarse el trabajo de justificarla. En esta novela todo es falso —dice—, todo es mentira. Lo afirmo yo que soy, como todos los narradores de historias, un gran mentiroso. Marzo de 1957.

En busca de apoyo, el laureado escritor peruano se remonta a los tiempos de la Inquisición. Al prohibir no unas obras determinadas sino un género literario en abstracto —escribe—, el Santo Oficio estableció algo que a sus ojos era una ley sin excepciones: que las novelas siempre mienten, que todas ellas ofrecen una visión falaz de la vida. (…) En efecto, las novelas mienten —prosigue— no pueden hacer otra cosa …

Mario Vargas Llosa no llega a probar, sin embargo, su afirmación central, tomada en préstamo, en las treinta y dos páginas de esta introducción, desbordante de asertos, ejemplos y comparaciones, como un relleno literario, ni le interesa hacerlo.

Para formular una afirmación tan categórica debería haber partido de la definición de los conceptos verdad y mentira. Pero los ignora. Y esto le permite divagar.

La verdad es la afirmación de que los hechos materiales e ideales son como realmente se presentan o suceden, o como cree el sujeto que son. Contrariamente, la mentira es la afirmación deliberada de que esos hechos son distintos a como son o han sido en realidad.

Por ejemplo, si la puerta de la casa contigua a la mía está abierta y yo digo que lo está, expreso la verdad; si una persona me desagrada y lo digo, también expreso la verdad. Si, por el contrario, digo que la puerta está cerrada o que esa persona me agrada, miento.

No se miente, en cambio, cuando se hace una afirmación errónea por desconocimiento; en este caso, la persona se equivoca.

Los hechos son objetivamente. Constituyen la realidad exterior a nosotros o existen en nuestra conciencia. Las que pueden ser verdaderas o falsas son las afirmaciones sobre ellos.

Las novelas relatan y describen a personajes, cosas y sucesos imaginados, aunque no totalmente ideales. Por más inventados que sean, como en las de ciencia ficción, se basan en ciertos hechos reales. Los personajes actúan en una ciudad o en otro medio, visten de alguna manera, realizan acciones que por lo general son semejantes a los de personas reales, etc. Es mayor la confluencia de la realidad con la imaginación en las novelas históricas, en las que sobre ciertos sucesos realmente acaecidos o que se presume ciertos se construye una trama creada y se inventa personajes, situaciones y cosas. Es evidente que León Tolstoy para escribir La guerra y la paz tuvo que documentarse muy bien con datos de la historia. Se puede decir otro tanto de Margaret Mitchell respecto de su magistral novela Lo que el viento se llevó, que es una recreación de la Guerra de Secesión en los Estados Unidos. En una y otra novela, los personajes y la trama son imaginarios, pero el fondo en el que actúan y se desarrollan es en gran parte real.

Obviamente, la ficción en general no es una mentira, porque no niega deliberadamente la realidad.

Por Jorge Rendón Vásquez (Generación.com)

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Etiquetas: ficción, novelas, La verdad de las mentiras, Mario Vargas Llosa, Jean Lartéguy, Los reyes mendigos, León Tolstoy, La guerra y la paz, Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó

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