02/05/2013
Autores como Francisco Hinojosa, Paloma Valdivia y Ricardo Chávez cuentan cómo se acercaron a la literatura infantil
La paternidad es un camino hacia la literatura infantil pero no es el único
, esa es una de las máximas de los narradores y narradoras que hacen literatura infantil. Francisco Hinojosa escribió su primer cuento para niños antes de ser padre, igual que Paloma Valdivia y Ricardo Chávez Castañeda; Juan Villoro siempre ha dicho que muchas de las historias que ha creado nacieron primero como relato para sus hijos, en especial para Inés, su ahora ya no tan pequeña hija, para la que escribió, entre otras, La gota gorda, un relato de amor entre un padre gigante y una hija pequeñita llamada Mini María.
Esos narradores que también escriben para adultos relatan su acercamiento a la literatura infantil que en algunos casos fue generado por la paternidad y en otros por su infancia, por historias que los atribularon y los dejaron sin dormir. En lo que todos coinciden es que al convertirse en padres nació en ellos un escritor distinto o mejor aún, nació una manera distinta de contar las historias para niños.
Cuando nació mi hija me volví entonces un escritor doblemente atento y doblemente asustado a las malas historias del mundo
, dice Chávez Castañeda, autor de Los ensebados y Fernanda y los mundos secretos. Pancho Hinojosa, autor del best seller infantil La peor señora del mundo afirma: Mi primer cuento para niños, A golpe de calcetín (1982), lo escribí antes de ser padre. Muchos de los que le siguieron tienen algún vínculo con mis hijos. Y ciertamente algunos pasaron de ser contados a ser escritos
.
Juan Villoro siempre ha celebrado la literatura infantil como literatura mayor; una literatura que ha surgido de su infancia como El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica y El taxi de los peluches; pero también de su paternidad como El libro salvaje y La gota gorda. También ha dicho que la mejor manera de hacer lectores es que los adultos les lean.
Lo mejor que le podría suceder a un niño es que un padre, una madre o los abuelos le lean cuentos porque eso automáticamente convierte el arte y la lectura en una forma de afecto, de tal forma que cuando los niños son adultos encuentran un eco de aquella primera voz que les asoció la imaginación con el aprecio y el cariño
. Y lo dice lector tardío de libros para niños.
Él, que es un escritor consumado y se mueve en terrenos distintos, pisa la cancha de la literatura infantil con confianza, es ese padre gigante que no suda la gota gorda pero llora lagrimones salados cuando sólo imagina lo que podría pasarle a su hija si él no pudiera ayudarla.
Una emoción que a cualquier padre le embarga.
Nacieron escritores antes de ser padres y ahora son escritores tocados por la paternidad.
La escritora chilena Paloma Valdivia, que en México se le conoce por Duerme negrito (FCE, 2012) y Es así (FCE, 2010), asegura: Partí escribiendo para la niña que fui yo. Mi hijo llegó después y lo que ha hecho él en mí es hacerme una serie de preguntas tales como: ¿qué quiero transmitirle? además de leerle mucho, quiero que ame la vida, que sepa comunicarse mirando a los ojos, que sea feliz y que viva en armonía con la gente y la naturaleza
.
Ricardo Chávez Castañeda dice que empezó a escribir literatura infantil en 1991, tres años antes de que naciera su hija Fernanda. ¿Por qué una literatura para niños antes de mi niña? Supongo que la paternidad es un camino hacia la literatura infantil pero no es el único. Cuando mi hija nació, ya tenía tres libros publicados y sin embargo allí, con ella, nació un escritor distinto. Quisiera decir que empecé a escribir entonces historias felices, pero no. Salvo un libro, mis historias nunca han nacido de la felicidad ni nunca han desembocado en la felicidad. ¿Por qué? Supongo que hay literatura como playas y hay literatura como faros. Unas se levantan en la arena, suavemente, a fuerza de caricias. Y otras buscan rocas y suben hacia el cielo a fuerza de terror. La literatura de la buena orilla del mar es un refugio y es buena, cómoda, cálida. La literatura de la mala orilla del mar surge para lanzar alaridos de luz advirtiendo ¡por aquí no vengan! ¡por aquí no vengan! Quiero pensar que lo hago por ternura, este sentimiento que surge cuando vemos a alguien vulnerable e intentamos protegerlo. Quiero pensar que otra manera de dar la felicidad es advertir sobre aquellas historias que te la pueden arrebatar. Cuando nació mi hija me volví entonces un escritor doblemente atento y doblemente asustado a las malas historias del mundo
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Por Yanet Aguilar Sosa (El Universal)
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