07/02/2013
Aunque es posible que (en el contexto actual) todo editor juegue a la ruleta rusa con su catálogo, arriesgando la existencia y la continuidad de su empresa con la publicación de cada nuevo título, lo cierto es que ningún editor parece correr tantos riesgos como Irene Antón y Rubén Hernández, responsables de Errata Naturae, uno de los proyectos de mayor calidad y coherencia de la edición española actual.
Irene Antón (Madrid, 1978) es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, cursó estudios de doctorado en la Université Paris IV, Paris-Sorbonne, y de literatura alemana en la Freie Universität de Berlín; obtuvo su Diploma de Estudios Avanzados gracias a un trabajo titulado La santidad transfigurada. Ética y estética en la obra de Jean Genet y ha traducido a autores como Jean-Luc Nancy, Robert Desnos y Michel Onfray.
Rubén Hernández (1978), por su parte, ha sido profesor de Estética y Teoría de las Artes en el departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, ha comisariado diversas muestras de cine en España, Alemania y Brasil, y ha sido colaborador de publicaciones como Revista de Occidente o ABC Cultural. Este diálogo se celebró en la librería La Buena Vida y es parte del ciclo "Antología en movimiento", una serie de conversaciones públicas entre el escritor Patricio Pron y una selección de artistas de la escena madrileña contemporánea que Revista de Libros viene publicando regularmente.
Quisiera comenzar preguntándoos acerca de los orígenes de la editorial, que se remontan (si no estoy equivocado) a 2008, en un marco en el que ya escuchábamos habitualmente que la industria editorial se encontraba en franca decadencia y que era un pésimo momento para proyectos de ese tipo.
RH: Nosotros comenzamos a pensar en el proyecto en 2007, cuando todavía no se hablaba explícitamente de crisis, y el primer libro salió en abril de 2008, que fue cuando se comenzó a hablar de ello, aunque espero que no exista una relación de causa y efecto entre una cosa y otra [risas]. En cuanto al origen, yo creo que fue una sesión de terapia donde, de repente, se me cruzó la expresiónmatar al padrecon la frasemontar una editorial. Al principio esto no tuvo mucha trascendencia, pero la psicoanalista me lo recordó al cabo de un tiempo y ese fue el origen de Errata Naturae: los dos estábamos terminando nuestras tesis doctorales o comenzando a terminarlas y nos encontrábamos un poco hastiados de la relación con el "papá Estado", el "papá beca" y el "papá universidad", y pensamos con cierta ingenuidad que montar una editorial podía ser una solución.
Más allá del tiempo material y el esfuerzo dedicados al proyecto, que no son fácilmente cuantificables, ¿cuál fue la inversión inicial?
RH: Creo que estuvo en torno a los treinta mil euros. Nosotros nos planteamos no tener que depender del retorno de lo invertido en los títulos del primer año, que creo que fueron unos ocho, pensando que, de algún modo, el proyecto debía sostenerse sin que el quinto libro tuviera que costearse con los beneficios del cuarto, que no podíamos dar por seguros. Y esos treinta mil euros era la inversión que necesitábamos hacer para que fuera posible.
Dejadme que os pregunte por el nombre de la editorial. En un momento en el cual (al parecer) éstas debían por fuerza tener nombres esdrújulos como "Periférica", "Nórdica", "Automática", "Minúscula" o "Diábolo", la vuestra no lo tenía. Bromas aparte, ¿cómo surgió el nombre?
RH: No recuerdo cómo surgió el nombre, pero sí el planteamiento inicial que nos hicimos, que era buscar un nombre a través del cual derivar una cierta organización tanto estética como de contenidos de los libros que queríamos editar. Y el nombre "Errata Naturae" habla de lo otro, lo diferente, lo pequeño, lo ajeno, lo marginal; la errata naturae es el monstruo, aquello que queda un poco apartado de los límites de lo social, el distinto, el que nace por un error o por un azar. Con ese nombre queríamos reforzar, pues, una cierta idea editorial y también crear una serie de colecciones, y esa es la razón por la que, al menos al principio, cada una de las colecciones estaba vinculada a un monstruo, a una errata naturae.
Hablemos, pues, de esas colecciones, que os distinguen de las otras editoriales pequeñas españolas del momento, ya que es poco habitual que una editorial que comienza se imagine a sí misma con varias colecciones. Si no me equivoco, son ocho, entre ellas, La mujer cíclope, La oveja vegetal y El Pasaje de los Panoramas.
