14/06/2013
Éste es un artículo sobre Jonah Lehrer, ex escritor de The New Yorker caído en desgracia que recientemente, ¡ay!, consiguió un contrato para escribir un libro sobre el amor. (Sí, el amor) Pero quisiera empezar recordando a otro ex escritor de revistas también caído en desgracia: Stephen Glass.
Stephen Glass fue hace tiempo el niño maravilla de Washington, que escribía artículos notables llenos de escenas y citas fabulosas. Pero resultó, por supuesto, que muchas de las escenas y citas eran producto de la imaginación de Glass y que 42 artículos suyos, escritos en un lapso de dos años y medio, fueron inventados total o parcialmente.
The New Republic, su patrón principal, lo despidió. Otras revistas que habían publicado su trabajo anunciaron que investigarían. Y para rematar su humillación se hizo una película sobre la forma en que el editor de The New Republic, Charles Lane, expuso las patrañas de Glass.
En los quince años transcurridos desde que fue despedido justificadamente del periodismo, Glass ha llevado una vida ejemplar. Después de su caída, él juró que llevaría una vida honorable y honesta y lo ha cumplido. Pasó años en terapia para llegar a aceptar lo que había hecho y les pidió perdón a quienes había traicionado.
Y en 2004 fue a trabajar de asistente legal para un abogado de Los Ángeles que suele representar a los desposeídos. Desde hace años, Glass ha tratado de ser admitido por la barra de California, pero ésta lo ha rechazado, diciendo que carece del carácter necesario para ser abogado. Empero, no puedo pensar en nadie que merezca más una segunda oportunidad como Stephen Glass.
Y no puedo pensar en nadie que la merezca menos que Jonah Lehrer.
No ha pasado ni siquiera un año desde que se descubrieron los pecados periodísticos de Lehrer: él reciclaba sistemáticamente trabajos anteriores para un blog de ciencia popular que había iniciado en The New Yorker. (Su trabajo parece estar basado conscientemente en el de Malcolm Gladwell.) Entonces, Michael Moynihan, soltó una bomba en la revista The Tablet: En su exitoso libro "Imagine: How Creativity Works", Lehrer inventó citas que le atribuyó a Bob Dylan. Moynihan continuó con ejemplos de plagio a la vieja escuela en un libro anterior de Lehrer. Varias personas citadas por Lehrer aseguraron que nunca habían dicho las palabras que se les atribuía. Inevitablemente, The New Yorker y Wired, para la cual también escribía Lehrer, cortaron sus vínculos con él. En esos momentos, Lehrer quedó obligado a ... ¿a qué exactamente?
Por Joe Nocera / New York Times News Service / ElUniversal
Etiquetas: Jonah Lehrer, Plagio, Stephen Glass, The New Republic, Charles Lane, The New Yorker, Malcolm Gladwell, Bob Dylan

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