26/06/2013
Hay libros que llegan a las librerías con carrerilla previa o, en casos como el que nos ocupa, ya en pleno salto a la cumbre. No sin ciertos méritos, digamos eso de entrada. Y se benefician de las posibilidades de mercadotecnia que eso genera. Nada que objetar. Al contrario: es fantástico, cuando no hay trampa, que un libro venga empujado por esa especie de imperativo, esa vox pópuli que nos ordena comprarlo, devorarlo y aconsejarlo; una especie de "pásalo" libresco, casi un ritual social.
Es muy posible que eso vaya a ocurrir, que esté ocurriendo ya, con Joël Dicker. Bien. Quizá el lector que tenga una mínima cultura literaria se ofenda al leer las comparaciones previas con Nabokov y con Philip Roth. Son injustas, sí, pero no con Nabokov y Roth, intocables ya, sino con Dicker. La presencia de una Lolita, aquí llamada Nola, y las decenas de guiños a "La mancha humana", justifican la mención referencial, pero en ningún caso la comparación.
Hablemos, entonces, de lo que el libro sí es: Marcus Goldman, joven escritor en plena crisis creativa después de un éxito tremendo, decide visitar a su viejo maestro y mentor, Harry Quebert autor a su vez de una celebérrima novela en el pequeño pueblo de Aurora, New Hampshire, con la esperanza de superar allí el terror a la página en blanco. De manera casual, Goldman descubre que Quebert tuvo en el pasado una relación con una menor, Nola, cuyo cadáver aparecerá, en las páginas siguientes, enterrado en el jardín del maestro. (No te inquietes, lector, esto no es un "spoiler"; hasta en la solapa se cuenta así.)
Por Enrique De Hériz (ElPeriódico)
Etiquetas: Joël Dicker, Philip Roth, Nabokov, La verdad sobre el caso Harry Quebert, Lolita

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