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Jaime Bayly: "Me siento un escritor menor, pero no voy a tirar la toalla" - Argentina Argentina

03/02/2013

El narrador peruano, también conocido como conductor televisivo, acaba de publicar Morirás mañana (Alfaguara), trilogía policial en la que un álter ego despechado se propone eliminar a sus críticos. En esta entrevista, cuenta sus propios rencores contra el ambiente literario y explica por qué los vicios son la cifra de todo individuo

Después de haber apelado a todas las formas de la provocación, de confesar sus apetencias sexuales y sus vicios, de reírse de sí mismo y de los demás, Jaime Bayly (Lima, 1965) continúa en su afán de superar los límites de la corrección política allí donde se encuentren. A falta ya de sutilezas a las que recurrir, en su novela decide liquidar -literariamente, claro- a cada uno de los enemigos que se encontró en su derrotero por la literatura, el periodismo y el espectáculo. A esa tarea se aboca su álter ego, Javier Garcés, el protagonista de Morirás mañana, una trilogía de novelas reunidas en un solo volumen recientemente publicado en la Argentina. Diagnosticado con una enfermedad mortal, Garcés descubre que ya no le quedan reparos morales para llevar a cabo su más oscuro deseo: evitar que sus adversarios lo sobrevivan. Por esa razón se propone matar al crítico literario que destrozó cada una de sus tres novelas mediocres, al escritor consagrado que le negó un premio, al editor que le robó sus derechos de autor y a la amante que lo traicionó. La escritura corrosiva y ligera de Bayly deja en esta novela sus habituales recursos autobiográficos para tomar vuelo en una ficción disparatada, cruda y con altas dosis de violencia. De visita en Buenos Aires, Bayly contó a adncultura las inquietantes circunstancias que lo llevaron a escribirla.

-Empecé la novela en el año 2009, en Bogotá. Me había mudado allí y vivía en un hotel, cuando dos circunstancias diferentes me acercaron a la muerte. Unos médicos me dijeron que mi salud estaba muy venida a menos y, por otra parte, el jefe de la policía secreta me dijo que unos sicarios venezolanos iban a venir a matarme en nombre de Chávez.

-¿Por sus opiniones políticas?

-Sí, en ese momento estaba haciendo un programa político todas las noches, por NTN 24 desde Bogotá, que se veía mucho en Venezuela. Si lo que me habían dicho el policía y los médicos era verdad, la muerte estaba más o menos cerca. Entonces me planteé cómo quería seguir viviendo. No debía irme de Bogotá, no quería escapar y tampoco quería hacerme ningún trasplante de hígado como me sugerían los médicos. Me pareció que la forma de conjurar los peligros era escribir una novela impregnada de sangre, de muertes. Javier Garcés, el protagonista, es un hombre que sabe que le queda poca vida, igual que yo en ese entonces. Me resultó muy estimulante y me hizo bien a la salud anímica y física aferrarme al vicio de escribir. Imaginar que volvía a Lima y me inauguraba en el oficio de asesino. La novela surgió así, matando imaginariamente a un crítico literario, a un escritor veterano y al director de un diario. Sentí que, en efecto, escribirla me instalaba muy crudamente en la realidad de la vida. Por eso la prolongué con más enemigos a los que ajusticiar. Lo que originalmente tramé como una novela ambientada en el Perú, con cuatro o cinco crímenes, luego se desbordó a Chile y la Argentina.

-¿Cómo se resolvieron las situaciones de peligro en las que se encontraba?

-Los médicos peruanos que sugerían hacerme un trasplante de hígado urgente exageraron. Aquí estoy, tres años después. En cuanto a la advertencia del policía que trabajaba para el gobierno de Uribe, no pasó nada. A veces yo burlaba mi custodia y me escapaba de madrugada. Pasan muchas motos por Bogotá, sentía el zumbido de alguna y pasaba gallardamente junto a ella. La ciudad, con calles de atmósfera muy pesada, me pareció un lugar curioso para contagiarme de esa locura por la violencia y la muerte.

-¿Cómo se tradujo el miedo a la muerte en el deseo de matar de su personaje? Javier Garcés elige a sus víctimas entre escritores, críticos y periodistas, todos los ámbitos en los que usted ha trabajado.

-Evidentemente estoy agazapado detrás de Garcés, sus enemigos son los míos. Son personajes ficticios pero basados en personas reales que yo he conocido y con las que ha surgido alguna animosidad. Garcés no es una persona religiosa, sabe que le queda muy poca vida y le parece insoportable la idea de que sus propios enemigos lo sobrevivan. Cree que es un acto de justicia exorcizar sus rencores y a la vez ajustar cuentas con ellos. Descubre que es una mala persona y que sólo tramando crímenes y ejecutándolos se siente mejor, es una terapia. Le parece que incluso sus pequeñas novelas mediocres fueron una preparación para ese momento.

-Garcés comienza con crímenes literarios. ¿Cuáles son sus propios rencores con la crítica, los editores y los demás escritores?

-Yo lo entiendo a Garcés. Mata a un crítico que ha sido su enemigo sistemático, un odiador profesional. Cada vez que publicaba una de sus novelas menores, el crítico se ensañaba de una manera feroz con él. A mí me ha ocurrido. Difícilmente se olvidan las críticas más ponzoñosas, y menos aún se olvida a un crítico que ha hecho carrera escribiendo libelos en contra de uno. El crítico que me sirvió de modelo para Hipólito Luna, relativamente conocido en Perú, fue muy venenoso con mis novelas. Creo que los escritores somos muy envanecidos y muy sensibles al agravio del crítico. En cuanto a los escritores, Garcés no los ve como colegas. Son enemigos. No recuerda una reunión o congreso de literatura que no estuviera envenenado por las intrigas, la mezquindad, la chismografía, el intento de rebajar al otro. Se propone, entonces, matar a un escritor que, él supone, le robó un premio. En ambos crímenes, incluso en el crimen del director del periódico que echa a Garcés, he querido retratar la vanidad herida e inflamada de los escritores.

-Los periodistas también son criticados en la novela, los que no son corruptos mienten descaradamente para vender sus noticias.

-Yo soy periodista desde los 15 años. Tengo un conocimiento de algunas décadas sobre las pequeñas corruptelas, las picardías y los embustes de los periodistas. En la novela hay una visión humorística del oficio. Los diarios retratan los crímenes como verdaderas fábricas de ficción. Uno ve un lío de faldas donde el otro ve un caso de espionaje de la CIA, porque el modo de presentar la noticia está cargado de la intención editorial de cada periódico o de sus pequeños negociados. Mi impresión es que muchos de los escritores de redacciones, sobre todo los de notas policiales, son novelistas encubiertos, que toman un dato de la realidad y luego fabulan la noticia desde la ficción.

Por Martín Lojo (LaNación.com.ar)

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Etiquetas: ambiente literario, escritor, Jaime Bayly, Morirás mañana, novela, policial

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