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¿Qué literatura tras Chávez? - Venezuela Venezuela

14/03/2013

Paisaje poschavismo: entre el boom educativo que aumentó el número de lectores y la discriminación de autores no oficialistas

Hace un par de días, Beatriz Lecumberri, la autora de La revolución sentimental (2012) –sin duda uno de los trabajos periodísticos más ecuánimes y mejor informados sobre la historia reciente de Venezuela– escribía en este mismo diario: Chávez, con los años, fue dejando también fuera de su proyecto de país a una parte importante de los ciudadanos. Conmigo o contra mí. Y la exclusión política sustituyó a la exclusión social.

La literatura no ha sido una excepción a estas prácticas discriminantes. Hoy abundan los testimonios de la mella que han hecho en muchos escritores y gentes del mundo de las letras. Tanto más cuanto que, antes de la llegada de Chávez al poder, el ámbito de la literatura venezolana, como lo comprobaban con sorpresa los visitantes extranjeros, era un espacio bastante pequeño, civil y familiar. Bajo la sombra protectora de nuestro Estado petrolero, las luchas por el capital simbólico se dirimían básicamente a través de los posicionamientos estéticos y la repartición de los cargos administrativos y los reconocimientos nacionales, sin que las afinidades ideológicas de unos u otros vinieran a perturbar un cierto clima de respeto y cordialidad. Muchos de los actuales directivos de las instituciones culturales chavistas y muchos de sus actuales oponentes pudieron compartir así, durante largos años, idénticos beneficios y gozaron de un trato relativamente equilibrado.

La radicalidad con que cambian las cosas a partir de 1998 modifica en pocos años este paisaje más bien raro en Latinoamérica. Hacia 2006, la novelista Ana Teresa Torres no puede menos que constatarlo: En la actualidad, a las principales convocatorias del gobierno (encuentros de escritores, ferias del libro, festivales de poesía) y a los encuentros internacionales que cursan invitaciones oficiales a Venezuela, solamente son requeridos los escritores oficialistas, casi siempre los que forman parte de la nómina burocrática. Los escritores opositores denuncian públicamente que su participación ha sido excluida; otros, la mayoría, se excluye voluntariamente y su ausencia es notoria en los actos y en las celebraciones de los escritores oficialistas (y a la inversa). Los premios nacionales comienzan a girar sospechosamente entre los incondicionales...

No creo que, en los siete años que nos separan de la cita de Torres, esta deriva discriminatoria se haya detenido o haya amainado. Pero uno de los efectos colaterales que ha producido, ha sido el de impulsar a muchos autores a ir en busca de otras instancias de legitimación intelectual y literaria, y, en particular, de esa instancia decisiva que son los lectores. A diferencia de lo que ocurría hace unos 20 o 30 años, hoy su número ha aumentado con las campañas de lectura y hoy además su interés es cada vez mayor por todo lo que la literatura venezolana tiene que decir del país. No en vano se ha hablado, hasta hace un par de años, de un pequeño boom de la narrativa que se vincularía a la doble conjunción que señala el desarrollo de un mercado editorial y las políticas educativas del gobierno. Autores como Alberto Barrera-Tyszka, Federico Vegas o Francisco Suniaga, por ejemplo, gozan hoy de la independencia que les brinda la difusión de sus novelas entre un importante número de lectores y no están sujetos, como otros, al solo reconocimiento institucional del aparato cultural del Estado.

Por Gustavo Guerrero (ElPaís)

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Etiquetas: Alberto Barrera-Tyszka, Ana Teresa Torres, Beatriz Lecumberri, Chávez, Federico Vegas, ferias del libro, festivales de poesía, Francisco Suniaga, La revolución sentimental

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