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Mapa de riesgos - España España

02/07/2013

Hace unos años se atrevieron con el vino. Se acordarán, no hace mucho. Todo aquel que quería ser alguien, debía saber de vinos. La de veces que he pasado vergüenza en un restaurante cuando el último idiota, con la intención de impresionarme, realizaba –sin tener realmente ni idea- todo el ritual. Primero, elegir la botella. Había que dejar caer algunos nombres en francés (siempre comenzando con "Château") y cuatro o cinco años: ¿no tiene nada de la cosecha del 82? ¿Y de la del 89?. Todo para terminar eligiendo un rioja. Segundo, el rollo de mover la copa en el aire, mirarla al trasluz y luego enjuagarse la boca (recuerdo a uno que llegó a hacer gárgaras). Era el momento de soltar expresiones como tiene cuerpo y palabras como taninos y afrutado. No se me olvidan las miradas cómplices del camarero –todos los camareros de Barcelona son mis amigos- como diciendo: menudo gilipollas te has traído esta noche, Margaret.

Luego llegó lo de los whiskies de Malta. Más de uno y más de dos que toda la vida habían pedido "DIC con Coca cola" en vaso de tubo, ahora, para parecer "cool" o "in" o … tenían que beber whisky de malta en vaso bajo. Aparecieron en el mercado español un montón de marcas de este tipo de whisky (antes sólo había una, Glenfiddich) y las expresiones pasaron a ser: sabor a madera, procedente de las highlands escocesas o añejado en barricas de roble americano. Cuánto subnormal, tú. Al final, lo de siempre: el cliente pagaba el triple por algo que no era tan bueno y además tenía un precio de fabricación similar al del whisky segoviano.

Ahora la moda son las ginebras. Y a mí ya se han hinchado las gónadas. Que se pongan a hacer mariconadas con el gin-tonic es algo que no soporto. Hasta ahí podían llegar las bromas, hombre.  Pero es que hasta se organizan "workshops" para preparar gin-tonics. Con lo fácil que ha sido siempre. De verdad que… ¿Y la de cosas que añaden a la ginebra? Que si frutos del bosque, que si sandía, ¿¡Fresas?! ¡¿Maracuyá?! … El otro día, mi acompañante se pidió un gin-tonic al estilo de la dehesa. Imaginen mi sorpresa cuando me informó que los trozos de algo que reposaban en el fondo de la copa de balón (el vaso de tubo es de pobres) eran pedazos de filete de ternera rebozado. Por lo visto hay una tónica especial para ese bebedizo. Y costaba una pasta. ¿Cuánto? No lo sé, soy una señora y siempre me invitan.

Todo esto –como ustedes ya habrán adivinado- son montajes que organizan las marcas de bebidas alcohólicas para vender más. Marketing del de toda la vida. Pero una que ya tiene mucha mili, no cae en estas estupideces.

Lo mismo ocurre –cada día más- con la literatura. Un libro, como una ginebra, es bueno o malo. Y punto. Pero hay que vender, claro. Les doy algunos nombres que seguro les sonarán: "Chick-lit", "Alt-lit", "Generación Kronen", "Generación Nocilla", "autoficción",…

Cuando una editorial o un medio de comunicación [Da igual quién empiece. Editoriales y medios pertenecen al mismo grupo, con lo que…] lanza una generación literaria o publica artículo sobre un grupo de escritores jóvenes, lo que está intentando es –normalmente aprovechando el tirón de uno de ellos- colocarnos al resto. La editorial juega con esa tendencia que todos en el fondo tenemos de querer sentirnos especiales, parte de una élite.

El resultado es que acabamos comprando libros infumables para que nuestros amigos vean que estamos a la última. Es un truco muy viejo, ya lo sé. Pero –así somos de tontos- sigue funcionando.

Pero aquí está la Patrulla de Salvación, no se preocupen. ¡Los engaños se van a acabar! Con la ayuda de la patrullera Mary –nuestro nuevo fichaje para la temporada 13/14-, que en la vida civil trabaja en una compañía de seguros, hemos diseñado un MAPA DE RIESGOS para que usted sepa dónde pone las bombas el enemigo y no caiga en sus trampas. Es tan fácil, hoy en día, pisar una mina…

Por Patrulla de salvación

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