08/07/2013
Fue sin querer
, respondió Irina Ráfols, sobre su viaje a Paraguay en 1989, y que terminó radicándose en Asunción. A veces las mejores cosas suceden cuando uno no las planifica, al contrario que cuando escribimos una novela. Pero ahora quiero quedarme. Tengo demasiados motivos
, comentó.
El próximo miércoles, a las 19:30, presenta su tercera novela, "El hombre víbora", en el Centro Cultural El Lector (San Martín casi Austria). La acompañarán Susy Delgado y Osvaldo González Real.
En el libro, un profesor y su desastroso alumno siguen las pistas de unas cartas dejadas por Boggiani, detrás de los huesos del Kurupi; la búsqueda, en el monte, los encuentra con vestigios de la guerra de la Triple Alianza.
–¿Cómo y cuándo surge la idea para escribir "El hombre víbora"?
–Desde la facultad, con el tema del Kurupi. Después me impresionó el tema de la guerra de la Triple Alianza. Estos temas están conectados.
–¿De qué manera elaboraste la construcción narrativa de la historia, y cuáles fueron tus fuentes de inspiración?
–Básicamente al comenzar a escribir ya tenía la idea de cómo quería terminar, quería contar la historia en dos tiempos, la actualidad y la posguerra. Jugar con los saltos en el tiempo y dejar a los personajes que hablaran lo que quisieran, en lugar de narrar demasiado.Mi inspiración fue el mito del Kurupi, la guerra de la Triple Alianza. Y un par de viajes maravillosos que me hice a Humaitá, donde entré en contacto con vestigios de la guerra, investigué, hablé con la gente, escuché las historias que contaban, visité museos. Las municiones que me traje a casa, bueno, no me traje un arsenal, 3 o 4 nomás. En varios momentos cuando escribía la novela las agarraba, las sentía en las manos y me imaginaba cosas, me ayudaban a enfocarme en lo que quería decir, me empujaban a imaginar y a creer lo que imaginaba. Eso es primordial, el escritor tiene que creerse lo que escribe para poder introducir al lector dentro de ese mundo posible.
–¿Cómo fueron tus hábitos de escritura?
–Escribo desde los doce años sin detenerme, empecé escribiendo a mano, después pasé a la computadora, era inevitable. La posibilidad de preparar bien el texto era una ventaja. Escribo en cualquier momento. No necesito que haya silencio, además es imposible el silencio desde el apartamento donde vivo, los autos van y vienen todo el tiempo. Pero cuando me decido a escribir no escucho nada. No se necesita un clima ideal para escribir, si fuera por eso sería muy difícil. Ahora no me separo de la notebook. A veces escucho música instrumental mientras escribo y tomo café o mate.
Por Carlos Miguel Giménez (LaNación.com.py)
Etiquetas: Centro Cultural El Lector, El hombre víbora, guerra de la Triple Alianza, hábitos de escritura, Irina Ráfols, novela, San Martín casi Austria

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