08/07/2013
Los jóvenes escritores españoles son una ganga, son el producto más "competitivo" de la marca nacional, ya saben, barato, de calidad y perfecto para hacer que la cadena de producción de novedades no se detenga.
Son jóvenes, han terminado su novela, tienen otro trabajo o algo que se parece a uno, aceptarán un anticipo muy bajo –ni mileurista- por la publicación de su escrito realizado a ratos libres. Peinarán el mapa de librerías y centros culturales del país defendiendo su novela. Además, se autopromocionan en las redes sociales y no tienen agentes que les representen.
El bajo coste de producción de sus obras les hace rentables a todos, y algunos hasta tienen éxito. Este año tres autores confirman que las apuestas por ellos recogen suculentos frutos: Jesús Carrasco, Dolores Redondo y Natalia Sanmartín han logrado lo que nunca había pasado, que autores sin aval de mercado hayan pegado pelotazo en el extranjero.
La mesa de novedades cambia todas las semanas. El mercado editorial y los medios de comunicación son una máquina de machacar novedades y como tal necesita alimentarse. Es un buen momento para los escritores jóvenes
, explica Constantino Bértolo, director del sello Caballo de Troya, hábitat natural de la cantera patria desde diez años. Son competitivos porque no se les paga mucho y tienen muchas ganas de vender. Parece que las grandes editoriales les van a prestar atención, es decir, que pondrán dinero para marketing y promoción. Los editores han empezado a pensar que a lo mejor invirtiendo en escritores jóvenes sacan algo. Sobre todo después del agotamiento del best seller. Deben buscar cuáles son los nuevos superventas
.
El reventón de la burbuja editorial y sus anticipos irrecuperables ha provocado el auge del novel, que debe aceptar el deterioro de las condiciones laborales si quiere seguir para adelante.
Son escritores rentables porque sus anticipos son muy bajos, entre 500 y 2.000 euros en el mejor de los casos
, asegura el editor de Península Manuel Fernández Cuesta. Afirma que se mueven mejor que antes, que tienen unas redes sociales en las que se agitan muy bien y consiguen vender los libros de la tirada entre sus contactos. El autobombo estaba mal visto, pero ahora se apoya mucho a quien tiene 20.000 followers
.
Son libros de pequeño tamaño y coste de producción mínimo. Pequeños éxitos que compensan la edición del libro mientras esperas a que alguno despunte. Es un buenísimo momento para el nacimiento del autor español: su libro siempre tendrá coste menor, por ejemplo, frente a los jóvenes extranjeros que necesitan traducción
, reconoce Fernández Cuesta. Las editoriales apuestan por el joven español porque es mejor precio. Tiene más que ver con el coste de oportunidad que con la calidad literaria: si uno triunfa, pelotazo. Si no, recuperas
.
La experiencia de Enrique Murillo, editor de Libros del lince, es diferente: le llegan manuscritos en los que encuentra cosas excepcionales. Dice haber encontrado en un año dos piezas de este tipo por eso le parece un momento excelente
para las nuevas firmas. El texto se impone. Pero aclara que su apuesta no tiene parangón en un gran grupo, porque, dice, que en estos se dedican a mirar el índice Nielsen y si ven que alguien vende mucho le hacen una oferta. No leen libros, leen cifras
.
Quizás Murillo exagere más de la cuenta, aunque las trabas que tienen los editores de las tres grandes empresas editoriales de este país se fijan en sus contratos laborales.
La cláusula variable es la mayor trampa que se han inventado estas compañías para lograr que los editores se esfuercen en contratar libros que sean capaces de vender como se vendía antes. Porque su sueldo va en ello: si cumplen sus objetivos de beneficios para el año podrán cobrar íntegramente el salario. Los objetivos que marcan las editoriales son inalcanzables, porque son las mismas cifras de hace varios años, cuando el sector no sufría el mayor batacazo en ventas de su historia.
De esta manera, a pesar de que el maniatado editor ha sido forzado a contratar y publicar según resultados para salvar su salario –nunca lo logran-, la empresa se ahorra una parte importante en sueldos y la exigencia por la venta –en vez de por la calidad literaria- se mantiene intocable.
En este panorama perverso, previsto por los capos de las editoriales, no caben las sorpresas si no hay seguridad –nunca la hay- de la fuerza y calidad de un producto capaz de alterar los nombres de siempre en la lista de los más vendidos.
Eso no quiere decir que el joven autor no tenga lugar entre las grandes, porque en todo este cambalache las mejores cuentas salen cuando un desconocido por el que se ha pagado 2.000 euros consigue alrededor de 20 contratos para ser traducido en 20 países y una productora de cine monta película con guión inspirada en la obra.
Ahí asoma la mayor cualidad del editor, la de vaticinar la garantía del éxito. Las editoriales arriesgan con los jóvenes, ¿para qué están si no?
, se pregunta la agente literaria Palmira Márquez, gestora del éxito de El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartín.
Márquez cuenta que su experiencia le ha demostrado que el texto manda, que si tienen entre manos una buena obra publican. Los que apuestan poco por las nuevas voces son los medios de comunicación
. Sin embargo, no es hasta que el libro se ha calentado cuando invierte en tiradas mayores y una buena campaña de marketing. La estrategia está más que ensayada, ocurrió con El tiempo entre costuras de María Dueñas y ha pasado con El guardián invisible de Dolores Redondo e Intemperie de Jesús Carrasco.
Por Radio Nederland Internacional
Etiquetas: jóvenes escritores españoles, novela, Jesús Carrasco, Dolores Redondo, Natalia Sanmartín, Constantino Bértolo, Manuel Fernández Cuesta, novbel, editoriales, Enrique Murillo, agente literaria, Palmira Márquez, El despertar de la señorita Prim, El tiempo entre costuras, María Dueñas, El guardián invisible, Intemperie

, escribe aquí tu comentario