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"Leo la realidad literariamente y supongo que eso también es ser un escritor" - España España

15/01/2013

Conversación con Marcos Giralt Torrente

De su penúltima obra, Tiempo de vida, se ha dicho que es el discurso de un alma atribulada que busca la paz (Santos Sanz Villanueva) y que constituye un intento de domar el sufrimiento por medio de la escritura (Rosa Montero). Aunque esa obra le permitió obtener el Premio Nacional de Narrativa en 2011, de Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) y del portentoso estilo de sus libros se habla mucho y muy bien desde hace años, en particular desde que obtuvo el Premio Herralde de Novela con París, en 1999. Claro que ese estilo parece haber sido dejado de lado al menos parcialmente por el autor a la hora de escribir Tiempo de vida. En este diálogo, que forma parte del ciclo «Antología en movimiento», una serie de conversaciones públicas entre el escritor Patricio Pron y una selección de artistas de la escena madrileña contemporánea en la librería La Buena Vida, Giralt Torrente habla de ese estilo, de la ficción sin invención y de la exposición a la que siempre está sometido todo escritor, no sólo cuando éste escribe una obra autobiográfica.

Quería comenzar preguntándote en qué medida contar una historia que no era ficcional, la historia de tu relación con tu padre, el pintor Juan Giralt, suponía adoptar otra forma de escribir.

Cualquier libro, aunque sea de ficción, te exige encontrar una voz, ya que incluso aunque hables con la tuya propia (o con la que crees que es tu propia voz), lo que plasmas en un libro no lo es: nunca tenemos una misma voz, ya que ésta varía permanentemente, y un libro, aunque sea autobiográfico, te obliga a fijar «una» voz o inventarla. Partiendo de esa premisa, a la hora de escribir Tiempo de vida yo tenía que inventar una voz que fuese lo más parecida posible a la que pienso que es mi voz más permanente y renunciar a cualquier elaboración literaria, a cierto embellecimiento y al estilo artificioso que había prevalecido en mis anteriores novelas, ya que ésta era una historia verdadera y autobiográfica.

Comentabas en una entrevista realizada poco después de la publicación del libro que para su escritura recurriste a la frase corta, la atomización del pensamiento, el recurso a la enumeración, la reflexión..., todos recursos nuevos en tu obra, pero puestos a disposición de ciertos temas e ideas que ya habían aparecido en tu trabajo, como las muchas formas en que una familia puede ser desgraciada.

Sí, es cierto: la familia es mi ámbito de exploración literaria más habitual. Para la construcción de la voz que narra Tiempo de vida tuve en cuenta, incluso, las últimas páginas de Los seres felices, la novela de 2005, donde esa voz ya aparecía. No obstante, una escritora amiga me ha dicho (creo que con razón) que, si bien el estilo de Tiempo de vida es muy diferente a los de libros anteriores, probablemente nunca hubiera podido llegar a él sin haber pasado antes por ellos; es decir, que bajo ese estilo tan simple de Tiempo de vida subyace (digamos, invisible) una sintaxis mucho más elaborada.

Desde luego que lo hace. Sin embargo, si el método era nuevo, también lo era para ti el construir un relato que pretendía no ser completamente ficcional, lo que alguna vez llamaste «una ficción sin invención». ¿Podrías explicarnos esta idea?

Bueno, la razón por la que escribí este libro no es que mi padre había muerto, sino porque tenía la convicción de que, habiendo muerto mi padre, había una historia bonita que contar allí, y me refiero a bonita en el sentido de novelesca. Así que desde el primer momento me enfrenté a ese material autobiográfico no desde la perspectiva de un memorialista que quiere, digamos, hacer un retrato equilibrado de algunos años y de todos sus elementos, sino como un escritor de ficción. Viendo que era una historia que encerraba un desarrollo novelesco en sí misma, quise, sin traicionar ni manipular los hechos, darle ese desarrollo.

Me pregunto cuáles fueron tus modelos, ya positivos, ya negativos, a la hora de escribir el libro. ¿Recurriste a mucha literatura autobiográfica a manera de inspiración?

