01/04/2013
En septiembre del año pasado, en Tunja, tuve ocasión de charlar con Roberto Burgos Cantor acerca de su celebrado libro de cuentos Lo Amador. Le señalaba entonces yo a Roberto que, en vista de que las siete piezas que componen ese libro caracterizan, en forma conjunta y unitaria, un mismo mundo, el de un barrio popular cartagenero, y de que sus personajes transitan de uno a otro cuento como si pasaran de un cuarto a otro, cabía afirmar que tal obra funciona (y, por tanto, se puede leer) también como una novela.
Mi observación no resultó ser original, como era de esperarse, pues él me informó a continuación que ya la había formulado un crítico o alguna universidad norteamericana (pues nunca falta alguna universidad norteamericana), ahora no recuerdo con precisión.
Pues bien: su último libro, El secreto de Alicia (Seix Barral, 2013), que tuve el honor de presentar en días pasados en La Cueva, me hizo vivir una curiosa experiencia lectora originada en ese intercambio o trastocamiento de roles que puede ocurrir entre libros correspondientes a estos dos géneros, el cuento y la novela.
Sucede que cuando me llamaron de la Fundación La Cueva para proponerme la presentación del libro, me hablaron de "la última novela de Burgos Cantor"; y apenas uno o dos días después, en la columna dominical de Piedad Bonnett, leí una cita que, a propósito de otro tema, hacía ella de este libro y la atribuía, después de mencionar el nombre de Burgos Cantor, a su última novela, El secreto de Alicia
.
Así que, llevado por esos dos datos previos, y como la edición de Seix Barral no los contradice (ni, en realidad, tampoco los confirma, pues en la tapa se omite toda mención al género al que el libro pertenece, y en la contratapa sospechosamente sólo se habla de su nuevo libro
, este entrañable libro
, Un libro
y de Un título
), empecé a leerlo como una novela.
Una vez leí los tres primeros capítulos (titulados "El espejo", "Relojes" y "Fosas comunes"), me di cuenta, y me lo dije, de que se trataba de una novela, digamos, experimental, pues las historias de esos tres capítulos no tenían absolutamente nada que ver la una con la otra.
A medida que seguí leyendo, confirmé el carácter experimental o no convencional de la novela, de tal manera que al interés con que leía capítulo tras capítulo, cada uno de los cuales me ofrecía una historia distinta, independiente, con sus personajes propios y diferentes, se añadió la intriga por ver en qué punto se iban a articular esas historias y personajes, en qué punto iban a confluir para mostrarme la unidad de la acción de la novela.
Pero no: llegué al último capítulo (titulado "El hombre que perdió su norte"), al último párrafo, a la última palabra y, por fin, al definitivo punto final… y entonces fui yo quien se sintió con el norte perdido. Pues no tuvo lugar la esperada articulación o confluencia de las trece historias que acababa de leer.
Fue en ese momento cuando recordé lo que había hablado en Tunja con Roberto sobre Lo Amador. Me dije: si Lo Amador es un libro de cuentos que se puede leer como una novela, El secreto de Alicia es una novela que tiene la apariencia de un libro de cuentos. O, al igual que Lo Amador, es en realidad un libro de cuentos que se puede leer también como una novela.
Por Joaquín Mattos Omar (Por ElHeraldo.co)
Etiquetas: Roberto Burgos Cantor, cuento, novela, Lo Amador, El secreto de Alicia

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