03/02/2013
E s una pieza breve, de sobria belleza. En poco más de cien páginas, Los peces no cierran los ojos, del napolitano Erri De Luca, revive el verano iniciático de un niño de diez años en un pueblo junto al mar, donde aprenderá lo que es un cuerpo enamorado y conocerá la cruda justicia que imparte su tierra. Hace algunos días, en el festival de literatura Hay de Cartagena, Colombia, De Luca abrió su vida y su obra, y respondió preguntas ante quienes lo escuchábamos entre un público atento. Vale conocerlo en sus propias palabras.
"El mío es un nombre inventado, que no está en el calendario. Fruto de una abuela norteamericana que a comienzos de 1900 les puso a sus hijos nombres norteamericanos. Luego yo me llamé Henry, pero en la infancia lo convertí en Erri."
"Mi lengua es el napolitano, no el italiano, que hablaba sólo con mi padre, en la mesa. Se mezclaba con lo que comíamos. Era la lengua de los libros, de las cosas tranquilas. Lo opuesto del napolitano, que era la lengua de mi madre, de la ciudad, de las cosas vivas; la lengua en la que se peleaba, se maldecía, se contaban las historias. Y las historias las contaban las mujeres, no los hombres."
"Mi educación sentimental proviene de la escucha. En aquella época, las paredes de las casas de Nápoles separaban muy poco. Estaban hechas con material volcánico, que es poroso. Por allí pasaban las voces. Me convertí en un escuchador. El oído era el maestro de los demás sentidos. Luego me convertí en un lector, porque mi casa estaba llena de libros."
"Nápoles es una ciudad del sur y para nosotros está bien esa denominación de origen. Pero pertenece más al Mediterráneo que al sur. Su carácter depende de la geología, no de la geografía. Ni de la historia. El napolitano vive en una ciudad fundada en el riesgo del ataque del fuego. Podemos perderlo todo en cualquier momento."
Por Verónica Chiaravalli (LaNación.com.ar)
Etiquetas: Erri De Luca, escritor, Los peces no cierran los ojos, recuerdo, redactor

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