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Alan Pauls: "Esta es una novela de adictos" - Argentina Argentina

12/04/2013

En el cierre de su trilogía sobre los años 70, el escritor explicita esa "relación psicótica" y demencial que mantenemos con el dinero y su obsceno nivel de presencia en la Argentina.

Acaba de terminar la trilogía de los años 70 que componen Historia del llanto, Historia del pelo e Historia del dinero, la última de las tres nouvelles que escribió como si fueran "zapadas controladas". La primera en sus palabras era una suerte de educación sentimental de un adolescente que –generacionalmente– podría haber sido él. La segunda utilizaba el pelo, en apariencia frívolo, como nexo entre los personajes y las épocas. La tercera, la que sirve de excusa para esta entrevista, es una novela de dinero explícito. Quería hacer una novela porno, en la que las escenas de sexo hubieran sido reemplazadas por escenas de dinero. Tenía esa idea, llevar un poco la explicitud del dinero al extremo. Poner australes, pesos argentinos, pesos moneda nacional, patacones, todo. Poner en acto esa dimensión increíblemente histórica que tiene el dinero en la Argentina, en la que en cuarenta años hay cinco monedas y en un momento incluso coexisten cinco monedas, dice Alan Pauls, que tiene alergia, está congestionado y habla como escribe –siempre con frases largas, llenas de subordinadas– en el departamento luminoso de Palermo donde vive. Las tres novelas breves, un formato que siente a su medida, podrían suceder en otro momento y lugar, aunque en rigor transcurren en varios momentos y son intrínseca e inconfundiblemente argentinas.

¿Cómo es la relación de los argentinos con el dinero?

Es raro lo que pasa, por un lado, hay una especie de prurito para hablar del dinero en términos personales. Por otro, es increíble el lugar que ocupa el dinero en la sociedad argentina, su nivel de presencia obscena. Solamente creemos en el dinero cash . La cultura económica argentina, por lo menos en el momento actual, es una cultura de lo inmediato, del aquí y ahora. Es una cultura de la materia, si uno puede decir que el dinero es materia, porque en realidad es un símbolo. Pero la relación con el dinero que hay en Argentina es muy porno. Es una relación muy poco simbolizada, es el billete. No hay comparación entre el efecto de hechizo y satisfacción que te produce el billete con el efecto de hechizo y satisfacción que te produciría saber que te hicieron una transferencia electrónica, que dentro de 48 horas quizás acredite en tu cuenta diez veces más dinero, ¿entendés? La plata, tener la guita, el toco, sigue siendo en la Argentina lo más, en términos de cultura económica, de satisfacción económica.
Cuando Pauls decidió que escribiría Historia del dinero, Argentina tenía un solo dólar y prácticamente no registraba inflación. Ahora que terminó y habla sentado alrededor de una mesa redonda con los Papeles de trabajo, de Saer (que tanto le gusta), y los libros que sobresalen de una de sus dos bibliotecas: Onetti; Juan L. Ortiz; los diarios de Ricardo Piglia; Marcel Duchamp. The afternoon Interviews y Mrs. Dalloway, de Virginia Woolf; el dólar blue araña los 9 pesos, tiene su propio "minuto a minuto" y la brecha con "el oficial" es del 65 por ciento. El celeste , en tanto, confirma el tamaño de la imaginación nacional al servicio del dinero. Pero los traumas financieros del país no son nuevos y tampoco esa tendencia argentina a inventar eufemismos y sinónimos para hablar siempre de lo mismo: de plata. Del dinero que no alcanza, por ejemplo, porque paradójicamente hay demasiado circulante. Y entonces nacen nuevas palabras o se resignifican otras para nombrar el cash , la guita , quizás porque, como dice el narrador del libro , permanece la ilusión de que mudándose al reino de las palabras, algo de ese caos en expansión, que es el caos del dinero, se aquietará, entrará en caja y quedará bajo control, al menos, bajo el control del lenguaje.
Para escribir no se detuvo en modelos literarios. Tampoco en Arlt, el más famoso y obvio. Pensó más que nada en la lógica de la relación del dinero y el arte contemporáneo. Le interesaba entender por qué una obra de Jeff Koons cuesta 70 millones de dólares. Y también por qué los secuestros con los que los grupos armados financiaban sus operaciones tenían un tarifario inexplicable. ¿Por qué 60 millones de dólares por los hermanos Born? En Historia del dinero, en el medio y al margen de la relación siempre mediada por el dinero del héroe de la novela con su madre y su padre, aparecen reflexiones explícitas sobre esa lógica arbitraria. Hay en esa arbitrariedad un enigma y creo que el dinero sigue siendo hoy una cosa extraordinariamente enigmática. Es algo completamente cotidiano, algo sin lo cual nada podría funcionar, algo que ha adoptado históricamente una cantidad de formas diversas increíble y sin embargo sigue siendo, en cierto sentido, una especie de agujero negro, de punto ciego. Muchas de las preguntas que uno se hace en relación con el dinero son las preguntas que uno hace de niño cuando empieza a percibir el papel que circula entre los adultos. Cómo funciona, por qué a cambio de eso te dan algo que vos querés, de dónde sale ese papel, quién le da el valor que dicen que tiene. Hay algo profundamente enigmático que, lejos de resolverse, se profundiza. La novela es sobre el cash , sobre ¿por qué la cultura económica argentina es la cultura del cash, del cuerpo, de la carne monetaria. La desmaterialización del dinero, que opera en las civilizaciones avanzadas, no ha resuelto el enigma del dinero, por el contrario, lo multiplica.
A través de la mirada de un chico sobre el dinero, o los ojos de un adulto como el de Historia del llanto que recuerda el idiota cándido que ya no es, pero con el que ahora no puede sino enternecerse, Pauls escribe siempre sobre el transcurrir del tiempo, reflexiona sobre la pérdida. En El pasado es evidente desde el título. En Wasabi, el protagonista sufre trances involuntarios en los que su cuerpo y mente se paralizan durante siete minutos y fabrican la ilusión, el hechizo de una interrupción del tiempo y su curso fatal, igual al del dinero, al de la vida.

