22/07/2013
La 26ª Semana Negra de Gijón es ya un clásico español, esta vez atravesada por la crisis del continente, aunque no por eso deja de ser una auténtica fiesta. Una marea de escritores de novela policial (en un sentido cada vez más amplio del género) se confunde con visitantes de todas partes del país y los habitantes de la bella ciudad asturiana. Entre conferencias, paseos y sobremesas, se habla de recortes y hasta hay algunas protestas obreras por los gastos del municipio. También, entre libreros y escritores se debaten opiniones divergentes respecto del futuro editorial de España. En síntesis, un evento que siempre termina por atrapar tanto a culpables como a inocentes.
Todo es poco para dar una idea de lo que es la Semana Negra de Gijón. Feria, mercado, congreso, verbena, encuentro, tertulia, recital: un espectáculo desde donde se lo mire. Los escritores se amontonan de a docenas, los famosos, los que están en camino de serlo y los que ya se sienten recompensados por estar acá. La larga lista demuestra la vigencia que el género negro tiene en Europa. Y por ignoto que pueda ser un invitado, no conviene tratarlo como a un don nadie, no sea cosa que vuelva dentro de unos años transformado en una estrella de las que no dan reportajes. Dicen que el público roza el medio millón; como sea, es una marea de gente. Y si muchos se hacen el tiempo para ir a escuchar a escritores, más son los que aprovechan para visitar la rueda de la fortuna o los chiringuitos donde se puede comer, bailar y escuchar música en vivo como en el centro de cualquier ciudad. Dicen también que el impacto económico sobre la región es importante, y que el evento cuesta tres cuartos de millón de euros, aunque este año la organización habría contado con doscientos mil euros menos. Ese recorte, palabra ya adoptada en el imaginario europeo, no se percibe entre tanta agitación y escritores que están, estarán, y quieren estar, aun a costa de tener que llegar por sus propios medios.
El mito se pone en marcha con el tren negro –que no es ni nunca fue negro–, que sale de Madrid camino a Gijón con una cantidad de escritores por metro cuadrado como no es posible ver en otro lugar. Lo recibe una fanfarria (según mi oído latinoamericano, aunque no estoy seguro de acertar), que se mezcla con las protestas de un grupo de obreros descontentos porque su empresa habría destinado dinero al evento. Se cortan cintas, se brinda –nunca falta una ocasión para brindar– y comienzan las charlas y presentaciones. El tema no es la crisis, pero no deja de estar presente. A dos escritores españoles embarcados en el asunto les grité que nosotros la habíamos visto primero, pero apenas me prestaron atención. Nuestro pasado inmediato no conmueve a nadie. En Europa, los que tienen prioridad para opinar son los griegos. Y ahí anda Petros Márkaris hablando ante un auditorio repleto, más parecido a un político que a un escritor. Grecia nunca debió ingresar en el euro. La revolución no es posible, es necesario ir paso a paso para salir de la crisis. El problema de los griegos, y sobre todo de los griegos jóvenes, es la falta de esperanza.
Alerta sobre el odio, es decir, racismo, xenofobia, quizá fascismo. Es probable que cuando él diga Grecia los oyentes oigan Europa.
El evento no parece haber sentido el impacto de que su creador y organizador todoterrreno, el medio asturiano y medio mexicano Ignacio Paco Taibo, haya delegado la dirección en sus colaboradores para dedicarse a la política mexicana, y hoy aparezca como escritor invitado. Y ni siquiera los vaivenes de la política española –el Ayuntamiento de Gijón cambió de manos; hoy en poder de Foro Asturias– han logrado interrumpir su rumbo y su mística.
La presencia argentina es numerosa. Se homenajea a Enrique Breccia. Horacio Convertini gana el Memorial Silverio Cañada, Guillermo Saccomanno el Hammett con Cámara Gesell, mientras en las noticias culturales del diario local encontramos la reseña de Un comunista en calzoncillos de Claudia Piñeiro, y se anuncia el estreno de una obra de Rafael Spregelburd. Gracias a la Semana Negra, este rincón (nunca mejor dicho) de España se volvió central en la historia cultural contemporánea. Gijón es la ciudad de nacimiento de Gaspar Melchor de Jovellanos, quizás el escritor español más importante del siglo XVIII. Se llega por tren, bus y mar, y por los mismos medios se puede huir. Digo huir, porque Gijón podría ser el escondite perfecto elegido por un hampón luego de cometer su crimen en alguna capital europea. Con tantos escritores, los sospechosos pasan a ser las personas comunes que cometen el pecado de ir de su casa al trabajo y del trabajo a su casa, previa y posterior parada en el bar. Cuesta creer que en este ámbito bucólico el tema sea el crimen y sus derivados, pero cada ciudad tiene su asesino, así como cada Gijón tiene su escritor negro, incluso sus crímenes. Eso cuenta Arantza Margolles, en el blog "El crimen de ayer", que se ocupa de crímenes resonantes, entre ellos el shakespeareano "envenenador de Cimadevilla", un ayudante de cocinero que por despecho personal agregaba gotas de un remedio que él mismo consumía en las copas de sus compañeros.
Pero en estos días de sol y calor, cuesta encontrar malas noticias. El diario local se ocupa de una vaca que escapó luego de herir a su dueño. Al día siguiente dos rumanos aparecen heridos a cuchilladas cerca del recinto de la Semana Negra, noticia que este cronista sospecha falsa, demasiado ajustada a abonar la mística del evento. Ya que de crímenes reales hablamos, el francés A. H. Benotman, ex ladrón de bancos de origen argelino, ilegal en Europa, pero aun así produciendo, editando y trabajando en proyectos ligados al cine y al teatro, declaró que es más fácil robar un banco que escribir una novela
y que la literatura arruinó una prometedora carrera de ladrón
.
Más escritores llegan y se van. Imposible saludarlos a todos, sacarles una palabra para esta nota. Antonio Skármeta se demora nadando en la playa. Nunca tuve la experiencia de nadar en la niebla. Hice doscientos metros y es como nadar en el infinito
, dijo. Habla del cuadragésimo aniversario del golpe de Pinochet en Chile. Defiende las democracias latinoamericanas y las salidas posibles
que encontró cada país. Hay que revalorizar las democracias. Tu vida está asegurada, no sufrirás ni exilios ni secuestros ni tortura ni muerte
, agrega.
Por Javier Chiabrando (Página 12)
Etiquetas: A. H. Benotman, Antonio Skármeta, Arantza Margolles, Cámara Gesell, Claudia Piñeiro, Enrique Breccia, Gaspar Melchor de Jovellanos, Guillermo Saccomanno, Hammett, Horacio Convertini, Ignacio Paco Taibo, novela policial, Petros Márkaris, Rafael Spregelburd, Semana Negra de Gijón, Un comunista en calzoncillos

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