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La novela como género: ¿declive o renacimiento? - Varios Países

09/05/2013

Cerca de 20 escritores españoles y latinoamericanos opinan sobre la crisis de la categoría literaria

El desarrollo continuo y exponencial de las tecnologías transforma el mundo tal y como lo conocemos constantemente. Ante esta influencia, preguntamos a una veintena de escritores españoles y latinoamericanos por sus opiniones respecto al futuro de la literatura y, más concretamente, de la novela a través de tres preguntas: 1 ¿Qué es una novela hoy en medio del cambio de paradigma tecnológico? ¿Se conserva su esencia?; 2 ¿Cuál es el estado de la novela como género en la actualidad? ¿Está en fase de extinción?; 3 Cree que las tecnologías emergentes y soportes de lectura son una amenaza para la novela?

Yolanda Arroyo Pizarro (Puerto Rico)

1- Creo que el cambio viene, pero no es ahora. Aún existen arduos defensores/lectores/escritores del género que lucharán porque permanezca. Pero una década más y me anticipo a decir que la evolución es inminente.

2- No pienso en su extinción, mas sí en su cambio. Cada vez nos encontramos con una mayor cantidad de lectores que se rehúsan a adquirir/leer novelas de extensión extendida. Prefieren el hiperrealismo, la escena activa, el microrrelato, el micro- capítulo. Además, se va privilegiando cada vez más el texto multilingüe, una novela que en tiempo real pueda ser leída por más de un lector multi-idiomático. El escritor tiene ante sí una lucha por defender el género de si mismo, es decir, tiene que entretener mientras compite con una infinidad de otras distracciones y ello obligará el cambio novelar.

3- Creo que estos nuevos soportes modificarán la manera de novelar, y aquellos que se vayan haciendo expertos en la materia, serán los escritores que sobrevivirán y sobresaldrán en esa nueva manera de escribir. Ya sucedió antes cuando la longitud de la novela fue modificada por los lectores modernos. Ya nadie lee novelas de 400 o más páginas.

Pablo Casacuberta (Uruguay)

1- Primero que nada, hay que establecer que la novela como la conocemos es en sí misma el resultado de un cambio tecnológico, la imprenta. Más que cambiar estructuralmente, hoy la novela ha pasado a estar inserta en un panorama muy denso de intercambio de información y de estímulos visuales. Por lo que es probable que, cada vez más, la novela se vea rodeada de elementos subsidiarios y multimediáticos, como entrevistas, adaptaciones audiovisuales o exploraciones gráficas de su contenido, de tal forma que el texto en si mismo se tome como el punto de partida para una serie de ampliaciones hipertextuales. En buena medida este proceso ha venido desarrollándose por décadas, pero internet ha puesto al lector en una posición de explorador con acceso inmediato a ese "mundo ampliado" del libro, una tarea que antes era exclusivamente bibliográfica y que demandaba una lenta y concentrada investigación.

El escritor uruguayo Pablo Casacuberta en 2011.

2- La novela ha sobrevivido no sólo por su insustituible demanda de colaboración con el lector en la construcción de un mundo ficcional, sino también por su capacidad de asimilar e incorporar innumerables gramáticas de otros géneros, valiéndose de códigos del cine, de la radionovela, de la televisión, del diario personal, del blog. No podemos evaluar la salud de la novela actual en función de su parecido con Madame Bovary o con Rojo y Negro, sino en virtud de la vigencia de un modelo de interacción. La novela sigue suponiendo un autor que invita al lector a generar en complicidad un mundo en común, del cual el texto apenas aporta unas pautas muy generales, que deben ser convertidas en escenas y personajes de carne y hueso mediante un sostenido esfuerzo de lectura. Esa dinámica no ha cambiado, y no parece ser pasible de ser sustituida por otras formas más pasivas de figuración, pues es en esa comunión entre autor y lector que se sustenta la existencia misma del género. El desarrollo del cine y de la televisión coinciden con una explosión de la novela, no con una merma, y todo parece indicar que ese proceso seguirá vigente. Algunas tecnologías, como la rueda o la silla, han cambiado bastante poco desde su invención, pues satisfacen y definen en forma simple una necesidad primaria. Me siento tentado a pensar que la novela pertenece a ese género de invenciones.

