31/05/2013
En algún libro leí que un crítico ruso decía que la literatura se transmite de tíos a sobrinos. Es una teoría que de seguro suscribió en su momento algún refinado escritor local. Creo sin embargo que los legados son más directos. Sé que en su juventud a mi padre lo animaba el deseo de escribir –queda perdido algún atisbo de diario, alguno que otro poema– y que mi temprana decisión de ser escritor, anterior casi a saber leer, se liga con el impulso de tramar un sólido lazo con mi padre. A mi vez, apenas supe que iba en dirección a la palabra escrita, fantaseé con tener un hijo –iba a ser varón, iba a llevar mi nombre-, y, donde yo no, él sí, iba a ser un escritor genial. Yo sacrificaría mi propio destino para la consagración de mi hijo.
Claro que la paternidad reorienta los primeros designios. O tal vez no. Hace un par de noches, mi hija me dio a leer un relato que ya lleva seis páginas. Fui atento y prudente, mientras desbordaba de temor y de orgullo, y le marqué un par de repeticiones para hacer la figura del autor ejemplar. ...
Por Daniel Guebel (Perfil.com)
Etiquetas: escritor, poema, escribir, autor, palabra escrita

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