31/03/2013
¿Cómo ha cambiado, desde su debut, el sector editorial? ¿Es cierto que cada vez es más despiadado e impermeable a las nuevas propuestas? ¿Es imposible tener hoy repercusión y ventas sin el respaldo de un premio literario? ¿Es proporcional el tiempo y el esfuerzo que requiere una novela exigente a su previsible resultado económico?
Los datos son implacables: en 2012 en España se editaron 60.218 libros, un 6'2 por ciento menos que el año anterior, mientras las ventas disminuían al menos un 10 por ciento. En 2013 se han reducido los lanzamientos y disminuido las tiradas, pero un puñado de autores de la misma generación sigue empeñado en lanzar sus nuevos libros, amparados por premios o no, conscientes de que algunos de sus mayores, maestros incluso, tienen serios problemas para seguir publicando y que a menudo, como denunciaba en estas páginas Ignacio Echevarría, no es proporcional el esfuerzo y la concentración de la escritura con los resultados económicos. Y, sin embargo, no hay crisis que valga. La banda sigue tocando...
Faltan apenas tres semanas para el Día del Libro, y las editoriales se están volcando con sus más prometedores autores, olvidando, como lamentaba hace poco Ignacio Echevarría, a muchos autores que rondan la cincuentena, que antes a duras penas sobrevivían
y a los que ahora las cosas se les están poniendo realmente difíciles
.
Muchos de la generación anterior a esa quizá lo estén pasando aún peor, porque se ven reducidos a ser jubilados mileuristas (o menos) cuando frisan los setenta. Pero esa es otra historia. La de hoy es la de media docena de escritores de la misma generación, que lanzan estos días sus nuevas novelas. Así, Laura Fernández (Tarrasa, 1981) publica La chica zombie (Seix Barral), un cruce entre La metamorfosis de Kafka, Los chicos del maíz de Stephen King y los chicos y chicas malas de Grease
. Use Lahoz (Barcelona, 1976) nos descubre una historia de amor dentro de una historia de amor
en El año en que me enamoré de todas, último premio Primavera (Espasa). La hora violeta (Mondadori) es el relato de la enfermedad y muerte del propio hijo del escritor, Sergio del Molino (Madrid, 1979), el que nunca habría querido escribir, un libro narrativo que bebe de la literatura del dolor
. También tenemos la historia real de una niña vasca que encontró un nuevo hogar en Gante, durante la guerra civil española, en Lo que mueve el mundo (Seix Barral), de Kirmen Uribe (Ondarroa, 1970). Nos encontramos con las peripecias de un tipo que va perdiendo contacto con la realidad poco a poco en Un amigo en la ciudad (Siruela), de Juan Aparicio Belmonte (Londres, 1971), y con Adriático, un relato sobre la extrañeza de las ciudades enfermas de pasado, cargadas de la fatiga de la Historia, de Eva Díaz Pérez (Sevilla, 1971), y que acaba de obtener el premio Málaga.
Ninguno de estos autores es un novato en el oficio, saben de lo que hablan, y, aunque vivan "en la periferia literaria" como Sergio del Molino, son conscientes de que las editoriales han reducido catálogo y las nuevas voces tienen más dificultad para encontrar editores, de la misma forma que muchos autores consagrados han visto peligrar seriamente su estatus y se han visto obligados a emigrar a sellos independientes
. Es, subraya Del Molino, un mundo menos diverso y más conservador, donde cuesta más mantenerse y sobrevivir. Hoy, un novel sin respaldo, armado solo con su obra, por muy buena que esta sea, lo tiene más difícil que antes
. Por eso recomienda "encarecidamente" a cualquier escritor que viva con un pie en el mundo literario y otro en la periferia extraliteraria: Se vive con más alegría
.
