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Santiago Posteguillo: "A Dickens le pirateaban los libros" - España España

21/01/2013

El punto y final de este libro La noche en que Frankenstein leyó El Quijote (Editorial Planeta), del valenciano Santiago Posteguillo, es más bien un punto y seguido. Después de concluir su lectura habrá quien se sienta tentado a acercarse a las creaciones de los grandes maestros que menciona. A bucear en esas historias que tienen nombres propios: Shakespeare, Dostoievski, Dumas, J.K. Rowling, Dublín... Este profesor de lengua y literatura inglesa traslada la técnica que utiliza en sus clases a la redacción de este texto, con el propósito de aportar luz, sobre todo aquello que se esconde detrás de los libros. Es lo que él califica como el "ángulo inesperado", una opción narrativa para recrear instantes estelares de la literatura universal. En esta entrevista con EL UNIVERSO, Posteguillo –autor de Los asesinos del emperador y de la trilogía de Publio Cornelio Escipión– desentraña la vida secreta de una veintena de obras magistrales.

¿Hasta qué punto, a veces, la historia que está detrás de una joya literaria puede ser más importante que la obra misma?

Tendemos a pensar que los escritores trabajan en paz y sosiego, en situaciones confortables y de comodidad, pero no siempre es así. Cervantes empezó a escribir en la prisión. Otros autores se han visto presionados por temas financieros o han sentido el acoso de los servicios secretos de determinados totalitarismos que han intentando impedir que se publiquen sus obras. Detrás de los grandes libros están los anhelos, los deseos y las frustraciones de cada uno de esos escritores. Normalmente esto no sale a la luz.

Seguramente si conociéramos el contexto en el que se redactaron determinados libros los comprenderíamos mejor. El Principito, por ejemplo...

Tiene la genialidad de estar escrito para que los niños hagan una lectura y los adultos, otra; pero es poco conocido el pasado de Antoine de Saint Exupéry y su enigmático fallecimiento. Creo que el libro es el resultado de haber visto la muerte cerca muchas veces. Su vida fue un morir y nacer cada día.

¿Llegó Frankenstein a leer El Quijote?

No lo sabemos, pero sí es seguro que lo hizo Mary Shelley, su autora. Se conoce que en el verano de 1816, cuando escribía con su marido, Percy Bysshe Shelley, en una casa de Lord Byron, en los Alpes, por las noches leía una traducción al inglés de El Quijote. Le apasionó tanto esta obra que decidió aprender español y luego hizo hasta crítica literaria de Quevedo, Lope de Vega, Góngora o Garcilaso de la Vega. Incluso, en el prólogo de Frankenstein o el moderno Prometeo hay una referencia a Sancho Panza. El capítulo 14 de la versión de 1831 es una recreación de la Historia del cautivo, de los capítulos 39 al 41 de la primera parte de El Quijote.

¿Escribió Shakespeare las obras de Shakespeare?

Hay muchas teorías y todo parte de la idea de que Shakespeare era un actor que no tenia suficiente preparación o erudición para escribir las obras que hizo. Quien sí las tenía era Christopher Marlowe, gran autor dramaturgo de la época. Yo me inclino a pensar que sí fue Shakespeare porque pudo haber tenido acceso a traducciones de los clásicos para haber hecho algunas de las obras. Lo que más me interesa, sin embargo, es aprovechar la controversia para acercar al público a Hamlet u Otelo.

¿Sigue siendo tabú la relación entre Auguste Maquet y Alejandro Dumas?

La estrategia de usar "negros" siempre ha existido en la literatura. Dumas tenía una chispa de genialidad para coger un material y otorgarle una vivacidad especial, pero no es menos cierto que cuando no contó con la colaboración de Maquet, las obras no fueron tan brillantes. Maquet tampoco triunfó en su carrera en solitario. Creo que hubiera sido más justo que en obras como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo hubiera aparecido como coautor.

¿Solo alguien como Dostoievski es capaz de escribir una novela en 26 días?

Escribía de un solo tirón, pero era un ludópata compulsivo. El dinero que ganaba con sus novelas lo perdía en los casinos de Europa. En 1866 fue incapaz de hacer frente a las deudas y firmó un contrato con un editor que le obligaba a escribir una novela en 26 días. En la mañana se dedicaba a terminar Crimen y Castigo y por las tardes, El jugador. Como las manos no le daban contrató a la taquígrafa Anna Grigorievna Snitkina. Entregó el manuscrito a tiempo, se casó con Anna, recorrieron Europa, pero hicieron una parada en Baden-Baden, donde, lamentablemente, había un casino. El vicio de un escritor puede dejarnos, paradójicamente, maravillosas obras.

Por Patricia Villarruel (El Universo-Ecuador)

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Etiquetas: Antoine de Saint Exupéry, Charles Dickens, Dostoievski, Dublín, Dumas, Garcilaso de la Vega, Góngora, J.K. Rowling, La noche en que Frankenstein leyó El Quijote, Lope de Vega, Los asesinos del emperador, Percy Bysshe Shelley, Quevedo, Shakespeare

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