26/03/2013
Miguel Catalán (Valencia, 1958) publicó su primera obra en 1994. Era su tesis doctoral sobre John Dewey. Desde entonces, va a título por año. Destacan los varios volúmenes dedicados a la Seudología, su tratado sobre el engaño; un proyecto, como él mismo dice, de toda una vida. Un trabajo que se halla a la mitad y que puede ayudar, a través de la mentira, a encontrar la verdad. Pero el carácter ensayístico de su producción no excluye la producción de otros textos. Por ejemplo, el último (La nada griega, editorial Sequitur), integrado por un conjunto de paradojas, muchas de ellas en forma de aforismo. Un modo de mostrar que el pensamiento puede presentarse en discursos largos y en fogonazos súbitos porque, afirma, la inspiración existe
.
Pregunta. Usted cultiva el texto largo (varios volúmenes) y el texto breve. ¿Lo hace por compensación o para adecuarse al contenido?
Respuesta. Las dos cosas. Desde el punto de vista subjetivo, la escritura aforística me libera de la tensión acumulada por el tratado sobre el engaño, que es el proyecto de toda una vida.
P. Toda una vida, ¿no es mucho?
R. Para acometer un trabajo del calibre de Seudología necesitas lo que llaman los franceses el esprit de suite, la obstinación investigadora. Y para ello es preciso que el tema sea inagotable, pero también, al mismo tiempo intenso. El universo del engaño cumple ambos requisitos, porque es casi infinito y al tiempo, conmovedor. Sea la ilusión del autoengaño, la mentira piadosa o la propaganda política, nunca te deja indiferente. Dedicar toda una vida de investigación a un tema en concreto, aunque sea tan transversal como el mío, es posible porque hay una fuerte corriente subterránea: el deseo de encontrar la verdad debajo de todas las alfombras. Ese propósito de desvelamiento no está explicitado en mis escritos sobre la mentira, pero en toda investigación se da por supuesto.
P. Y de vez en cuando, desconecta con fogonazos.
R. De la necesidad de desconectar de una tarea tan absorbente viene mi atención al pensamiento breve: esas fulguraciones que vienen de no se sabe dónde y cuyo tiempo termina al anotarlas en el papel. Nietzsche decía Pronto abajo, pronto arriba
; ha de ser como una zambullida rápida en las profundidades. Verlo todo tú solo por un momento en un ambiente insoportablemente frío, y luego volver a la tibieza del mundo compartido.
Por Francesc Arroyo (ElPaís)
Etiquetas: engaño, Seudología, ensayo, inspiración, Miguel Catalán, John Dewey, Nietzsche

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