3- En el mundo se publican entre dos y tres millones de títulos por año. El volumen de lo publicado en las últimas décadas no ha decrecido sustancialmente. Eso no quiere decir mucho, porque podría estar ocurriendo que el consumo de libros se mantenga estable pero su lectura efectiva decrezca. Sin embargo, considero al libro no como un soporte material sino como un proceso. El proceso de lectura. En qué plataforma material y tecnológica tome lugar ese proceso debería preocuparnos sólo cuando notemos que las personas están dejando de leer en absoluto. Por el momento las estadísticas sugieren que se leen menos libros, pero más información en pantalla. Ese cambio podría interpretarse de varias maneras. Por una parte, podría considerarse que sólo ha cambiado el  formato. Pero hay que tomar en cuenta que cada plataforma tiene una modalidad de atención distinta, y que lo que seguramente esté ocurriendo es que la lectura de pantalla se refiera mayormente a piezas breves, noticias y comentarios. Es decir, que la disposición a leer sea menor en el sentido absoluto. De ser así, la novela irá convirtiéndose en un producto marginal, destinado a ser consumido por cierta élite intelectual. Lo que acaso no resulte muy distinto al lugar que ocupaba en la primera mitad del siglo XX. Sería una pena que eso ocurriera. En otro escenario posible, el libro electrónico acaso realmente conquiste al público, generando un modelo de lector que lleva todos sus libros consigo todo el tiempo, y que sea capaz de generar innumerables vínculos intertextuales. Es demasiado temprano para descartar un desarrollo de esa naturaleza. Mientras la historia elucida esa disyuntiva, el énfasis no debería estar en la difusión del libro como objeto, sino del acto de leer, pues es en todo caso la merma en la lectura lo que debería estarnos preocupando.

Oliverio Coelho (Argentina)

1- La novela conserva su esencia y cualquier pensamiento apocalíptico al respecto es coyuntural. El cambio de paradigma tecnológico puede modificar el modo de leer, pero es prematuro pensar que pueda cambiar, ahora, el modo de escribir novelas. Creo que sigue habiendo grandes relatos. Es más probable que cierta vuelta a la narración más ambiciosa operada en series como Mad men, Breaking bad, Six feet under- intervenga en el imaginario de los escritores e incida en el futuro de la novela. No extinguiendo la novela, sino dándole un nuevo horizonte narrativo que la devuelve a su origen totalizador: género capaz de hilar, bajo el espesor de una voz, vidas, familias, sociedades, procesos históricos, distopías.

3- Si existe una crisis en la novela, es previa a las nuevas tecnologías. Podríamos hablar de un agotamiento formal y de una especie de apatía de algunos escritores contemporáneos por asumir riesgos o encontrar historias potentes, y ni siquiera esto es generalizable, porque siguen escribiéndose grandes novelas y siguen apareciendo escrituras singulares. Por otra parte las nuevas tecnologías y soportes de lectura no hacen más que redefinir el panorama y podríamos ver en ellas un complemento para la literatura: volverla más accesible y cómoda. Habrá gente en el futuro -u hoy- que, aunque no tenga espacio para bibliotecas en sus micro hogares, si tendrá el deseo de leer, y de alguna manera los nuevos soportes de lecturas vienen a ofrecer una solución, una mágica síntesis.

Juan David Correa (Colombia)

1- La novela nunca ha sido un género estático. Es más, su definición está precisamente en su heterodoxia y diversidad de enfoques. Que ahora quepan cosas del mundo virtual no quiere decir que estemos ante el abismo, sino todo lo contrario: estamos asistiendo quizás a uno de las decenas de cambios que el género ha tenido en la modernidad: si en el Quijote cabían las novelas pastoriles, la burla a las novelas de caballería, los refranes populares, hoy los chats, la inmediatez, y los recursos de esta época pueden hacerlo sin escándalo.

2- Lo dudo: hoy se venden más novelas que antes. No es la novela la que está en crisis, es el mundo. Echarle la culpa es cuando menos temerario. Creo que las nuevas tecnologías no acabaran con la novela pues nunca, al decir de Monsiváis, ha sido un género masivo. No se puede poner a competir una cosa con la otra. Los lectores de novelas, que somos pocos, pero seguimos existiendo, prevaleceremos por muchas redes sociales, chats, videos, películas y demás nuevas tecnologías que estén al servicio de la humanidad.

