Tregolam, el país de los escritores

Perfil  |  Salir

- te recordamos que dispones de un 5% de descuento en todos los servicios

ContactoSobre Tregolam

Menú principal

  • Actualidad escritores
  • Coaching literario Coescritores por encargo
  • Informes literarios Correcciones ortotipográficas y de estilo Preparación y mejora de manuscritos Análisis de guion
  • Edición de ebooks Diseño portadas Conversión a ebook
  • Book trailers
  • Promoción de obras y autores
  • Asesoría jurídica
  • Presentación de obras a editoriales y agencias
Regístrate

Actualidad > Artículos

Escritura automática: la otra musa - México México

29/04/2013

Quien tuviera una musa de fuego, parece lamentarse en su frase inicial el narrador de una las obras de aquel dramaturgo que, los siglos y las academias, nos han hecho recordar como William Shakespeare.

Desde los griegos a las modernas Torres de Marfil informáticas, el escritor ha gustado de creer que una hermosa dama etérea y ligera de ropas le susurra al oído un cúmulo de obras maestras durante su tránsito terrestre.

En los tiempos anteriores a la revolución del psicoanálisis, a la mayoría de los hombres les costaba entender la existencia de un otro yo o de una presencia subconsciente que afloraba a la hora de escribir literatura, apropiándose de los objetivos y los significados, cual nacimiento de una impensable Venus de tinta.

Eso les provocaba tanta azoro y temor que era muy socorrida la creencia en una musa hablándonos al cráneo a la hora de tomar el lápiz o el cálamo, así como las Furias, esos personajes que se posesionaban de los inocentes humanos, haciéndolos cometer errores y barbaridades repentinas.

Es normal que a la hora de escribir algo tanto sencillo como una crónica de un hecho vivido, aunque la persona que redacte no tenga formación literaria, se llegue a un momento en que esta crónica no sólo parezca escribirse sola, sino que, además de disgregarse en imprevisibles derroteros, de repente sorprenda a quien escribe con la aparición de palabras que no son de uso común suyo, incluso hasta provistas de asociaciones inesperadas o petrificantes conclusiones.

Hoy, a una persona que escriba una carta a un familiar y descubra al releerla una excesiva cantidad de divagaciones fuera de lugar no le provocaría temor ese hecho: antes llegaban a creer que algún demonio se nos había introducido en el alma y que él nos obligaba a convertir una ligera misiva de compromiso en una serie de reclamaciones por maltrato en la infancia o un reciente desdén a una invitación de fiesta familiar.

Esa percepción tuvo terreno fértil con los médiums del Siglo XIX que en vez de congregar a una serie de manos entrelazadas sobre una mesa ingrávida, acudían a la escritura automática en donde, luego de poner la mente en blanco, se soltaban escribiendo lo que les dictaba un espíritu cómplice.

Por Juan José Rodríguez (El Universal)

Seguir leyendo...


Participa en el Tablón   ¿Deseas recibir nuestro Boletín Semanal de Concursos?

Etiquetas: escritura automática, William Shakespeare, musa, psicoanálisis

Imprimir
Twittear

Comentarios

, escribe aquí tu comentario


Recursos

  • Tablón
  • Boletín Semanal de Concursos
  • Boletín Quincenal de Actualidad
  • Plantilla para Novela y Cuento
  • Plantilla de Guion
RSS FeedTwitterFacebook
  • Aviso legal, política de privacidad y política de cookies
  • Condiciones generales de uso del portal