Pero la trilogía gira alrededor de los años 70.

La idea era que el tiempo fuera un vaivén continuo entre épocas diferentes y llevar eso al extremo. De modo tal que, al principio de una frase, el personaje tuviera cuatro años y cuando terminara, el personaje podía tener treinta y en el medio había pasado por los quince o los sesenta. La idea no era encerrarme en los años 70, nunca tuve la idea de evocar los años 70, odio las novelas de evocación. El tipo de memoria que funciona en las novelas va y viene, que rebota entre épocas. Los años 70 funcionan como una especie de estallido originario, que desencadenan una serie de fantasmas, escenas, obsesiones, que transcurren en épocas diferentes.

¿Pero por qué los 70?

Es una época que empieza en los años 70 y sigue hasta hoy. De hecho yo, que siempre había tenido ganas de escribir sobre los 70, recién me puse a escribir una vez que tuve la evidencia de que los años 70, lejos de ser el pasado argentino eran el presente total de la Argentina; eso pasó hace siete años. Cuando uno dice los años 70, no sabe muy bien si se está refiriendo a una época histórica y por lo tanto históricamente coagulada, objeto de la historiografía y de reflexión o si estamos hablando de una época que todavía no pasó que, en todo caso, tiene retornos fantasmales que la convierten en algo más importante que una cosa que pasó en el pasado.

¿Y eso ocurre con otros momentos históricos?

Sí, uno podría pensar incluso en 2001, 2002, por eso era un poco extraño ver en [la Feria del Libro de] Frankfurt 2010 –donde Argentina fue invitada de honor– que la Argentina, en su presentación oficial, era confinada a los límites de la dictadura militar. Por lo menos llamaba la atención, como si lo único que existiera en el pasado fuera la dictadura y no experiencias igualmente traumáticas como la crisis de 2001-2002. Para mí los 70 no son solamente importantes por el costado histórico, consensual del asunto, sino que, en términos de mi vida personal y sobre todo en mi vida como escritor, son los años en los que todo se constituye. Yo tengo once años en 1970 y veintiuno en 1980, son mis diez años en los que todo se forma y esa era una experiencia que me interesaba revisar. Con qué ideas, con qué tipo de imaginación, con qué acontecimientos y también con qué bajezas uno se forma.

¿El dinero tiene el mismo aura de suciedad que la idea pacata del sexo como algo sucio?

Sí, es literal el dinero, tenés el billete y tenés la plata y tenés eso que hay que tener. No estás esperando nada, nada está diferido, no hay tiempo. Lo genial del cash, lo que lo vuelve irresistible, es que da una satisfacción inmediata, que no está mezclada con tiempo, con suspenso. Eso lo asocio a la pornografía: en la pornografía se va al grano, al punto.

Por Guido Carelli Lynch

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Etiquetas: Alan Pauls, novela, trilogía, Historia del llanto, Historia del pelo, Historia del dinero, Onetti, Juan L. Ortiz, Ricardo Piglia, Marcel Duchamp, The afternoon Interviews, Mrs. Dalloway, Virginia Woolf, Jeff Koons

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