15/04/2013
Yo soy un escritor que además pinta, solía decir Dalí. En junio el Instituto Leonés de Cultura dedica una exposición al bestiario inédito del poeta Adolfo Alonso Ares, pero ya en el pasado mostró en La palabra pintada la estrecha relación entre pintura y escritura. Juan Carlos Mestre, que ayer se alzó con el Premio Nacional de la Crítica, es el ejemplo del artista "total". Escribe, dibuja y suele participar en recitales acompañando al cantautor leonés Amancio Prada.
Para Dalí y el resto de los surrealistas un tema crucial fue, precisamente, la vinculación entre la escritura y la pintura. El propio Victoriano Crémer, en su última exposición, quiso mostrar sus Garabatos, título que él mismo daba a los dibujos que le inspiraban sus poesías. Aparte de los escritores que pintan, la delgada línea entre ambas disciplinas ha llevado a algunos poetas, como el Cervantes leonés Antonio Gamoneda, a colaborar con reconocidos artistas de la talla de Tàpies. La publicación ahora del Poeta en Nueva York tal y como la concibió hace 77 años García Lorca pone de actualidad a los escritores que pintan. Hemingway dijo en cierta ocasión que aprendió a escribir de la mano de los pintores.
Mestre no sólo ilustra sus propios poemarios, sino que también ha puesto en imágenes la verdad poética de Gamoneda en Extravío en la luz; amén de tener pendiente Las venas comunales. Un libro en el que, según el autor de Edad, teóricamente, los dibujos no tienen por qué tener una correspondencia clara con los poemas, ni a la inversa. Pero sí hay una comunidad de visión, en relación con la realidad existencial y su condición poética. Pensamos con cierta cercanía y es probable que esto aparezca de alguna manera
, adelantó.
El autor del Libro de los venenos siempre ha sido un poeta de amplios horizontes. Su pasión por la música, por ejemplo, se refleja en Blues castellano. Gamoneda, asimismo un amante del arte, ha colaborado con Álvaro Delgado en el libro Eros y Thanatos; el citado Tàpies le ilustró el poemario ¿Tú?; Memoria volcánica se publicó con grabados de Amaya Bozal; y las reproducciones de Albert Agulló ilustraron Encuentro en el territorio del frío.
Un libro singular fue Lapidario incompleto, publicado en 1984, con textos de Gamoneda, Luis Mateo Díez y José María Merino con grabados al aguafuerte de Félix Cárdenas.
No sólo a la poesía le brotan las imágenes, sino que narradores como el académico leonés José María Merino han ilustrado sus relatos. Los Cuentos del libro de la noche son un compendio de microrrelatos fantásticos acompañados de dibujos realizados por el propio autor. El escritor, reciente Premio de la Crítica de Castilla y León por El río del Edén, recurrió al dibujo porque sabía que para los textos necesitaba algún elemento que ayudase a dar ritmo a la lectura
. A Merino la afición por el dibujo le viene de lejos, de su época de escolar. Ya entonces le gustaba pintar, el grabado y el collage y pensó que el libro era una buena excusa para retomar esa antigua afición. Antes de atreverse a publicar sus dibujos a Merino le delataban las dedicatorias de los libros. No es uno de esos escritores que se limita a poner su firma. Siempre incluye algún mandala, una suerte de laberintos hechos con tinta de boli. Merino también ilustró su saga del Cuaderno de hojas blancas, tres libros infantiles que publicó entre 1996 y 1998.
El inolvidable cuentista villafranquino Antonio Pereira escribió: Los que hemos visto nacer a Mestre y decidirse por la religión de la belleza, sabemos que en sus versos está el fruto integral de la poesía, y ese pan es el mismo pan cuando en vez de palabras nos entrega imágenes; grabados, esta vez, que sentimos como una incisión en la carne
.
Por Verónica Viñas (Diario de León.es)
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