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Un escritor entre miles de aspirantes: a la caza del mirlo blanco - España España

27/06/2013

De seguir a la baja las cifras de ventas de libros y al alza –exponencial– las de aspirantes a escritor, va a acabar cumpliéndose la profecía de Julio Cortázar cuando vaticinó una sociedad con más autores que lectores.

Tecleo en Google "taller de escritura" –así, con comillas, para acotar la búsqueda– y me aparecen 652.000 resultados.

No, no lo han leído mal ni se me ha colado un cero. ¡652.000 referencias!

Miles de alumnos se inscriben cada año en esos talleres y cursos, desde los más sencillos, de unas pocas jornadas en una biblioteca o ateneo, a los másteres universitarios de un par de años. Algunos escritores han encontrado en ellos, como docentes, un buen complemento salarial en unos tiempos en que las ventas –y por tanto los ingresos– caen en picado.

Y de miles de alumnos, salen miles de manuscritos.

Se nota el aumento del paro, me cuenta Gregori Dolz, director de la editorial Alrevés. Hay mucha gente que ha perdido su trabajo o está mal pagada y quiere probar suerte en la literatura. Déborah Albardonedo, agente literaria de bastantes escritores noveles –inició su actividad en 2010–, cree que más que el paro que sí, ha hecho que mucha gente tenga más tiempo libre, se trata de una moda.

La escritura como terapia

Sin negar ninguna de las dos causas anteriores, Pau Centellas, de la agencia literaria Silvia Bastos –una de las más prestigiosas de nuestro país–, va algo más allá y cree detectar en el fenómeno un elemento que podríamos calificar de psicosocial: mucha gente escribe como terapia y vuelca en una novela sus experiencias personales, sus vivencias o sus ideas. Es muy respetable pero me parece que no es suficiente si no va acompañado de mucha lectura previa y de una cierta técnica.

Sea como fuere, no damos abasto con los originales, reconocen todos ellos.

Por eso, muchas editoriales y agentes han tenido que limitar su recepción. Aunque solo leyéramos las cinco primeras páginas de cada manuscrito que recibimos, no podríamos con todo lo que nos llega, puntualiza Pau Centellas. Hemos tenido que poner una nota en la web diciendo que no aceptamos manuscritos no solicitados, corrobora Blanca Rosa Roca, directora de Rocaeditorial. Solo leemos los que ya han superado algún filtro previo, como un agente, un concurso e, incluso, algún librero al que un cliente o amigo le ha dado un original para conocer su opinión.

A la caza del mirlo blanco

Una editorial media española recibe docenas de manuscritos cada semana, tanto por la vía tradicional –impreso– como por email. Doy fe. "Mira", me decía no hace mucho un editor señalando una fila de estanterías cubiertas por cientos de novelas inéditas encuadernadas con el canutillo negro de las copisterías, esto es de los últimos cuatro meses. ¡Ostras!

Ante tamaña avalancha, ¿cómo se detecta un mirlo blanco, un autor de éxito en ciernes? Oficio. Y mucha mili.

Hay textos, la mayoría, que se descartan por si solos desde la misma carta de acompañamiento, con faltas de ortografía o mal redactada; otros no pasan la prueba del algodón, o sea, la lectura de cinco páginas del principio, cinco intermedias y cinco finales.

Si superan esta fase, les aguarda un lector –un/una, ya saben– que hará el informe correspondiente. No hay nada garantizado aún. Que te publiquen una novela –explica Dolz– es muy difícil; que venda, es veinte veces más complicado.

Vale, la cosa está difícil pero mirlos blancos, haberlos haylos.

De hecho, se puede hablar de una nueva categoría en la que entran fenómenos como los de María Dueñas –una profesora de instituto que se hinchó a vender ejemplares de su primera novela, El tiempo entre costuras (Temas de Hoy)– o Carlos Ruiz Zafón –un escritor de novelas juveniles que se convirtió en bestseller mundial con La sombra del viento (Planeta)–.

Y todo el mundo quiere una dueñas o un zafón.

Siendo muy dificultoso, y aunque parezca paradójico, en la actualidad es más fácil publicar una primera novela que una segunda o una tercera si las anteriores no han ido como un tiro. Son cosas de la crisis. Y siempre que se trate de buenas novelas, claro.

Veamos. Un autor novel recibe un adelanto mínimo –si lo recibe– y pueden suceder dos cosas con él: que no funcione, con lo que la pérdida económica es asumible; o que sea un éxito y nos hallemos ante un nuevo mirlo blanco. Si se queda a medio camino, lo tiene casi igual de mal que si no vende.

Los autores que llevan dos o tres novelas que han funcionado moderadamente se encuentran, también, ante una situación compleja. Con la crisis –señala Pau Centellas– las ventas han caído y ha llegado un punto en el que ni la editorial, por razones económicas, ni el autor, por cuestiones de prestigio, pueden permitirse un fracaso, aunque sea relativo. Aquellas carreras prometedoras, en las que una editorial invertía en un autor a medio o largo plazo, han quedado en standby, a la espera de que el panorama se aclare. Si se aclara.

Me pica la curiosidad y reviso las biografías de algunos de mis autores de cabecera y, en efecto, una buena parte de ellos empezó a triunfar a partir del tercer o cuarto libro. Hoy la cosa sería muy complicada para ellos.

No hay fórmulas mágicas

Lo malo –o lo bueno, según cómo se mire– del asunto es que no hay fórmulas mágicas ni algoritmos estilo Numbers que permitan detectar un éxito.

Y esos éxitos pueden aparecer de la forma más insospechada.

Por José Luis Ibáñez Ridao (ZoomNews.com)

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Etiquetas: escritores, autores, Julio Cortázar, Taller de escritura, Gregori Dolz, editorial Alrevés, Pau Centellas, agencia literaria Silvia Bastos, Blanca Rosa Roca, Rocaeditorial, El tiempo entre costuras, María Dueñas, Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento

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