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De escritores pendencieros y boxeo - México México

15/02/2013

No creo que este asunto de la literatura esté necesariamente peleado con toda forma de violencia. Imagino que hay escritores que fueron todo menos entes pacíficos que miraban al mundo de manera reflexiva. Si escribir es una forma de rebeldía, el agarrarse a madrazos puede ser divertido en algunas ocasiones.

La percepción que tiene la mayoría de la gente de lo que debería ser un escritor puede que esté prejuiciada. Un tipo que es profesor universitario, que viste con corrección, habla de los más variados temas, usa gafas y nunca levanta la voz quizá sea el non plus ultra de las almas recatadas. Pero tampoco creo que todos encajemos en ese molde. Porque no hemos crecido en las mismas circunstancias.

Se dice que la literatura se nutre del infortunio, que los escritores son buitres cazando la carroña y que la mejor ficción es aquella que se ha vivido. Nadie le puede negar el valor de verdad a Vargas Llosa y su exposición de la crudeza con la que se tratan los cadetes en el Leoncio Prado. O un André Malraux en prisión por andar robándose tesoros en el oriente.

Ni que decir de los famosos rounds de boxeo del escritor de asuntos viriles por excelencia, Hemingway. En sus memorias, París era una fiesta, memorias de sus vivencias en el París de los años 20, el autor norteamericano hablaría de la imposibilidad de enseñarle a Ezra Pound a tirar el gancho izquierdo, o de guardar la derecha. Un caso imposible. Y eso descalificaría al pobre poeta a los ojos del grandote.

Cortázar narraría con maestría las desventuras de un boxeador en Torito, un peleador en declive. Hay quienes de entre los escritores les hubiese gustado dedicarse a alguna de estas actividades que en realidad no están tan lejos de nuestra realidad. Yo mucho tiempo soñé con ser boxeador o luchador. Uno de mis primeros intentos de escribir una historia fue sobre un luchador con cara de caballo y un caminado característico que es reconocido por dos niños saliendo de la arena sin máscara.

O Norman Mailer que se convertiría en una especie de cronista de las peleas de Alí. Publica en la revista Life un artículo titulado el rey de la colina y describe con cierto placer los pormenores:

Para pelear, Alí se puso calzones de terciopelo rojo, y Frazier los llevaba verdes. Antes de que comenzara el combate, antes incluso de que el árbitro los convocara en el centro del cuadrilátero para impartirles las instrucciones, Alí recorrió bailando el perímetro y como deslizándose pasó ante Frazier, a quien dirigió una sonrisa de chiquillo, como diciéndole: Chico, vamos a jugar, y me parece que será divertido

Salvador Novo descubriría la pasión por el box en una invitación hecha por unos amigos. Aunque a él le parecía un fastidio este asunto de ver a dos hombres tundiéndose, encontró en el box el más grande de los espectáculos descubiertos. Escribiría después un ensayo llamado Algunas sugestiones sobre el boxeo donde diría que,

Todos nuestros músculos siguen el dinamismo de los contrincantes, nos sentimos capaces de aconsejarlos, de competir con ellos, y, ebrios de fuerza, retar al vencedor.

El box sería también un elemento de discordia entre dos escritores consagrados que terminaron teniéndose mala leche. En historia de un combate literario, (Letras Libres Octubre del 2003) Guillermo Niño de Guzmán relataría con pelos y señales los desencuentros de Hemingway y F.Scott Fitzgerald, donde el primero le tundiría hasta en sus novelas, gozando en humillarlo, lo cual tendría una explicación dada la competitividad del escritor de París era una fiesta:

Hemingway. Aficionado al boxeo, acostumbraba practicar este deporte con sus colegas. Uno de sus contrincantes habituales era el escritor canadiense Morley Callaghan, a quien había conocido cuando trabajaba en Toronto. Ernest invitó a Scott al gimnasio para que controlara el tiempo, pero éste se olvidó de señalar el final de una vuelta y dejó que continuara la pelea más allá de los tres minutos estipulados. Su distracción permitió que, durante la prórroga "ilegal", el diestro Callaghan lograra encajarle a su contendiente un fuerte golpe en la mandíbula que lo derribó con estrépito. El imbatible Hemingway montó en cólera y culpó a Scott de haber actuado con mala fe. Las cosas no terminaron allí. El chisme de la "derrota" de Hemingway circuló en los ambientes de expatriados norteamericanos de París y llegó hasta Estados Unidos.

Por Ramiro Padilla (SDPNoticias)

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Etiquetas: André Malraux, box, boxeo, Cortázar, escritores, Ezra Pound, Hemingway, literatura, Norman Mailer, Salvador Novo, Vargas Llosa

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