Junot Díaz (estadounidense de origen dominicano)

El escritor dominicano Junot Díaz, premio Pulitzer de novela 2008. / Efe

¿Hay un agotamiento o crisis de la novela como género literario? ¿A qué se debe esta mirada apocalíptica? ¿Acaso las nuevas tecnologías son una amenaza para la novela? Siempre hay una crisis con la novela y la novela sigue marchando. Creo que el arte despierta en mucha gente una especie de incertidumbre. Yo veo la novela como un virus feroz. No somos capaces de matarla. Cada vez que creemos que la entendemos cambia de forma y sobrevive.

Agustín Fernández Mallo (España)

1- 3- Empecemos por aclarar que desde que las sociedades tienen memoria y canon, todo producto cultural nuevo se da cuando algún componente de la cultura profana se introduce en el ámbito de la “cultura valorizada”, operándose entre ambas un intercambio de valores. Sin ese intercambio de valores no hay avance cultural. El nuevo producto es después absorbido por la cultura valorizada y pasa a la tradición y al canon. Y así sucesivamente.

La obra hecha exclusivamente a través de elementos profanos se queda en ese ámbito y no produce cambios sociales ni hace avanzar a una sociedad –es lo que comúnmente llamamos "moda"-. De la misma manera, una obra hecha exclusivamente a través de elementos de alta cultura no produce tampoco cambios en la sociedad –es lo que llamamos erudición-. Ambas prácticas son autistas.

Además, ocurre -y esto también es tan antiguo como las artes-, que toda generación de escritores ya consolidados cree que la historia se termina con ellos, y toda generación emergente cree que es ella quien lo renueva todo. Y en parte es verdad. Algo se extingue para que otra cosa emerja. Pero también algo permanece constante en esa transformación –de lo contrario estaríamos hablando de magia o quimérica metamorfosis-, y lo que permanece constante es la capacidad de contar y entender la contemporaneidad a través del pensamiento, es decir, a través de las palabras. Naturalmente la manera de mostrase hoy todo eso es diferente a hace 50, incluso 20 años. Nadie escribe hoy como hace 50 años, y ni falta que hace. Nadie hace hoy música como hace 100 años, y ni falta que hace. Todo eso ya está en el ADN cultural, incorporado queramos o no. Lo que está en crisis, pues, es un modelo de novela, pero no el género novela. Y digo que está en crisis porque es cierto que la novela ha pasado de ser un arte hegemónico a una manifestación cultural que no posee la capacidad de transformar la sociedad en su conjunto. A lo sumo, mueve algo individualmente, en el lector, pero no es capaz de crear grandes relatos sociales. Esos grandes relatos sociales quedan hoy reservados para el cine, la arquitectura, la música, las ciencias y los sistemas digitales en Red. De cualquier manera, eso no me disgusta especialmente, yo escribo para mí, para investigar mi poética, y creo que eso debería bastarle a cualquiera. Cada época tiene su propio ecosistema –que incluye a todo a todo lo que del pasado se ha trasmitido al presente-, y el creador lo que hace es generar pensamiento con las herramientas que ese entorno le brinda. Sólo eso. Si no, no es creador.

Respecto a las nuevas tecnologías, el campo es enorme. Las tablet, por ejemplo, dan la oportunidad al escritor de crear a través de la palabra, del vídeo, del sonido, convirtiéndose así la obra en un artefacto aún por definir y el escritor en una especie de “compositor” que maneja de manera creativa diferentes lenguajes. En ese campo aún estamos en las cuevas de Altamira, y creo que es lo que tendrá más expansión para generar relatos que expliquen de alguna manera el mundo. Eso sí, reivindico el derecho de cualquiera a crear historias de la manera en que le dé la gana: con ordenador, en papiro o con un cincel sobre una piedra.

