29/07/2013
La novela
, escribió Balzac, es la historia privada de las naciones
. Solo por eso sería bueno que leyeran novelas aquellos que —aunque partidarios de privatizarlo todo— se pasan el día perorando sobre esta gran nación
(Rajoy) o en términos de país
(Mas) como si fuera el paso previo a hablar de esta gran especie o en términos de mamífero. Si a nuestros gobernantes el tiempo no les da para novelas, al menos estaría bien que leyeran la prensa cuando no habla de lo que ellos dicen, sino de las consecuencias de lo que hacen.
Un caso práctico: en enero pasado se publicó un estudio del Departamento de Estadística del Ayuntamiento de Barcelona sobre la distribución de la riqueza en la ciudad hasta 2011. La periodista Clara Blanchar abría así la información que apareció en este diario: La brecha que separa el barrio más rico de Barcelona del más pobre no solo se agranda en los extremos: entre Pedralbes (con una renta de 241 sobre 100) y Can Peguera (de 34, siete veces menos). La diferencia afecta al resto de la ciudad. Desde 2008, pese a la dura crisis, todos los distritos que están por encima de 100 han visto aumentar su riqueza, mientras que los ingresos han caído en los que están por debajo
. En la misma información, la presidenta de la Federación de Entidades de Acción Social, Teresa Crespo, apuntaba la necesidad de mirar el detalle de las cifras, más allá de la genérica caída del PIB de un país o región
. Pese a que los detalles son cosa de novelista, su conclusión traía poca literatura: Los pobres cada día son más pobres y los ricos, más ricos
. No sabemos si, como la alegría, el derecho a decidir va por barrios, pero aquellos números demuestran que si levantas la alfombra de la diversidad te encuentras con el barrido de la desigualdad. Hasta el expolio fiscal
está mal repartido.
Si nuestros timoneles ya han leído el informe, podrían completarlo con dos libros que no les robarán mucho tiempo: tienen poco más de 100 páginas. Aunque sus escenarios no aparecían en ella, era imposible leer la estadística sin recordar esas dos obras, publicadas apenas meses antes y que podríamos encuadrar en eso que llaman literatura de los bloques
(eufemísticamente, viviendas de protección oficial). El primero se titula La vida iba en serio (Planeta) y lo firma Jorge Javier Vázquez. El presentador de televisión —sí, es él— narra en esa novela autobiográfica su infancia en San Roque, uno de los barrios con peor fama de Badalona
. Para el protagonista es la liberación abandonar el piso familiar de 50 metros cuadrados en el que viven cinco personas y, de paso, una escalera en la que él es "el marica" igual que otros son "el borracho" o "el drogadicto". De aquel armario de hormigón saldrá para trabajar en la sede madrileña del Pronto después de estrenarse firmando refritos con los nombres de George Scott, Héctor Banderas o Giorgio Coletti según le tocase escribir sobre Hollywood, Miami o San Remo. Aunque Vázquez idealice las calles de Madrid o renuncie a la literatura en las escenas sexuales, su libro retrata bien el miedo a la cerrazón de los que le rodeaban de cerca y al clasismo de los que le rodeaban de lejos. No es casual que entre sus vecinos se valorase menos entrar en la universidad que en una discoteca de la pijísima calle de Prim.
Por Javier Rodríguez Marcos
Etiquetas: La vida iba en serio, novela, Rajoy, Jorge Javier Vázquez, George Scott, Héctor Banderas, Giorgio Coletti

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