28/05/2013
Leer una novela de Rodrigo Fresán es siempre un viaje a una galaxia insondable. No es como meterse a un simulador acuático, sino como flotar, sentir como que uno alcanza más que sus propios contornos, como si nuestra mente fuera capaz de llegar al infinito y más allá.
¿Cómo lo logra? Eso es una incógnita, incluso para él, pero de lo que no cabe duda es que la ciencia ficción siempre ha estado allí, aunque Fresán nunca haya escrito una novela del género. Pero la última parte de su novela Mantra transcurre en una ciudad de México apocalíptica donde un robot busca a su madrecita computadora, y en su más reciente novela, El fondo del cielo, relata la historia de unos chicos fanáticos del género.
No es casualidad su gusto por este tipo de historias. Su madre se casó con Francisco Porrúa, editor de Cien años de soledad y de Rayuela y fundador de la colección Minotauro de ciencia ficción.
En el lobby del hotel donde se hospedó en su visita enmarcada en el 29 fmx-Festival de México, Rodrigo Fresán charla por web con su familia que radica en Barcelona. Su esposa y su hijo son mexicanos, Rodrigo nació en Argentina pero lleva más de 15 años viviendo en España.
- ¿Pagarías por viajar al espacio?
No pagaría por viajar a ningún lado, cada vez me gusta menos viajar.
- Bueno, estar, ¿te gustaría estar en el espacio?
Yo ya estoy en el espacio. Ok, ok, puedo entender la fantasía de un oficinista de viajar al espacio, pero si se es escritor, todos los días te levantas y es “10, 9, 8, 7…” y después vuelves en paracaídas en la noche. Lo que sí es que tengo mucha admiración por los astronautas. Me puse triste cuando murió Neil Armstrong, él se supone que no debía morir, tenía que haber recibido alguna radiación en la Luna.
- ¿Si no hubieras sido escritor qué te hubiera gustado ser?
No tengo idea. No había opciones. Yo no soy creyente pero tengo memoria de que siempre quise ser escritor y haber podido serlo me dota de un cierto pensamiento religioso de agradecimiento a algo desconocido. La mayoría de las vocaciones infantiles son ser corredor de la fórmula uno, futbolista, ser actor famoso, son vocaciones frustradas y que tu primera y única vocación no se haya frustrado es algo que vivo con mucho placer. Por eso mis libros siempre están llenos de escritores, porque tengo una construcción completamente romántica de la vida del escritor.Mi amigo Alan Pauls siempre me desafía a que en mi próximo libro no aparezca un escritor y dice que me paga la cena en el mejor restaurante, y yo acepto, pero a las cuatro páginas sucumbo. De hecho, el libro que escribo ahora va a ser el más extremo en ese sentido y no sé adónde ir después porque transcurre adentro de la cabeza del escritor; no se puede ir más profundo.
Por Alejandro Flores (El Economista)
Etiquetas: El fondo del cielo, Rodrigo Fresán, Mantra, ciencia ficción, Cien Años de Soledad, Rayuela, colección Minotauro, Neil Armstrong

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