04/04/2013
Un giro de 180 grados. Así define Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) el bandazo que ha dado en su última novela, El luminoso regalo (Alfaguara). Atrás ha dejado los experimentos de vanguardia y los ingenios posmodernistas. El autor de España ha puesto su narrativa con rumbo hacia un territorio ubicado en las antípodas de su trayectoria anterior. El del siglo XIX y su estructura canónica a la hora de contar historias: planteamiento, desarrollo y desenlace. Una manera de sacudirse etiquetas y abrir su literatura a espectros más amplios de lectores. Eso sí, la trama es muy contemporánea. Los protagonistas son Víctor Dilan, el Gran Canalla, y Ester, la Bruja Rubia. Ambos tienen en común la pulsión irrefrenable de abalanzarse y fornicar con todo aquello que se mueve a su alrededor. Dos seres que acuden al sexo como los políticos corruptos lo hacen sobre el dinero ajeno. Con codicia babeante. Pero hete aquí que se enamoran, en la medida en que pueden enamorarse dos depredadores sexuales. Y claro: saltan chispas que provocan incendios de dimensiones descomunales y devastadoras. En la cama y, sobre todo, fuera ella.
Pregunta.- ¿Sucede que se ha cansado de la vanguardia y el posmodernismo?
Respuesta.- Sí, me apetecía dar un giro de 180 grados. Mostrar un conflicto humano y darle una resolución, siguiendo los hitos clásicos de la novela decimonónica: planteamiento, nudo y desenlace. Además, quiero ampliar mi cuota de lectores, abrir las puertas de mi obra a un público más amplio.
P.- Es su primera novela sin rastro de humor. El sexo es cosa seria, ¿no?
R.- Ya me estaba hartando de que me encasillaran. Últimamente muchos me veían como el escritor-humorista-de-España. El luminoso regalo es un ejercicio de libertad contra las etiquetas. Y la verdad es que me ha salido una novela devastadora.
P.- Lo que sí mantiene es su carácter provocativo...
R.-Eso es marca de la casa Vilas. Pero yo no soy ningún provocador de pose, un provocador en el vacío.
P.- ¿Qué quiere decir? ¿Que es un provocador con causa?
R.- Exacto. Quien me conoce en mi vida privada sabe que soy un tipo muy normalito: con su coche, con su carné, con su familia... Pero si el mundo me provoca, yo no me estoy quieto. Le respondo también.
Por Alberto Ojeda (ElCultural.es)
Etiquetas: amor, El luminoso regalo, Manuel Vilas, novela, psiquiatras, sexo

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