14/01/2013
Tras alcanzar el éxito como monologuista y empresario, el humorista Quique Macías publica su primer poemario, "La nostalgia del guepardo", el reverso serio de una particular forma de pensar
El 12 de mayo de 2010 a España se le fue para siempre uno de los grandes. Antonio Ozores dejó huérfano al humor patrio pero aquel mismo día nació un potente legado del que, como en el caso de Miguel Gila, siguen bebiendo las generaciones posteriores de humoristas.
Al vallisoletano Quique Macías aquella muerte le pilló trabajando, delante de un ordenador que siempre tiene abiertas dos ventanas de texto. En ambas escupe la misma idea pero la moldea de diferentes maneras. Reserva la mitad de la pantalla para la comedia y en el otro 50 por ciento restante Quique se transforma en Enrique para transmutar en verso todo aquello que le ronda la cabeza. De aquella sensación de orfandad nació "Un poema para Antonio Ozores en el día de su muerte" en el que 17 trabajados versos retratan la sensación de indignación y desamparo que le dejó el óbito.
"Cómo mueren los cómicos//dando bocanadas en las ambulancias//como arenques en la lonja.//No hay para ellos ni portadas, ni tiros//de caballos, ni desfiles en las plazas,//ni lirios, ni salvas, ni medallas//y sin embargo son héroes […] Tú que has muerto como un perro;//cuando pasen los años// y en tu tumba destiñan los colores//de las flores de plástico,// recuerda lo que fuiste.// Antonio era tu nombre".
Poemas como éste conforman "La nostalgia del guepardo", el debut literario que, precisa Quique, supone la parte seria de todo este tinglado
que tiene montado. Y ese tinglado tuvo su origen en Salamanca a donde llegó a principios de siglo para cursar Psicología. En lugar de centrarse en el estudio de la conducta comenzó, sin embargo, a leer y escribir casi compulsivamente porque lo que se dice estudiar
, no estudió mucho, dice. Al mismo tiempo era un habitual de los certámenes de monólogos en los que inició su carrera y, junto a su amigo y hoy socio, Miguel Lago, devoraba libros sobre teoría de la comedia que le han permitido generar un método propio de enseñanza que en apenas seis meses verá la luz en forma de manual teórico y del que nació la Escuela Oficial de Comedia, una de las pioneras del género, de la que es codirector.
La poesía llegó a la vida de Quique mucho antes de la comedia y se convirtió, poco a poco, en el motor que le fue abriendo la puerta a nuevas proyectos hasta convertirlos en una forma de vida. Poesía y comedia, explica, comparte una misma línea de trabajo. En ambos registros se trabaja en líneas de ahí que la lírica, reconoce Quique, le ha ayudado "mucho" a ser el cómico en el que se ha convertido. No es un trabajo narrativo al uso
, precisa. El ejercicio técnico que se exige para escribir humor ya lo dominaba por haber ido trabajando verso a verso por lo que me resultó bastante fácil
, matiza. Y ese talento natural para la frase corta y el efectismo aplicable a poesía y comedia empezó a dar sus frutos.
Tras obtener como premio en un certamen de humor un curso formativo, en 72 horas logró crear una historia que le dio el triunfo en otro prestigioso concurso. Su innata capacidad para hilvanar historias y métrica le ayudó a desbrozar el camino hacia el éxito en el que lleva instalado más de un lustro pese a que hace poco que superó la frontera de los 30. Es el suyo un triunfo callado, tranquilo y en ocasiones solitario, como el guepardo que protagoniza el poemario que llevaba más de ocho años esperando su momento en un cajón, paciente, al igual que el felino que le da nombre.
Por J. G. Trevín (Leonoticias.com)
Etiquetas: Antonio Ozores, Enrique Macías Saint-Gerons, La nostalgia del guepardo, Miguel Gila, Poesía, Quique Macías

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