Kirmen Uribe recuerda que cuando publicó su primera novela, Bilbao-New York-Bilbao, hace apenas tres años, había más lectores en papel y más espacio en la prensa para los temas culturales; ahora todo parece más difícil, pero tenía dos opciones, escribir como un loco o pararme y reflexionar sobre mi carrera y no caer en la tentación de escribir sin tener una buena historia. Éste es el libro que quería escribir, en una editorial de referencia, y trazar una línea reconocible para el lector
. Use Lahoz, flamante premio Primavera, ni siquiera conoció los tiempos de los anticipos generosos, pero sabe que sí, que ahora hay menos pasta y todo parece más difícil, aunque yo siempre me he movido con anticipos ridículos. Sin embargo, es evidente una precariedad editorial a todos los niveles
. Eva Díaz, por su parte, destaca que hoy todo tiende hacia la banalidad, lo frívolo, el producto editorial resuelto de forma apresurada, a la factoría del género de moda. Ahora hay que justificarse y casi pedir perdón por escribir novela literaria
, mientras que Laura Fernández destaca cómo todo parece haberse vuelto más despiadado. Porque la crisis aprieta y los grandes grupos quieren resultados
. Eso sí, también -coinciden todos- se ha dado cancha a los pequeños editores y las microeditoriales han permitido que la nómina de autores publicados crezca y se haga especialmente interesante, con lo que el mundo de las letras ha ido creciendo en cantidad y calidad.
Pero, ¿es imposible tener repercusión y ventas sin un premio que respalde al autor? Finalista del Nadal en 2008 y premio Málaga 2013, Eva Díaz Pérez niega la mayor y pone como ejemplo a Jesús Carrasco y su Intemperie, que yo considero un extraño caso de justicia, de valoración por fin de la novela literaria. Sin embargo, y por mi experiencia, éste es un país en el que los premios sirven para dar un empujón a tu trabajo
. Aparicio Belmonte reconoce que, a pesar de los rumores de posibles amaños, muchos de los autores de mi generación nos dimos a conocer gracias a ellos, como el Cajamadrid, que ha desaparecido por culpa de la crisis
, mientras que para Lahoz un premio no garantiza nada, sobre todo si el autor no logra la complicidad del lector, su empatía. No hay más que ver cada semana la lista de los libros más vendidos para ver lo que se interesa de verdad al comprador de libros, y comprobar que no siempre los premios literarios funcionan. Ahora, al menos, ya no, o no como antes
; en cambio, ni Laura Fernández ni Sergio del Molino se han planteado de momento presentarse siquiera, la primera porque piensa que necesita más tablas, ya que un premio es una cosa muy seria, y necesitas tener cierto nombre para poder siquiera soñar con uno de ellos
, mientras que el segundo, aunque no lo descarte en un futuro
, prefiere tener un buen editor que apueste por mí como escritor y me acompañe libro tras libro
. Y Uribe se considera ya "muy bien servido", aunque sólo sea porque su primera novela Bilbao-New York-Bilbao obtuvo el premio Nacional de Narrativa y el premio de la Crítica en euskera y su libro de poemas Bitartean heldu eskutik (Mientras tanto dame la mano, 2003), fue finalista al mejor libro de poesía traducido al inglés en 2007 por el PEN American Center. Lo que me interesaba -contesta Uribe- es conservar y aumentar esa bolsa de lectores fieles que me descubrieron con mi primer libro
.
Saben que ahora publicar (y vender y ser leídos) es muy difícil y eso condiciona también su obra, aunque algunos (Sergio del Molino) se aprovechan de su condición de autores "forasteros y o periféricos" que le permiten ir a mi ritmo. Por fortuna, soy un escritor rápido y prolífico, que siempre tiene un texto a mano cuando la ocasión lo exige, así que me adapto bien al mercado, pero es por pura casualidad. Si fuera un autor lento y moroso sufriría mucho.
Kirmen Uribe también acepta los condicionantes y reconoce que la situación editorial y politica sí le ha determinado el tema de su libro, porque trata de una persona que se comprometió con los derechos humanos y que resulta de especial interés en estos tiempos de pérdida de valores, pero también cuento el reverso... he querido hacer una historia directa, muy ligada a la realidad, que pudiese interesar al lector en estos momentos de incertidumbre
.
Por Nuria Azancot (El Cultural.es)
Etiquetas: editorial, Use Lahoz, Laura Fernández, Sergio del Molino, Juan Aparicio Belmonte, Kirrmen Uribe, Eva Díaz Pérez, sector editorial, Ignacio Echevarría, novel

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