Nona Fernández (Chile)

1- 2- 3- Cree que las tecnologías emergentes y soportes de lectura son una amenaza para la novela? La novela es un monstruo vivo, alerta, con las antenas abiertas. Muta, se replantea, se reorganiza, avanza y retrocede, está en constante movimiento. Nunca va a desaparecer porque como buen artefacto artístico se alimenta de su tiempo, de su época, por lo tanto debe contenerlos con todo sus replanteamientos. La novela ha demostrado a lo largo de su vida que es capaz de nutrirse del mundo audiovisual, del mundo virtual, de todos los mundos posibles, porque esa es su principal virtud, la de adaptarse y sacarle provecho y luz a su entorno. La novela no le tiene miedo a las plataformas virtuales, no le tiene miedo a los cambios porque se alimenta de ellos, son los autores los temerosos. Un escritor debiera, lo mismo que la novela, estar a la altura de su época. La novela tiene tantas formas que aún desconocemos, que eso la hace profundamente seductora. Como creador, ¿cómo no querer descubrir hasta dónde pueden llegar sus límites? ¿Tiene límites la novela?

Wendy Guerra (Cuba)

1- Escribo desde otro mundo y siento que en esto somos la excepción. Vivo en Cuba, ese lugar en el que leer una novela es el único modo de comunicarse con la vida real. Entender un personaje es descubrir cómo vive el resto del mundo, nosotros estamos en otro estado, para los cubanos de la isla leer una novela es vivir la vida de los otros. Esa ha sido la esencia de la literatura en estos años. Como casi nadie tiene internet y en nuestras librerías raramente se editan novelas contemporáneas, traerlas y hacerlas circular es un lujo, los amigos hacen cola para leer las novelas de Roncagliolo, Jorge Volpi, Alejandro Zambra.

Entrevista con la escritora cubana Wendy Guerra. / Uly Martin

2- En la medida que existan sociedades cerradas donde la información no fluya con facilidad, una  novela pasa como asentamiento reciente de la historia cotidiana, es para los cubanos oro molido que sirve como ventana para entender cómo se come, se ama, se viste y se respira en el resto de occidente. Una novela escrita ayer en México o Barcelona es un plano secuencia sin corte de lo que puede pasar en Cuba dentro de cinco años. Leer una novela es identificarnos con nuestra próxima sinopsis de vida. Como ves la novela sigue siendo eterna, sobre todos para los que vivimos en desventaja con los medios.

3- Escribo novelas que son diarios de vida, en ellas hago diluir la verdad con la ficción. Este es el único modo de hacerme entender desde una sociedad socialista en extinción. Es por eso que veo los medios como parte importante (aun prohibida) de su circulación. Si estos diarios de vida de una cubana se trasmitieran en vivo por las nuevas tecnologías, la visión interactiva que tengo de la novela sanaría la sensación de encierro que trasmito en mi escritura diaria.

La novela no ha muerto, ha variado con la llegada de este tipo de narrativa que hacemos varios de los autores contemporáneos que, sin querer, imprimimos estilos de supervivencia, y con ellos vamos creando otras estructuras, partiendo del ideal romántico de novela y sus variaciones. Mientras exista una historia que contar o un dolor que sanar, habrá novela, aceptemos todos los soportes que la hagan viajar, perdurar en planos complejos como el mío. Una buena novela es una ventana al mundo y aun puede cambiar la vida de un cubano.

Gustavo Guerrero (Venezuela)

1- La novela nunca ha tenido una esencia ni ha sido un género normativo y eso es justamente lo que le ha permitido transformarse a través del tiempo y adaptarse a las distintas épocas y públicos. Además, ha sido uno de los géneros modernos cuya apertura ha favorecido la integración de las formas narrativas de la cultura popular (lo sentimental, fantástico, lo policiaco, etc.) y ha hecho visibles así a otros grupos sociales ampliando las representaciones que una sociedad se da de sí misma. No creo que, de un día para otro, vaya a dejar de cumplir este papel estético, político y democrático. Lo que ha cambiado es que hoy el libro y la escritura ya no ocupan el centro de nuestra cultura y que la novela, como los demás géneros literarios, está aprendiendo a convivir con otras modalidades de expresión en un nuevo paisaje tecnológico y multimedia. Tengo la impresión de que, para nuestras últimas hornadas literarias, esta convivencia con la tecnología multimedia no constituye un verdadero problema. Hay sin duda algo generacional en esto, pues el problema no se plantea sino cuando se tiene una visión mas tradicional y reificada de la poesía o la novela.

