27/06/2013
Nombres como Alberto Migré, David Stivel, Alejandro Doria o María Hermina Avellaneda son prueba evidente de que alguna vez, entre nosotros, existió una televisión de autor. ¿Hoy puede hablarse de una continuidad de ese fenómeno? Voces de la industria polemizan sobre la cuestión y analizan el rol de guionistas y directores en la ficción local.
Adueñarse de un estilo, ser una marca reconocida, trazar una línea a la que otros quieran seguir o hacer la diferencia: en conjunto, de esto se trata ser el autor de algo, una paternidad ejercida a través del control del proceso creativo de principio al fin de manera tal que el resultado porte un adn con nombre y apellido. No obstante, cuando una obra es el resultado de muchas partes, determinar el autor no resulta tan sencillo como fijar de quién es tal libro o tal pintura. En el cine, suma de muchísimas especialidades, nadie duda, sin embargo, de que el director sea el responsable principal de la película. En cambio, en las ficciones de televisión, en las series, tiras, unitarios, aún permanece en una zona difusa cuál es el rol del director y en qué medida se lo considera "autor" del producto final.
Distintos y reconocidos directores de ficciones televisivas respondieron la pregunta sobre si puede hablarse o no de una "tevé de autor". Para el director Daniel Barone (Poliladron, Verdad/Consecuencia, Vulnerables, El puntero), se trata de un concepto muy amplio que incluye los proyectos escritos y dirigidos por los mismos directores y los otros, donde se dirige y ejerce una "mirada autoral": En una estructura narrativa que depende tanto de la imagen, la mirada del director, sin dudas, genera autoría. La mirada autoral del director interpreta un recorrido narrativo con una mirada ética de lo que uno le quiere dar a un personaje o a toda la estructura narrativa. Son las preguntas que uno se hace cuando interpreta un texto. Luego, la puesta en escena expresa y completa lo que dice la partitura sin modificar la esencia del contenido y esa mirada se traduce en la estética
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Sobre esas dos maneras de entender lo autoral también se refiere Diego Suárez (Tiempo final, Los Roldán, El tiempo no para, La Lola) al diferenciar, por un lado, las productoras que generan los proyectos e involucran un equipo de gente, consultando y desarrollando la autoría en cada una de las partes
y por otro, quien genera el proyecto desde el guión, gana un concurso y así logra la realización, es decir, es guionista, director y productor
. Pero en ambos casos, para Suárez no dejan de aportar su autoría todas las partes que lo forman
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Quien logra diferenciar mejor la discusión es Daniel Alvaredo (Un cortado, Cuentos de Fontanarrosa, Tinta argentina y docente en la Universidad de Belgrano) al poner en claro que una cosa es el justo reclamo de los directores por sus "derechos de autor" y otra es la "tevé de autor" a la que pone en perspectiva histórica: Si la comparamos con el llamado ‘cine de autor’, el de aquellos críticos cinematográficos que devinieron en escritores y directores de sus obras, la nouvelle vague, me pregunto si se puede trasladar esto a la tevé. Creo que sería aquel contenido para televisión que es producido de manera ‘artesanal’, un contenido que intenta despegarse de la producción industrial convencional. Lo contradictorio es que para perdurar, la tevé de autor tiene que sumarse a la producción industrial convencional, si no no es sustentable en el tiempo, se agota y desaparece. A partir de esta reflexión sobre el negocio y sus productos, entonces la tevé de autor podría ser aquella en la que el director participa activamente y es sujeto generador de realización del contenido, tal como lo era en los inicios de la televisión argentina
, dice refiriéndose a la época de los guionistas Alberto Migré, Abel Santa Cruz o Celia Alcántara, y a directores como Martín Clutet, María Herminia Avellaneda, Martha Reguera o David Stivel. A partir de los 90, los canales abandonaron la producción de contenidos, que se delegó a productoras independientes.
La tevé de autor –explica Alvaredo– era la de esas productoras. Y hoy, está en los contenidos para la Televisión Digital Terrestre (TDA), para el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentinos (BACUA), donde se incorporan una importante cantidad de directores noveles o no tan noveles que con estructuras de producción mínimas toman decisiones.
Resumiendo: por un lado, el director es coautor porque recrea lo escrito e impone su mirada autoral, si bien se ha sentido relegado en su poder de decisión a partir de los 90 por el productor. Por otro, lo estrictamente autoral, el combo guionista-productor-director que tiene algunos ejemplos actuales como Damián Szifrón (Los simuladores, Hermanos y detectives), Leonardo Bechini (El signo), Juan José Campanella (El hombre de mi vida), entre los más conocidos.
Pero si hablamos de televisión, hablamos de industria y de sus reglas de las que nadie puede escapar porque es, fundamentalmente, un negocio. Por eso, Martín Saban (Padre Coraje, Valientes, Sos mi hombre) elige el término "sintetizador": El trabajo del director de ficción en tevé como trabajo de autor tiene varios enfoques. Desde lo creativo, implica sintetizar todas las miradas y sumar la propia pero enfocado hacia lo que se busca como resultado final. Todo el trabajo de las diferentes áreas se sintetiza cada vez que el director da por buena cada escena. Pero de nada sirve contar con una enorme capacidad creativa si el director no puede diseñar una puesta en escena o definir un movimiento de cámara, sin tener una mirada absoluta sobre el tiempo del que se dispone para contar las quince o veinte escenas que conforman el día de rodaje. La productividad es la ‘unidad de moneda’ que se usa para medir parte del negocio y es tan importante como el aspecto artístico o creativo del director
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Por Leni González
Etiquetas: Alberto Migré, Alejandro Doria, Damián Szifrón, Daniel Alvaredo, Daniel Barone, David Stivel, Diego Suárez, guionistas, Juan José Campanell, Leonardo Bechini, María Hermina Avellaneda, Martín Saban, tevé de autor

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