30/07/2013
Misóginos, racistas, retrógrados, panfletos fascistas? Son algunas de las acusaciones que, con el paso de los años, han ido acumulando los tebeos de la posguerra. Dos de ellos, valencianos y tan populares como que alcanzaban cifras de ventas de entre 100.000 y 200.000 ejemplares, Roberto Alcázar y Pedrín y El guerrero del antifaz, son objeto ahora del análisis académico del historiador y experto en cómic Óscar Gual. Y su conclusión es que es un error presentarlos como panfletos propagandísticos
del franquismo. A pesar de la carga ideológica que conllevaban, eran productos comerciales destinados a ganar público a través de lecturas ligeras e intrascendentes
, escribe el doctor en Historia valenciano sobre el cómic de la posguerra.
Ante la facilidad de algunos analistas para ver desde el presente simbologías y conexiones con mitos, ideas y personajes del fascismo, Gual invita a «no sobreinterpretar simbólica o ideológicamente lo que era puro comercialismo».
Antes que productos doctrinarios como sí los hubo unos año antes, durante la guerra
, eran «hijos de su tiempo», explica a Levante-EMV el autor de Viñetas de posguerra. Los cómics como fuente para el estudio de la historia (Publicacions Universitat de València). Claro que algunos de los calificativos puestos sobre estos álbumes son ciertos, pero no podía ser de otra manera, porque uno es de 1941 (Roberto Alcázar) y otro de 1943 (El guerrero del antifaz)
.
Desde este punto de vista, es verdad que hay misoginia en Roberto Alcázar, donde la mujer queda menos que en un segundo papel o eso o es la pérfida mala o solo cuenta por su físico
, pero era la visión de la mujer en la España de los años 40, en la que el modelo femenino ideal era una mujer asexuada y abnegada dispuesta a todos los sacrificios, discreta y silenciosa
, dice Gual citando a Carme Molinero. Su arrinconamiento en los tebeos no es entonces sino reflejo del que sufría socialmente.
La ausencia de líos amorosos de los protagonistas ni pensar en intercambios carnales
ha llevado además a la tan traída leyenda de la homosexualidad de Roberto Alcázar y Pedrín. Terenci Moix fue uno de los introductores de esa tesis. Para Gual, es una interpretación excesiva, porque la ausencia de amoríos con mujeres
era la norma habitual
en los cómics de la época (para eso estaba la censura, además). El historiador prefiere la teoría del experto en cómics Luis Gasca, que ve en la relación entre el héroe periodista y el adolescente huérfano ¿de guerra?, como sugiere Francisco Tadeo Juan
la de una adopción, en la que Alcázar ejerce de padre.
Por Alfons Garcia Valencia (Levante.emv.com)
Etiquetas: Roberto Alcázar y Pedrín, El guerrero del antifaz, cómic, posguerra, Historia valenciano sobre el cómic de la posguerra, Viñetas de posguerra, Luis Gasca, Terenci Moix

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