Se puede decir que, tras todos los tropiezos iniciales que aparecen en el libro, lo que me dio el empujón final para escribir Tiempo de vida fue decidir contar la historia del propio libro, así que creo que Tiempo de vida se explica a sí mismo. Más allá de eso, es cierto que allí hablo también de los libros que fui leyendo, no para inspirarme, sino para tener ocupada la mente con el mismo asunto sobre el que estaba escribiendo. Todos los que menciono en Tiempo de vida son libros que leí o releí en ese período, pero que aparezcan allí no quiere decir que sean todos de mi gusto; de entre los libros que menciono, hay dos que fueron determinantes, que me abrieron puertas: El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, y Pedigrí, de Patrick Modiano. Joan Didion, a la hora de incorporar el asunto de la narración del libro al propio libro, y Patrick Modiano, en el tratamiento del tiempo. De hecho, en Tiempo de vida hay dos partes bien diferenciadas, ambas de cien páginas, cuya única diferencia es que la primera narra cuarenta años y la segunda, tres, y eso viene de Pedigrí.

A diferencia de libros completamente ficcionales, las autobiografías y autoficciones fuerzan a su autor a tener en cuenta la opinión de quienes aparecerán en ellas, lo cual es inevitable. ¿Fue este un condicionante a la hora de escribir el libro?

Bueno, cuando lo escribí mi padre estaba muerto y poca preocupación podía tener yo por lo que pudiera parecerle el libro, pero es verdad que había algunos personajes secundarios que en algún momento me preocuparon. Así que tomé la decisión de contar en este libro todo lo que fuese necesario para el entendimiento de la historia principal, que es la relación entre mi padre y yo, y no su relación o mi relación con otros: allí donde la concurrencia de una tercera persona era imprescindible para contarla, la incluía, y trataba de manejar todo ello con la máxima asepsia y de la manera más indolora posible, pero también sin hurtar ningún elemento necesario para el entendimiento de toda la peripecia común. Por esa razón, no hubo damnificados de este libro, aunque sí afectados.

A pesar de que a Tiempo de vida le fue muy bien, y habiendo escrito una autoficción yo mismo, me preguntaba si la exposición no es excesiva. ¿Cómo viviste con ella?

A esa exposición yo la llevé bien porque partía de la experiencia de mi primera novela, que es una novela de iniciación acerca de ese momento en el que un adolescente abre los ojos y ya no le basta con las verdades heredadas de sus padres y comienza a desear contemplar el mundo con sus propios ojos. Era ficción pura y dura, pero con bastante frecuencia se me acercaban los lectores, en particular señoras maduras [risas], para darme la enhorabuena por haber sido tan valiente como para contar mi vida de ese modo. Al principio yo me preocupaba mucho, pero al final, por cansancio, dejé de defender el hecho de que se trataba de una novela. Lo cual se vincula con el hecho de que, en mi opinión, el escritor siempre está expuesto, en la medida en que, una vez escrito el libro (y aunque parezca un lugar común), éste ya no le pertenece y son los lectores quienes lo juzgan, para bien o para mal, algunos con mucha mala idea y otros con toda la bondad del mundo.

Admitirás, sin embargo, que hay una diferencia de grado entre la inclusión de una escena escabrosa en un libro de ficción y que los lectores sepan que esa escena ha sucedido realmente.

Sí, pero los pecados que cuento en el libro son menores. Así como desnudo a mi padre, me desnudo yo y cuento cosas de las que me arrepiento y que no me engrandecen como persona. Pero todos tenemos nuestros pecados y los míos son bastante comunes, y creo que eso explica también el éxito del libro: que no hay ocultamiento y que, siendo una historia tan personal como es, logra una identificación del lector precisamente porque éste se reconoce en esos pecadillos y en esa sucesión de traumas pequeños que se hacen grandes con el tiempo, de errores. En ese sentido, nunca he sentido vergüenza por haberme exhibido de esa manera.

Por Patricio Pron (RevistadeLibros)

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Etiquetas: El año del pensamiento mágico, Juan Giralt, Marcos Giralt Torrente, Rosa Montero, Santos Sanz Villanueva, Tiempo de vida

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