06/05/2013
En esta época de crisis, las editoriales compiten por aumentar el número de ventas a toda costa. La publicidad es su mayor inversión y la calidad de la obra literaria se pone en riesgo.
La literatura, como muchos otros productos culturales, se ha convertido en los últimos años en eso, un producto. El Capitalismo es una fiera que se extiende, inexorablemente, hacia todos los aspectos de la vida e implanta sus reglas del juego en aquellos sectores que consigue doblegar. Hoy en día, los libros son tratados por muy pocos como fuentes riquísimas en las que el arte y el conocimiento se unen para hacer disfrutar al lector. Muy al contrario, rapaces empresarios se encargan de explotar todas sus facetas.
Los medios de comunicación muestran campañas cuyo fin es engrosar la lista de los más vendidos. Todavía resuena en la mente de muchos aquel anuncio publicitario que Grupo Planeta lanzó para promocionar El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón. Los grandes almacenes también se han sumado a la aventura y es posible encontrar los éxitos de Paulo Coelho en la sección de incienso y velas aromáticas o el último libro de Dan Brown junto a las cajas registradoras. En los últimos años, la literatura juvenil se ha convertido en una de las fuentes de ingresos más ricas para las editoriales y éstas han sabido ver en los jóvenes blogeros, que hermosa e inocentemente se dedican a la literatura, una nueva forma de publicidad. Lanzando campañas que hacen rivalizar a unos contra otros, amenazan a los blogeros con cortarles el suministro de libros si no hacen propaganda de la nueva apuesta editoral. La explicación es muy sencilla: son las editoriales y sus correspondientes editores los principales maquinadores de toda esta trama.
¿Por qué este vil panorama? Dinero. Desde hace varios años, los libros no sólo no producen beneficios, sino que hacen perder capital a las empresas responsables. Los editores se lanzan a la compra desesperada de libros extranjeros para evitar que la competencia se adelante. En general, las apuestas se decantan por superventas históricos (siguiendo la estela de Kent Follett), erótico-amorosos (tras el éxito de 50 sombras de Grey), intrigas históricas (en la línea de Dan Brown) y el sector juvenil, donde vampiros, fantasmas, zombis y hombres lobo invaden la escena. La ingente inversión realizada debe reportarles los mayores ingresos posibles y se apoyan en las campañas publicitarias para ello.
Existe una forma de publicidad bastante inteligente que puede llegar a pasar desapercibida para muchos: los premios. Las grandes editoriales convocan cada año concursos literarios en los que premiar a la obra ganadora con la publicación de la misma y un áccesit de cientos de miles de euros. El problema es evidente: podría existir la posibilidad de que una obra premiada, en la que se ha invertido tanto dinero, no reportarse los beneficios correspondientes a la editorial, lo que supondría la pérdida de millones de euros de la edición y publicación de la obra. Para evitar dicha catástrofe, las editoriales apuestan por escritores consagrados. De este modo, el Premio Planeta ha sido concedido, desde 2004 hasta 2012, a Lucía Etxebarría, María de la Pau Janer, Álvaro Pombo, Juan José Millás, Fernando Savater, Ángeles Caso, Eduardo Mendoza, Javier Moro y Lorenzo Silva.
Por Arantxa Castillo Marín (Vavel.com)
Etiquetas: editoriales, obra literaria, lector, El Juego del Ángel, Carlos Ruiz Zafón, Paulo Coelho, Dan Brown, Kent Follett, 50 sombras de Grey, Lucía Etxebarria, María de la Pau Janer, Alvaro Pombo, Juan José Millás, Fernando Savater, Ángeles Caso, Eduardo Mendoza, Javier Moro, Lorenzo Silva, vampiros, fantasmas, zombis, hombres lobo

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