2- No lo creo. Es un género mutante, siempre lo ha sido. Solo que tiene que hacer el duelo de su centralidad y aprender a sobrevivir, como la poesía, en un espacio multimedia y donde las fronteras entre la literatura y los otros modos de representación se han hecho cada vez mas porosas. A mi modo de ver, su presente y su futuro, si se entiende por ello la capacidad de renovación del género, pasa por la doble perspectiva de un recentramiento sobre los poderes propios de la escritura y un dialogo con otros medios. Lo uno por lo otro, lo uno con lo otro. Las dos cosas están estrechamente relacionadas, por supuesto.

3- Obviamente, no. Aunque progresa lentamente en Europa, la difusión, del libro digital no cesa de crecer. Y también la oferta multimedia vinculada a las tabletas. Con ello estamos entrando en un tiempo distinto porque un soporte es siempre algo más que un soporte: es una nueva sensibilidad y la fuente de nuevos modos de lectura, como lo decía Walter Benjamin. Es temprano aun para saber cómo los géneros literarios van a incorporar estos cambios. Pero no es tarde para plantearse la pregunta y tratar de responderla. En todo caso, me parece más interesante que volver otra vez al tópico de la muerte de la novela y la crisis de la cultura contemporánea.

Rafael Gumucio (Chile)

1- 2- 3- Creo que Goytisolo tiene toda la razón y está absolutamente equivocado. Es evidente que la novela no es Europa no está en el centro del debate intelectual y moral. La novela, como la canción de protesta o el rock n rol se ha convertido en una época de la vida, algo que se consume con hambre de los quince a los treinta, pero que deja de ser un tema importante para los mayores de treinta años. No es así en el todo el mundo. En china, en Sudáfrica, en estados unidos, en América  Latina (en algunos países más que en otro) en los suburbios de inmigrante de Londres, París y Nueva York la novela es aún la forma principal de contar la historia. La lista de los más reciente premios nobeles- casi todos ellos novelistas en activo--prueba el punto. Coeetze, Pamuk, Naipaul, Muller, Mo Yan, Vargas Llosa. Viejas glorias, talentos discutibles pero que en general vienen a representar literaturas vivas en que, para bien o para mal se escriben novelas.

El escritor madrileño Javier Montes durante una entrevista en 2010. / Gorka Lejarcegi

¿Por qué en Sudáfrica, en China, en Turquia y ya no en París? ¿Por qué los jamaicanos, los pakistaníes en Londres y no los ingleses? La razón creo que tiene que ver con la naturaleza misma de la novela. La novela es un arte funambulesco. Se parece a caminar sobre la cuerda floja. Para que esta caminata tenga sentido tiene la cuerda que estar lo suficientemente tensa. En un extremo de la cuerda están las leyendas que contaban los padres, los mitos del pueblo, la épica oral, en otro extremo están los informes sociológicos, las tesis universitarias, el discurso culto. La novela cuenta el camino entre uno y otro que emprende lo que por naturaleza han quedado excluido de estos dos mundos. Judíos en nueva york, normando en Paríss (en el siglo XIX). Necesita así comunidades en duda, necesita sujetos en tránsito. Esos sujetos, la clase media que viaja del mito al informe, se encuentra cuestionada, puesta en duda, absolutamente disgregada. La novela que produce, las de Goytisolo por ejemplo, retratan esa perplejidad. En medio de la cuerda floja esa clase media europea que creyó en una serie de seguridades que caducaron de pronto, se ha puesto a mirar el vacio bajo sus pies. El resultado es una sensación de vértigo infinito.

Martín Kohan (Argentina)

1- 2- 3- Confieso que, si de impacto tecnológico se trata, no soy la persona más indicada para pronunciarse. Leo libros en papel. Y los escribo en papel también, no uso la computadora. No es que milite contra la tecnología, lo que me parecería estúpido, sólo sigo mis gustos personales; y mis gustos son tocar el papel en el que leo, escribir a mano lo que escribo.

Si hay un género que se alimenta de sus propias puestas en crisis, en lugar de languidecer por ellas, es la novela. Convertirse en otra cosa es a mí entender un signo de vigencia, no de agotamiento.

Por Winston Manrique Sabogal (ElPaís)

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Etiquetas: escribir novela, género, Yolanda Arroyo Pizarro, Pablo Casacuberta, Oliverio Coelho, Juan David Correa, Junot Díaz, Agustín Fernández Mallo, Nona Fernández, Wendy Guerra, Gustavo Guerrero, Rafael Gumucio, Martín Kohan

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