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El paraíso de los guionistas - Argentina Argentina

08/02/2013

Expulsados del cine taquillero, los autores se refugiaron en las series del cable, quizá la última forma de arte capaz de contar la vida.

La Gran Novela Americana se está escribiendo en la televisión: el mito fundacional de la cultura anglo, aquel que resume el espíritu de una época y la trascendencia universal del hombre de a pie, ya no está cosido a hilo sino que rueda en el horario central. A menudo se compara lo que hago con una gran novela épica, confirma Terence Winter, creador de la serie Boardwalk Empire, que narra los turbulentos días de la Ley Seca en Atlantic City y que estrena su tercera temporada el 14 de octubre por HBO. Hace unos años, Winter fue el guionista de Los Soprano, el drama que interpretó el zeitgeist del fin de siglo en la neurosis de un mafioso atormentado y que alguna vez fue considerado el programa de TV definitivo.

Escribo historias que narran una épica profunda durante docenas de horas y la habilidad de contar una historia en forma honesta es algo extraordinario que hoy ofrece el cable, dice Winter a Ñ, durante el estreno de los nuevos episodios en Nueva York. Si es cierto que la sala de escritores de la TV se convirtió en el refugio de los guionistas, expulsados del cine por sus elefantiásicas exigencias de taquilla, los estudiosos de la narrativa de calidad aseguran que las series ya son la última forma de arte.

Creo que es un error confundir televisión con literatura. Aunque ambas emplean recursos parecidos, como la multiplicidad de puntos de vista, la novela tiene una voz interior que la TV no tiene, aunque se use un narrador en off, disiente David Simon, creador de Treme (la tercera temporada se estrenó este mes por HBO) y de la monumental The Wire, a menudo citada como la mejor serie de todos los tiempos. Al final, concede: Sí es cierto que ahora la TV es hecha por personas que leyeron muchas novelas, no tan obvio en esta industria. A diferencia de lo que pasa en el cine, donde los estudios imponen su lógica pochoclera, en la tevé el guionista es el dueño de su obra. Con la épica cotidiana de la gente común en una ciudad destruida por la fuerza natural y por la negligencia humana (Treme cuenta el dislate de los meses posteriores al paso del huracán Katrina por Nueva Orleans), la serie recupera el espíritu episódico del folletín decimonónico: Serializar historias es algo propio del siglo XIX, compara Eric Overmyer, co-autor del programa: Y probablemente Charles Dickens sea el mejor ejemplo. Pero si hoy querés encontrar la Gran Novela Americana, tenés que leer a Michael Chabon.

Historia de dos ciudades: con sus personajes angostos y propios, Nueva Orleans en Treme y Baltimore en The Wire se erigen como reproducciones a escala de un mundo ancho y ajeno. En la última década, vivimos la Era Dorada de la televisión, opina el enorme Wendell Pierce, protagonista de Treme: Los programas se filman como películas. Y se escriben como novelas. En el siglo XIX, los folletines de Dickens provocaban tanto fanatismo como las intrigas en torno a la isla de Lost y sus dichosos osos polares, humos negros y saltos temporales, y la cultura popular todavía recuerda aquel día de 1841 en que los fans destrozaron el puerto de Nueva York en su desesperación por la llegada del barco inglés que traía un último episodio de Dickens, con la respuesta a la pregunta ¿la pequeña Nelly ha muerto? (alerta de spoiler: sí).

Aun en épocas de banda ancha, la serie obliga al consumidor a moderar su entusiasmo hasta la emisión del próximo episodio, como un feligrés a la espera del sermón dominical, devoto del guionista en tanto deus ex machina. Como espectadores, aprendimos a confiar en las jerarquías que gobiernan nuestras ambiciones televisivas, escribió la crítica Emily Nussbaum en la revista The New Yorker: El cable triunfa sobre el aire, el drama es mejor que la sitcom, lo adulto es más valioso que lo adolescente, el realismo nos hace crecer más que la ciencia ficción, lo siniestro derrota a lo luminoso, los documentales superan a los realities y cualquier cosa tan buena como Dickens es superior a la telenovela de la tarde.

Ficción supera a realidad

Huracanes. Inundaciones. Exilio. Crimen. Corrupción. Traición. Engaño. Codicia. Negligencia. ¿Es todo lo que tienes?: así se promociona la tercera temporada de Treme, según su creador, una serie sobre la cultura de una ciudad, un programa con conciencia social. Si la lucha contra las drogas fue excusa argumental para hablar sobre la moral de los medios o la ambición de la política en The Wire, el aquelarre posterior a Katrina mostró el rostro más desangelado de los Estados Unidos. ¿Qué pasó en Nueva Orleans después del huracán y qué dice eso de nosotros como país?, se pregunta Simon, quien trabajó en el diario Baltimore Sun durante doce años: Mi misión es contar historias sobre gente común: en Treme, ningún personaje es el alcalde de la ciudad o el jefe de Policía. La gente suele decir ‘en esta serie no hay trama’. Pero la trama es la escala humana.

Para Pierce, nacido y criado en Nueva Orleans, el programa es "catártico" en su purgación de las culpas de una ciudad como corpus colectivo: Mi barrio fue totalmente destruido por el huracán y eso se ve en la serie. Treme rompe todavía más reglas que The Wire: mucha gente lo mira creyendo que es un documental pero, aunque verosímil, ésta es una historia con personajes imaginarios. Para una ciudad tan castigada, es casi terapéutico: con cada episodio, los vecinos recuerdan dónde estaban en ese momento y así las historias ficticias se vuelven reales.

Por Nicolás Artusi (Revista Ñ)

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Etiquetas: Charles Dickens, Emily Nussbaum, Eric Overmyer, Gran Novela Americana, guiones, guionista, Los Soprano, Michael Chabon, Terence Winter, The Wire, Treme

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