24/07/2013
Hace 50 años, Vasili Grossman terminó de escribir "Todo fluye", una de sus obras más importantes, el retrato íntimo de las atrocidades de las guerras y de los regímenes totalitarios. Murió pocos días después.
Sus textos fueron sus verdades más crudas, el único lugar desde el cual pudo redimirse de una carta que firmó porque de esa firma dependía la vida, su vida, y la de su familia. Por aquella carta fueron condenados al exilio de Siberia tres doctores judíos acusados de asesinato, y cientos de hombres como él la firmaron, hombres acosados, temerosos, obligados. Hombres como él que luego, ante el juicio ornamental de las autoridades y la pregunta de ¿se reconocen culpables de la muerte de ciudadanos soviéticos inocentes?
, respondieron: No. Lo negamos categóricamente. El Estado había condenado a esa gente de antemano. Nosotros construimos, por así decirlo, la fachada exterior. En realidad, poco importaba lo que nosotros escribiéramos, si los imputábamos o los absolvíamos; aquellas personas estaban ya condenadas por el Estado
.
Él, Vasili Grossman, escribió su dolor, su remordimiento. Los otros siguieron con sus vidas, apartándose de los recuerdos de aquella carta, por ejemplo, o de otras delaciones. Si alguna vez se encontraron en la calle con alguno de sus "informados", lo saludaron como si nada hubiera ocurrido, la mirada evasiva, las palabras formales, las preguntas de ocasión. Grossman escribió. Se escribió a sí mismo. Se hizo personaje. Se involucró en carne y hueso con los hombres que sufrieron e hicieron sufrir. En una historia, Grossman se llamó Nikolái Vasílievich. En otra, Iván Grigórievich. Sin embargo, el uno y el otro eran él, pero él también fue un reputado miembro del Partido que lo había delatado, y fue un científico repleto de logros que firmó la carta contra los doctores judíos y no quiso volver a pensar en ello.
Grossman fue víctima y victimario y testigo y condenado, todo a la vez, gracias a la magia de la literatura. Magia blanca, magia negra, magia gris. Por la literatura se enroló en el frente XX del Ejército Soviético para describir en el periódico Estrella Roja los horrores de la toma de Stalingrado, y con la literatura estuvo en el campo de concentración de Treblinka, desde donde retrató la crueldad, el odio, el servilismo y la inhumanidad de los humanos en un texto que tituló El infierno de Treblinka, que luego fue usado en los juicios de Nuremberg como evidencia de la persecución de los nazis hacia los judíos. Desde allí, toma, campo de concentración y texto, el hombre fue más que nunca asesino, crueldad, venganza, tortura, miedo, delación, mentira y sinsentido.
Y sin embargo, a la vez, según Grossman, fue bondad e ilusión y trabajo y fe. Todo lo que es inhumano es absurdo e inútil
, la historia de toda la vida, desde la ameba hasta el género humano, es la historia de la libertad
, decía y concluía Nikolái Vasílievich, uno de sus personajes en Todo fluye, una especie de testamento que terminó de escribir días antes de morir, un documento de tristezas y miserias sin fin que contaba sitios, hambrunas, injusticias y más dolores. Dentro de sus harapos putrefactos, los tres esqueletos pasaron todo el invierno juntos: el marido, la joven esposa y el pequeño hijito se intercambiaban sus sonrisas blancas, inseparables también después de la muerte
, escribía. Pero algunos campesinos habían enloquecido, sólo hallaban paz en la muerte. Éstos eran los que troceaban los cadáveres y los hervían, mataban a sus propios hijos y se los comían
, escribía.
Grossman nació en Berdivech (hoy Ucrania) el 12 de diciembre de 1905. Durante su infancia fue Josif Solomonovich, pero una niñera le cambió el nombre y desde su adolescencia se llamó Vasili Grossman, un muchacho díscolo que apoyaba la Revolución de los bolcheviques y discutía con su padre por razones políticas. Tiempo después, él mismo se iría convenciendo de que la moderación de su padre y de los mencheviques era el camino que debió haber seguido. No obstante, ya era tarde. Cuando Grossman comprendió que gran parte de la Revolución la habían hecho hombres impregnados de odio, odio a la burguesía, a la nobleza, a los pequeñoburgueses, a los traidores de la clase obrera, a los campesinos desahogados, a los profesores, a los poetas que escribían versos sobre la belleza de la naturaleza, a las mujeres de medias de seda, era una ficha del nuevo Estado.
Por Fernando Araújo Vélez
Etiquetas: remordimiento, escritor, Vasili Grossman, Todo fluye, Nikolái Vasílievich, Iván Grigórievich, Ejército Soviético, Nuremberg, Berdivech, Ucrania, poetas

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