24/07/2013
Ganador de un Oscar por "Argo", el escritor y director estadounidense habló con Ñ de su rol como "autor de películas".
En la biografía de un escritor
, apunta el valenciano Manuel Vicent, hay un momento en que la fascinación por la literatura se une e incluso se rinde a la mitología del cine
. Pocos ejemplos más cabales de esta afirmación pueden encontrarse en el Hollywood actual como el que ofrece Chris Terrio, un hombre que nació en el año 1976 y que es al mismo tiempo escritor y director. Pero, sobre todo, guionista. Rodó antes de los 30 la película Mentiras en Nueva York ("Heights", 2004) , protagonizada por Glenn Close y Elizabeth Banks, egresó de Harvard, donde se especializó en literatura anglosajona, y después realizó un máster en la Universidad de Cambridge, de cuyo USC School of Cinematic Arts se graduó en 2002. Además, y deberíamos decir, principalmente, escribió el guión de Argo (2012), por el cual fue nominado al Bafta, al Globo de Oro y al Oscar, premio que, del mismo modo que la película dirigida por Ben Affleck, conquistó.
Antes había llamado la atención de periodistas como Charlie Rose, quien lo invitó a su programa de entrevistas, y de una aplanadora que se ha convertido en una referencia para Hillary Clinton y desde comienzos de 2012 es la primera embajadora dominicana en la historia de los Estados Unidos: Julissa Reynoso, una mujer que ha logrado seducir tanto a políticos de todas las ideologías como a los artistas más brillantes del país vecino, ya que por su residencia en Uruguay, donde cumple su labor diplomática, han pasado desde Fernando Cabrera hasta Hugo Fattoruso y Rubén Rada. Fue justamente gracias a Reynoso, íntima amiga desde los años universitarios de Terrio, que varios uruguayos celebraron en la madrugada de febrero, en muchos casos con sorpresa, el Oscar del norteamericano, puesto que ella fue su acompañante en el Dolby Theatre de Los Angeles.
En medio de una agenda que incluyó un paseo personalizado por la Fundación Pablo Atchugarry de Manantiales y una multitudinaria conferencia con entrada libre en la sala principal del Teatro Solís, Revista Ñ conversó con Terrio. Con música motown de fondo y sentado al borde de la amplia cocina de la Embajada de Estados Unidos, enclavada a pocos pasos del Estadio Centenario, en pleno Parque Batlle y, evidentemente, muy lejos de los focos de Hollywood, Terrio habló largamente. Desde Jorge Bergoglio hasta sus próximos proyectos, pasando por su pasión por el cineasta Paul Thomas Anderson (California, 1970) y por las similitudes que, a su juicio, existen entre Affleck y Clint Eastwood, el cineasta fue amable, cerebral pero cálido y, sobre todo, reflexivo en cada respuesta. Y eso que comenzó a hablar cerca de la medianoche, un horario en el que no suele estar despierto y que, sin embargo, resulta perfecto para ver Después de hora, de Martin Scorsese (1985), Senda tenebrosa, de Delmer Daves (1947), Z, de Konstantinos Costa-Gavras (1969), El inquilino, de Roman Polanski (1976), o cualquier otra película que tenga un elemento que para este neoyorquino resulta medular: la paranoia.
Cuando la gente observa "Argo" queda claro que quien la ha escrito es una persona preocupada en extremo por los detalles. ¿Siempre ha sido tan minucioso tanto en lo personal como profesionalmente?
Para mí la macroestructura muchas veces proviene de los “microdetalles”, así que, cuando trabajo, busco detalles que me den una idea de lo que podría ser una gran estructura. Obviamente, en el caso de Argo no pude siempre utilizar la verdad absoluta de la historia.
¿Eso fue difícil?
Sí, porque es difícil ser estricto respecto a algunas cosas y luego dejar que la historia fluya con la utilización libre de otros hechos. Así que para mí ahí estaba todo el desafío: cómo crear una estructura clásica de tres actos y en algunos puntos insertarle la realidad más meticulosa que fuera posible y, en otros, dejar que la esencia de la historia se adueñara de la obra, que los detalles fueran menos importantes o que incluso la ficción ocupara el lugar que debía. Precisamente por esa afición por los detalles, en un momento mi apartamento estaba inundado de post-it amarillos. Y para ser sincero debo agregar que un guión como Argo , en el que hay muchos diálogos, cosa que para mí es divertido y fácil de escribir, es más sencillo que gane premios que otros mejores en los que una estructura muy consistente no se vea con facilidad. Por ejemplo, a mí me resulta muy fácil escribir chistes para (el actor) Alan Arkin. Pero darle una verdadera estructura a una película como guionista teniendo en cuenta que, además, mi oficio es un arte híbrido, es lo verdaderamente notable. Y por ello es que admiro tanto a los hermanos Dardenne.
¿Cree que un buen artista no solo debe ser detallista sino también neurótico?
Estoy de acuerdo, soy una persona bastante neurótica y, para ser honesto, no creo que mientras estoy escribiendo sea un sujeto agradable para tener al lado. Hay una cita del poeta W. H. Auden según la cual los artistas no son buena gente porque guardan lo mejor de sí mismos para el trabajo. No es que sea diabólico, pero sólo me puedo comprometer con lo que escribo y, entonces, todo lo que me rodea me resulta indiferente. Además, soy neurótico en el set.
¿En el set de "Argo" usted se volvía loco?
Totalmente: no paraba de comerme las uñas. A pesar de que Ben (Affleck) es bastante neurótico, también sabe proyectar paz y equilibrio, lo que es necesario porque el director debe crear un ambiente de calma. En ese sentido nos complementamos muy bien.
Por Pablo Cohen (RevistaÑ)
Etiquetas: Ben Affleck, Argo, Chris Terrio, guionista, paranoico, Manuel Vicent, Mentiras en Nueva York, Heights, Glenn Close, Elizabeth Banks, School of Cinematic Arts, Globo de Oro, Hillary Clinton, Charlie Rose, Dolby Theatre, Los Angeles, Fundación Pablo Atchugarry de Manantiales, Paul Thomas Anderson, Clint Eastwood, Después de hora, Martin Scorsese, Senda tenebrosa, Delmer Daves, Konstantinos Costa-Gavras, El inquilino, Roman Polanski

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