15/04/2013
La cara y la cruz del ser humano, la luz y la sombra que pueden acompañar a un individuo, la cara de la esperanza y el rostro del horror. Esos son los dos temas abordados en sendos libros distinguidos con el Premio de la Crítica: el poemario La bicicleta del panadero (Calambur), de Juan Carlos Mestre, y la novela La hija del Este (Seix Barral), de Clara Usón. Una feliz coincidencia porque las dos obras se complementan y comparten un trasfondo que señala lo oscuro para iluminar la ruta a la armonía.
Si la novela de Usón está inspirada en la hija suicida de Ratko Mladic, uno de los criminales más sanguinarios de la guerra de los Balcanes y que le sirve para acercarse al rostro del horror, el poemario de Mestre recuerda fracasos del ser humano para reivindicar la armonía entre el hombre y la naturaleza.
El premio despertó a Mestre en Chicago y a punto del aperitivo de la comida a Clara Usón en Barcelona. Aunque estaban a ocho horas de diferencia el uno del otro, esto no impidió que opinaran, casi al mismo tiempo, sobre el punto compartido de sus obras y sobre cada una de ellas. Ninguno de los dos conoce, aún, la opinión del otro sobre esos dos aspectos en los que los ha unido el galardón. Lo sabrán ahora:
Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957): Creo, como pensaba Rosa Luxemburgo, que cada lágrima que corre allí donde podría ser evitada es una acusación. La poesía es el testigo incómodo de la conciencia, el imperativo categórico de la memoria como derecho indeclinable de las víctimas, la palabra restituyendo el sentido que le han robado, después del secuestro de la democracia por los mercaderes, al más perdurable de los proyectos de la inteligencia humana, es decir la reafirmación de dignidad que supone la lucha por los derechos civiles a la felicidad. De eso hablan, de eso testimonian las admirables páginas de Clara Usón y los habitantes insurrectos e inocentes de la casa de huéspedes de mi libro. La literatura, la poesía, también está ahí, para decir no, para ofrecer un grado de delicada pero intensa resistencia a la legislatura del mal, a la toxicidad mercantil que pretende convertir al ciudadano en cliente. Desobedecer la costumbre de los sistemas de dominación, hacer inconsumible para el sistema una vez más la voz que desde las afueras de la razón establece alianza con los descontentos y los débiles que, en la esperanzadora profecía de Picabia, harán sin dudad algún día la vida más bella y por tanto más justa. Acaso ahí la coincidencia, la persuasiva intuición de que la esperanza del nombrar el pasado, la vigilancia de su ominoso recuerdo, lleve más lejos que la terrible certeza del miedo
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Clara Usón (Barcelona, 1961): Es un acierto esta coincidencia de premiar dos obras de signo tan diferente, lo oscuro y lo luminoso, que tiene detrás el mensaje de que no hay que perder nunca la esperanza. He procurado que mi novela no fuera maniquea en el sentido de buenos y malos absolutos o de bondades y maldades implícitas en una u otra persona. La verdad es que no sabemos quiénes somos hasta que las circunstancias nos ponen a prueba. Es el lado de las luces y sombras del individuo que van apareciendo según el rumbo de situaciones, a veces, externas y ajenas a él. Tendemos a pensar que la maldad pertenece solo a los otros, olvidamos que también puede estar en cada uno y no lo sabemos porque depende de muchos factores
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Sobre la poesía y la novela en un presente de incertidumbre como el de hoy dicen:
Juan Carlos Mestre: "De adolescente leí un verso de Antonio Gamoneda , mi admirado maestro, que no me ha abandonado nunca: La poesía no es un lugar donde van a parar los cobardes. Bien, no se trata, ni de valentía, ni de mayor coraje, sino sencillamente de estar en el mundo de otro modo, asumiendo el proyecto de lo inexpresable desde la identificación moral y ética con la fragilidad humana, con la incertidumbre y la intemperie del que no ha cometido ningún otro delito que el de nacer. Las palabras de los poetas son imprescindibles porque no sirven para ninguna otra cosa que no sea la reafirmación de un acto de creencia: la inviolabilidad del ser, ese es su proyecto espiritual, el viento favorable hacia los territorios de la imaginación, allí donde la cultura deje de ser junto a las plusvalías el botín supremo de los amos. En medio de esa supervivencia ciudadana enfrentada a la indefensión civil del nuevo fascismo está la poesía con su pequeño tenderete de palabras recordando lo que ha de seguir significando la palabra justicia, la palabra piedad o la palabra misericordia".
Por Winston Manrique Sabogal (El País)
Etiquetas: Poesía, novela, La bicicleta del panadero, Calambur, Juan Carlos Mestre, La hija del Este, Seix Barral, Clara Usón, Ratko Mladic, Rosa Luxemburgo

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