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"Quiero ofrecer a los lectores un poco de locura cada dos o tres páginas" - España España

25/03/2013

David Vann (Alaska, 1966) heredó de su padre un rifle Magnum 300, un fusil Winchester, una escopeta de cañones recortados, varias pistolas y un devastador sentimiento de culpa. El suicidio de su progenitor tras una negativa por su parte a visitarle en su refugio de Alaska convirtieron al joven Vann —con tan solo 13 años— en un adolescente desquiciado con un arsenal como legado. Utilizaba las armas como terapia, iba por la noche a disparar a las farolas, disfrutaba teniendo en el punto de mira a los vecinos del barrio, confiesa.

Afortunadamente para los residentes el agua no llegó al río y el aprendiz de pistolero supo reconducir su atribulada existencia. El arte te da la posibilidad de reconstruirte, es la oportunidad de transformar algo feo y horrible en algo bello y hermoso, en cierta forma da sentido a lo que no lo tenía. Fue así como un perturbado en potencia pasó a convertirse en uno de los más prometedores escritores del momento.

Vann pensó que aireando las vergüenzas y tragedias familiares conseguiría redimirse y, de paso, hacer algo de caja. Decisión acertada ya que si de algo anda sobrado el autor es de desgracias: al suicidio de su padre habría que añadir los malos tratos que su abuelo propinaba a su abuela y el asesinato-suicidio de los padres de su madrastra. Un expediente funesto del que el autor nutre sus historias siempre a medio camino entre lo real y lo inventado. Si yo fuera una persona mejor seguramente protegería a mi familia de todo aquello pero no soy tan buena persona, soy un escritor, yo no creo realmente que haya ningún escritor que sea buena gente en ese aspecto. Fundamentalmente creo que los escritores tienen que ser un poco inmorales y carentes de ética.

Tras las exitosas Sukkvan Island (Algaiba) y Caribou Island (Mondadori), David Vann publica ahora Tierra (Mondadori), la historia de Galen y su madre, la historia de un pajillero bulímico y su sufrida madre, una mujer que vive instalada en una plácida infancia eterna de emparedados de pepino y limonadas. La tóxica relación madre-h/ijo queda completada por una tía acomplejada y resentida y una prima arpía que tortura a Galen a base de constantes insinuaciones erótico-festivas. Un ambiente familiar en plena descomposición y en el que la disputa por una sustanciosa herencia será la causante de tensiones domésticas mientras la sombra de la fatalidad planea sobre sus cabezas.

J. Losa (Público.es)

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Etiquetas: David Vann, terapia, Sukkvan Island, tierra, Caribou Island, Club de los Escritores Suicidas

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