11/03/2013
En los últimos meses hemos sido testigos de una especie de explosión de la literatura erótica, que llega a colocar varios ejemplares en la lista de los más vendidos, todo ello impulsado, en parte por el auge de las redes sociales, el apartamiento de los conceptos de reprobación o pecado que en otros tiempos este tipo de lecturas llevaban implícitos, el marketing y el éxito indiscutido de la novela erótica "Cincuenta sombras de Grey" de la autora británica E. L. James que ha vendido más de 31 millones de copias en todo el mundo.
La literatura erótica siempre ha existido. El erotismo y el sexo han estado asociados a la sociedad y la cultura del hombre desde los inicios de los tiempos, y el caso de la literatura no es una excepción, si bien a menudo se ha visto sometida a la censura por considerarse reprochable o inmoral.
¿Qué es lo que hace erótico a un cuento o una novela? ¿Se las puede caracterizar meramente como una narración o descripción de actos sexuales? ¿O tal vez resulte que el objeto de representación de la literatura erótica no sea el acto sexual en sí mismo, sino el deseo?
Nada mejor que recurrir a Mario Vargas Llosa, autor de poderosas escenas eróticas en sus textos: "Elogio a la madrastra" o "Travesuras de la niña mala", quien dijo que una literatura que es sólo erótica difícilmente llega a ser grande, debido su necesaria monotonía temática
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Despuntamos entonces otro concepto que subyace entre críticos, autores y lectores: la literatura erótica se suele considerar un hermano pequeño de la literatura, aunque existan historias que, contadas por manos expertas y empleando en su elaboración evidente talento literario, perduran y perdurarán más allá de censuras y de modas.
Si la pornografía en la literatura es narrar o describir meramente actos sexuales, puede resultar ser monótona o aburrida. Pero nada de ello sucede en la literatura erótica, cuyo objeto de representación no es el acto sexual sino el deseo, cuyas formas son, literalmente, infinitas.
Actualmente la mujer ha pasado de ser musa de inspiración a protagonista en la creación de obras literarias y la literatura erótica. En la producción narrativa femenina el registro de la experiencia erótica ha venido cobrando más y más importancia. Una de las primeras mujeres en ingresar en el campo de la literatura erótica es la novelista americana, nacida en Francia e hija de padres cubano y española, Anaïs Nin, famosa por su obra Delta de Venus (1940). Allí expone diferentes temas sobre sexualidad, algunos considerados tabú como el abuso, incesto, homosexualidad, prostitución, infidelidad y pedofilia, pero sin perder el foco sobre su trabajo que es el estudio y la descripción de la mujer.
En 1954, Anna Desclos usando el pseudónimo de Pauline Rèage, obtuvo un enorme éxito con la publicación de "Historia de O", no exento de la habitual polémica e intentos de prohibición que conlleva el erotismo, y en la que describe cómo una joven y enamorada parisina es adentrada en los conceptos del sadomasoquismo. En esta obra la autora consigue dar un nuevo enfoque a la sensualidad, colocando al lector entre cadenas, látigos y demás artilugios del ritual "BDSM", sin descuidar la trama.
Por Dra. María Pía Danielsen (ElLiberal.com.ar)
Etiquetas: Anaïs Nin, Anna Desclos, Cincuenta sombras de Grey, Delta de Venus, E. L. James, Elogio a la madrastra, erotismo, Historia de O, homosexualidad, incesto, infidelidad, literatura erótica, Mario Vargas Llosa, Pornografía, prostitución, sexo, Travesuras de la niña mala

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