IA: Sí, El Pasaje de los Panoramas es la última en ser creada. Tiene un año y medio y es, de una manera amplia, una colección de narrativa. Y digo amplia porque también incluirá correspondencias, memorias y textos más biográficos, de modo que no sólo es ficción. Es una colección en la que participamos los dos, pero en la que quizás yo estoy más implicada.
Otras dos de esas colecciones son Los Agripianos y Los Cinocéfalos.
RH: Sí, la primera es una colección de filosofía, donde vamos sacando uno o dos títulos al año (que es lo que nos permite el mercado), pero luego está La muchacha de dos cabezas, donde entran cosas más vinculadas con la teoría política, el urbanismo, la sociología, etcétera. Los Cinocéfalos es una colección de pensamiento crítico, que tiene menos títulos. Hay otra colección que no has mencionado, acerca del cine, llamada Los Polioftálmicos, que es la que nos está costando más por el hecho de que los libros de cine están quedando relegados en librerías. Nos gustaba la idea de dividir toda esta producción en colecciones para hacer más visibles las intenciones del catálogo.
IA: Al principio pensamos en hacer una biblioteca, donde cupiese todo lo que nos parecía importante que estuviese traducido y publicado, pero luego pensamos que era más sencillo dejar claro a qué ámbito pertenecía cada libro mediante las colecciones y los colores de las portadas, y nos gustó el juego con los personajes, que entroncaba con el nombre de la editorial, como ha dicho Rubén. Así que fuimos descubriendo estos personajes y poniéndoles nombre, pero, probablemente, si empezásemos hoy, haríamos no más de cuatro colecciones, ya que ocho parecen demasiadas.
Otra de esas colecciones es Los Pequeños Platones.
RH: Sí, a Los Pequeños Platones me los encontré en París, en una librería, y los compré para mí porque me encantaron. Es una colección de filosofía para niños, pensada para niños (si son franceses) de diez u once años y (si son españoles) de doce o trece [risas]. Pero de ninguna manera los compré para publicarlos; sin embargo, al cabo de un año o así, nos lanzamos a ello y está funcionando muy bien, tanto a nivel de prensa como de ventas.
IA: Hemos hecho un gran esfuerzo para que la conociesen los profesores, hemos generado unas unidades didácticas que se pueden descolgar de nuestra web en las que hay pasatiempos y juegos que tienen que ver con los libros. Sin simplificar ni hacer de los filósofos unos tontos, la verdad es que acercan la vida cotidiana de los filósofos a los niños, haciéndola más cercana y divertida.
Tenéis una colección denominada "Fuera de colección" destinada a teleseries. ¿Se trata de la pata más comercial de la editorial?
RH: Sí, definitivamente. Son libros que nos interesan de otro modo, no menos, pero sí de una manera distinta, más lúdica tal vez, que otros libros que publicamos pero se venden más, lo que nos permite editar a otros autores que son deficitarios pero que nos interesa mucho publicar.
¿Con qué títulos comenzasteis?
IA: Los dos primeros (porque salimos con dos) fueron Pasar el invierno, un libro de relatos de Olivier Adam, y La evidencia del filme, de Jean-Luc Nancy, que es un libro maravilloso acerca del cine de Abbas Kiarostami. Fueron títulos que editamos con mucho cariño, haciendo todo entre los dos y trabajando uno al lado del otro, pero supongo que hay muchas cosas que se podrían haber hecho muchísimo mejor en ellos.
Una elección que tomasteis al comienzo y que creo que fue muy importante para la historia de la editorial fue que las portadas fuesen realizadas siempre por el mismo ilustrador. ¿Quién es el ilustrador y cómo llegasteis a la idea de emplearlo una y otra vez?
RH: Se trata de David Sánchez, que es dibujante de cómics y que nunca había hecho un diseño de libro y menos de colección, pero que (después de una mala experiencia que tuvimos con un estudio de diseño gráfico) nos presentó un diseño que es muy simple pero fantástico, que destaca mucho y tiene un alto nivel de reconocimiento.
Por Patricio Pron (RevistadeLibros)
Etiquetas: Irene Antón, editores, editorial, Rubén Hernández, Errata Naturae, Jean-Luc Nancy, Robert Desnos, Michel Onfray, Jean Genet, Patricio Pron, Revista de Libros, La mujer cíclope, La oveja vegetal, El Pasaje de los Panoramas

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