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“La empatía te permite salir de tu pequeña tragedia” - España España

25/03/2013

En "La ridícula idea de no volver a verte" Rosa Montero entrevera los diarios de Marie Curie en los que cuenta sus sentimientos tras la muerte de su marido.

Comenzó siendo un prólogo. La editorial Seix Barral le encargó que lo escribiera para acompañar la publicación de los Diarios de Marie Curie. Rosa Montero (Madrid, 1951) aceptó el encargo complacida: la científica es una de las mujeres que más admira. Pero esas 28 páginas en las que Marie derrama su dolor por la pérdida de su marido Pierre, que había fallecido atropellado por un carro, fueron para ella un torbellino y la escritora se encontró sumergida en algo que ya no era un prólogo. La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral), es el resultado de ese acercamiento de Rosa Montero a Marie Curie. Es una alternancia entre ambas mujeres: las dos viudas (Pablo, el marido de Rosa Montero falleció hace tres años), las dos rotas por el dolor; es una reflexión de Rosa sobre un asunto tan universal como el duelo.

-¿Cómo llegó a este libro?

Nunca había querido escribir sobre la muerte de Pablo. He leído otros libros sobre el duelo, como el de Jean Didion, o el de Marcos Giralt Torrente, pero nunca se me había ocurrido algo semejante. Soy muy púdica, no me llama la autobiografía. Pero cuando empecé a escribir el prólogo al diario de Marie Curie, estallaron un montón de cosas en mi cabeza. Las páginas de Marie fueron como un espejo que hicieron rebotar mis pensamientos, cosas a las que llevaba tres años dando vueltas.

-¿Fue difícil?

No, lo he escrito muy deprisa, en sólo once meses. Salió como un torrente: estaba todo ahí.

-¿Por qué cree que ha aflorado ahora todo eso que llevaba dentro?

Quizás porque ha pasado un tiempo y también porque he podido acercarme a mi duelo sin hacer un libro testimonial.

-¿Le parecen impúdicos quienes cuentan con detalle su dolor?

Yo no rechazo los libros de duelo. Hace unos años pensaba que en ellos había algo exhibicionista o impúdico en el manejo del dolor personal. Me incomodó, por ejemplo, Paula, el libro en el que Isabel Allende cuenta la muerte de su hija. También encontraba algo incómodo en la canción de Eric Clapton Tears in heaven, dedicada a su hijo de cuatro años que había muerto al caerse por la ventana de un rascacielos. Después he descubierto que todo hacemos lo mismo.

-Hablar de ello consuela

Sin la construcción del dolor no podríamos vivir. Muchos lo rescatan con un poco de belleza, los pintores, los escritores y eso les sirve a ellos y a quienes contemplan o leen sus obras. Nos ayuda a todos.

-¿Por qué habla de tú al lector?

Salió así, como un susurro intimista y sosegado con el otro.

F. Uribarri (Intereconomía.com)

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Etiquetas: Rosa Montero, Marie Curie, La ridícula idea de no volver a verte, viuda, Jean Didion, Marcos Giralt Torrente, duelo, Eric Clapton, Tears in heaven

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