01/02/2013
Lo cuenta el semanario liberal alemán "Die Zeit" y es un ejemplo más de a qué extremos nos lleva muchas veces la corrección política, sobre todo cuando se aplica a la literatura, en este caso a la literatura infantil.
Presionadas por los grupos preocupados por estas cosas, algunas editoriales alemanas han decidido sustituir en ciertos cuentos infantiles que son hoy ya clásicos como los de la serie protagonizada por "Pippi Calzaslargas" ciertos vocablos que hoy resultan ofensivos para determinados grupos de población.
Una de esas palabras es "Neger" (en alemán "negro" referido al individuo de ese color de piel), que tiene hoy una connotación tan negativa como su equivalente en otros idiomas y que aquí también intentamos sustituir muchas veces por "moreno".
Como sabrá cualquiera que haya leído los libros de Astrid Lindgren, el padre de Pippi es un navegante que, en la imaginación de la pequeña, se ha convertido en "rey de los negros".
En la nueva edición alemana políticamente correcta se ha eliminado esa palabra y Pippi ha dejado de ser la "Negerprinzessin", literalmente "la princesa negra", y se llama "Südseeprinzessin" (princesa de los mares del Sur).
¿Qué hacer, por otro lado, se pregunta la revista con el "Kleiner Neger", literalmente el "negrito", que aparece al comienzo de la novela de Michael Ende "Jim Botón y Lucas el maquinista" como un pequeño Moisés en el interior de un paquete? ¿Deberíamos llamarle "morenito" o "niño de piel oscura"?
Hay quienes han detectado en "Pippi Calzaslargas" "resentimiento" y "racismo colonial" y citan a título de ejemplo la afirmación que hace en determinado momento la heroína de que en el Congo no hay una sola persona que diga la verdad. Mienten todo el día. Comienzan muy temprano, a las siete y no paran hasta que se pone el sol
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Joaquín Rábago (FarodeVigo.es)
Etiquetas: Astrid Lindgren, corrección política, Jim Botón y Lucas el maquinista, literatura infantil, Michael Ende, Pippi Calzaslargas

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