28/04/2013
En literatura, las historias de amor suelen terminar trágicamente. Romeo y Julieta no admite un final hollywoodense, tampoco Madame Bovary o Anna Karenina. Desde la Odisea hasta nuestros días, los relatos de amor y muerte de los que se nutre la literatura fueron concebidos por escritores y escritoras, que en muchísimas ocasiones narraron sus propias experiencias. Acaso por eso resulta lógico que la contundencia del título del libro de Daniel Balmaceda, Romances argentinos de escritores turbulentos, y las palabras finales de su contratapa (muestra a los escritores al desnudo, en su faceta más íntima y desconocida
) despierten curiosidad. ¿Conoceremos, entre otros muchos, los romances vividos y no contados por Lugones y Quiroga, por Alfonsina Storni y por las hermanas Ocampo, por Arlt y Borges, por Norah Lange y Silvina Bullrich?
En el prólogo, Balmaceda anuncia que se propuso reunir a distintas generaciones de escritores, pero todos entrelazados. Sus romances turbulentos se cruzan hasta formar un laberinto de callejones sin salida y espirales interminables
. Precisamente, ahí reside una de las virtudes del libro: el modo en que Balmaceda traza ese laberinto por el que transitan cerca de treinta escritores y un buen número de escritoras. Los romances apasionados se fusionan con los amoríos insensibles, el goce con el dolor. A la hora de enamorarse, Roberto Arlt era casi un calco de sus personajes: aspiraba a lo imposible y no vacilaba en jugar todas sus cartas para conseguirlo; no siempre ganaba. Por el contrario, tanto Adolfo Bioy Casares como Horacio Quiroga eran dueños de un enorme poder de seducción, que llevaban hasta sus últimas consecuencias. Tal vez la síntesis del goce y del dolor la encontramos en Jorge Luis Borges: perenne enamorado, rara vez correspondido...
Por Vicente Battista (LaNación)
Etiquetas: Romeo y Julieta, Madame Bovary, Anna Karenina, amor, escritores, escritoras, Norah Lange, Silvina Bullrich, Roberto Arlt, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, escritores enamorados

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